¿Qué hacer cuando un asesinato aparentemente aleatorio puede leerse como una advertencia para uno mismo y para mucha gente de tu familia, de tus amigos y de tu propio círculo político?
A primera hora de la mañana del jueves 5 de octubre, cuatro cirujanos ortopédicos de São Paulo que asistían a una conferencia en el lujoso barrio de Barra da Tijuca, en Río de Janeiro, estaban sentados en la terraza de un restaurante cercano, situado frente a la playa y llamado Nana 2, cuando tres pistoleros vestidos de negro saltaron de un todoterreno blanco y abrieron fuego, disparando treinta y tres tiros en treinta segundos.
Tres de los cuatro médicos, Diego Ralf Bomfin, Marcos de Andrade Corsato y Perseo Ribeiro Almeida, murieron en el ataque, y el cuarto, Daniel Sonnewend, resultó herido. No hubo robo. Fue tan impactante, que la pregunta ¿por qué? eclipsa la de cómo esta horrible tragedia debe estar afectando a todas las familias, amigos, colegas y pacientes de las víctimas, y cómo apoyarles. En este tipo de asesinatos, las víctimas y todos los que les rodean son sólo piezas de un juego, vidas desechables en una causa oscura. Y la causa, al igual que los asesinos, debe ser identificada si se quiere encontrar a los autores intelectuales. Cuando hay mucho en juego, los sicarios también son desechables, por el bien de la causa oscura cuyos líderes siguen matando, pues son asesinos en serie.
Fue un trabajo profesional y, dada la trayectoria de violencia de Río, o lo que se ha llamado su economía política de la muerte, inmediatamente surgieron preguntas sobre los motivos. Aquí es donde la concejala Marielle Franco y su chófer Anderson Gomes fueron asesinados a tiros en su coche en marzo de 2018. Las balas utilizadas en el asesinato procedían de un lote de armas vendido a la policía militar de Brasilia en 2006, que también se ha relacionado con la masacre de diecisiete personas en las zonas obreras Barueri y Osasco, en el área metropolitana de São Paulo. El asesinato de Franco y Gomes aún no se ha resuelto. O tal vez ya se haya resuelto, pero se aplica la ley de la omertà (ley del silencio), ya que, al parecer, las investigaciones han relacionado demasiado a la familia Bolsonaro.
Las milicias de Río, que se remontan a la década de 1980, pueden haber surgido de supuestos intentos de ex policías y militares de combatir la pequeña delincuencia y el narcotráfico a gran escala en los barrios, pero pronto descubrieron que era un buen negocio porque podían cobrar por la protección, el transporte, el gas y la electricidad, el Internet y el alojamiento, así como realizar las actividades delictivas ellos mismos. Ahora controlan alrededor del diez por ciento del área metropolitana de Río, lo que significa que deben tener quien les proteja, lo que implica que la cadena de mando llega muy alto.
¿Comando Vermelho?
No es tan fácil matar a un personaje público que cuenta con algún tipo de protección estatal, que siempre es precavido. Pero para milicianos entrenados, matar al hermano de esa persona y a sus amigos cuando están descansando juntos cerca del mar, es relativamente fácil, y el círculo del miedo se extiende mucho más. Puedes ser un cirujano ortopédico en una conferencia, pero tu condición profesional o apolítica no te salvará de ser acribillado a balazos cuando quizás los verdugos quieran enviar un mensaje a tu hermana, a tu cuñado y a lo que representan en términos de ser un estorbo para otros proyectos de tráfico de drogas, tráfico de armas, intermediación en el poder y terror cotidiano. También podría ser una puesta en escena para demostrar que, tras la derrota electoral de la extrema derecha el año pasado, la fuerza bruta sigue viva, esta vez utilizando a políticos de izquierdas, activistas de derechos humanos y a sus familias como peones en el juego de la espiral del miedo.
Las estructuras del odio pueden haber desaparecido nominalmente, pero no han sido desmanteladas tras la victoria electoral de Lula el año pasado.
Diego Ralf Bomfim, era hermano de la diputada federal Sâmia Bomfim, que denunció haber recibido amenazas de muerte el año pasado, y cuñado de su marido, el diputado Glauber Braga, ambos del partido PSOL (Partido Socialismo y Libertad) al que pertenecía Marielle Franco. Probablemente no sea casualidad que la hermana de Marielle, Anielle Franco, actual ministra de Igualdad Racial, también haya recibido recientemente amenazas de muerte y mensajes de odio del tipo: "Piraña... espero que tengas el mismo final que su hermana... vaca sucia... mugre negra". Es muy posible que todos estos escenarios estén interconectados por altos cargos, que permanecen todavía más o menos imperturbables en estructuras creadas para ellos por el anterior gobierno de Bolsonaro y su institución oficial, el Gabinete del Odio. Estas estructuras pueden haber desaparecido nominalmente, pero no han sido desmanteladas tras la victoria electoral de Lula el año pasado.
Esta podría ser una lectura del crimen. Pero hay otra, que también es política e igualmente aterradora porque, en cierto modo, las dos lecturas están interconectadas, ya que es muy difícil desentrañar los intereses de las bandas de milicianos de los de los ricos y poderosos. El periódico Folha de Sāo Paolo dio una rápida explicación de los asesinatos de Barra da Tijuca, especulando que el médico Perseo Almeida, debido a un gran parecido físico, podría haber sido confundido con un miembro de una banda rival, que ha sido vinculado (en las investigaciones al menos) con un sospechoso del asesinato de Marielle Franco, el ex policía militar Adriano da Nóbrega (cuya madre y esposa eran empleadas en la oficina del hijo de Jair Bolsonaro, Flavio, en el legislativo del estado de Río de Janeiro).
La tesis de que un informante del Comando Vermelho (CV) se "confundió" y denunció la presencia de "pandilleros" en el restaurante cobró fuerza en los medios cuando, apenas dos días después, los asesinos de los médicos fueron encontrados muertos. Según la policía, el CV, que juzgó y castigó su error con la pena de muerte, les notificó a ellos y a la prensa este juicio sumarísimo.

El Comando Vermelho, que ahora cuenta con unos 30.000 miembros, y cuyas operaciones se extienden hasta la Amazonía y fuera del país, por ejemplo con la ex-guerrilla colombiana de las FARC en el tráfico de cocaína, comenzó a finales de la década de 1970 como una alianza carcelaria entre delincuentes comunes y guerrilleros izquierdistas. Su nombre, Comando Vermelho, se lo dieron los guardias de la prisión, pero cuando la banda amplió su control de las favelas y terminó la dictadura militar, no quedó ni sombra de las izquierdas, salvo el color rojo. Su poder es tal que, como escribe Benjamin Lessing, el CV lleva mucho tiempo "enfrentándose sistemáticamente al Estado por la vía armada". Un informe reciente del Proyecto de Datos sobre Localizaciones y Sucesos de Conflictos Armados (ACLED) señala que, como resultado, "los enfrentamientos en los que participan las fuerzas del Estado representan una parte desproporcionadamente grande de las víctimas mortales registradas".
Un análisis en tercera persona
En este artículo, Jean Wyllys escribe sobre sí mismo en tercera persona. Lo hace así porque el tema le concierne personalmente, como alguien muy cercano a los acontecimientos, pero también analiza las cuestiones como observador político y periodista, en este caso escribiendo desde una parte del interior de un terrible suceso. Hace casi cinco años, Wyllys, tres veces elegido y primer diputado abiertamente gay de Brasil, antiguo miembro del PSOL y amigo de Marielle Franco, tuvo que renunciar a su escaño y exiliarse tras recibir numerosas amenazas de muerte y tener que vivir con escolta policial permanente a raíz de ese asesinato. Como en el caso de Marielle, además del racismo, la homofobia ocupó un lugar destacado en los ataques.
"Cuídate, muchacho. Los mártires no son héroes".Pepe Mújica
A Wyllys le aconsejó Pepe Mújica, ex presidente de Uruguay (que fue torturado y encarcelado y aislado en el fondo de un pozo durante catorce años por la dictadura militar de los años setenta y ochenta): "Cuídate, muchacho. Los mártires no son héroes". Pero, para Wyllys, había algo más: "Tengo miedo porque el hijo del presidente (Bolsonaro) ha empleado en su oficina a la madre y esposa de un sicario. El presidente siempre me ha difamado abiertamente, me ha insultado y ha utilizado la homofobia contra mí. No estoy seguro en este entorno". No es difícil imaginar hasta qué punto un hombre que está tan inseguro de su virilidad que adora los espectáculos de masculinidad de Putin, duerme con sus pistolas y se declara el inbroxavel (el nunca falla sexualmente) "macho de todos los machos", debe odiar a un gay que tiene el valor de afirmar sus convicciones.
Tras su anhelado regreso del exilio, Wyllys ha comprobado que el entorno no ha cambiado mucho. Él y otra exiliada, la filósofa, artista y escritora Marcia Tiburi, otra ex miembro del PSOL y candidata a gobernadora de Río de Janeiro que también recibió amenazas de muerte, lanzan ahora su libro Lo que no se puede decir: Experiencias del exilio que, en forma de correspondencia epistolar, es un intento de comprender una política que conlleva un riesgo para la vida y los miedos y la rabia asociados a ella, especialmente para aquellos que expresan su desacuerdo con los intereses políticos, económicos, sociales, morales y religiosos de los antidemócratas fundamentalistas, e intentan combatirlos. El lanzamiento del libro estaba programado en Río de Janeiro y coincidió con el momento en que se produjo el asesinato de los médicos.
Sabiendo cómo se elimina a los defensores de los derechos en todas partes, y, por supuesto, situado justo en el centro del odio urdido que hierve en Brasil, Jean Wyllys es muy consciente de los riesgos que corre, y establece la conexión que conduce al entorno de las personas que mataron a los médicos, y que también le conectan a él, a Marcia, Marielle, Anderson, Anielle, Sâmia, Glauber, el PSOL, los derechos humanos, los derechos de los homosexuales, los derechos sobre la tierra, y mucho más.
Cualesquiera que sean los motivos que llevaron matar a los médicos, el clima general de violencia e impunidad, la relación simbiótica entre las fuerzas armadas del Estado y las milicias, y los poderosos intereses que, entre bastidores, mueven los hilos de la violencia, Wyllys sabe que tiene enemigos implacables y que Río de Janeiro, con su anarquía, es una de las ciudades menos seguras de Brasil. Haciéndose eco de Pepe Mújica, sus amigos le rogaron que cancelara los lanzamientos.
Su respuesta, ante amenazas muy cercanas y el miedo natural, es una reflexión sobre cómo, a raíz de este caso concreto, responder al entorno de miedo y odio en todas partes. Una buena ética puede ser muy fortalecedora.
“Al principio pensamos en cancelar el lanzamiento, pero comprendimos que si lo hacíamos atraeríamos toda la historia hacia nosotros. La prensa dirá que lo cancelamos por los asesinatos, y entonces nos veremos arrastrados a implicarnos esta terrible y negativa historia en contra de nuestra voluntad. Y nosotros tenemos nuestra propia historia difícil. Así que pensamos que era mejor que siguiéramos adelante con los actos, con toda la seguridad que nos proporcionaron [los servicios de protección del Estado]. No debemos propagar el miedo y tenemos que demostrar que lo dejamos atrás. Vamos a abandonar esta posición de víctima. No vamos a abrazar el victimismo, que es exactamente lo que la derecha quiere que hagamos. De lo contrario, dirán que estamos utilizando esta tragedia en nuestro propio beneficio. Es una situación realmente compleja y difícil de abordar, pero seguimos pensando que debemos seguir adelante, con un perfil más bajo quizá, y sin vincular estos terribles asesinatos como algo personal hacia nosotros. Creemos que tenemos que hacer nuestro trabajo, incluso con esta compleja mezcla de muchas cosas, y lidiando con el miedo, al que no debemos ceder. Ambos somos personajes conocidos y, si sucumbimos a ese miedo, estamos transmitiendo al público el mensaje de que tenemos miedo, y que de alguna manera nos escudamos en privilegios y autorizamos pasivamente el uso del miedo contra las personas. Si, por el contrario, hacemos frente a nuestro miedo y continuamos con estos actos que tratan de un libro que habla de la experiencia del exilio y que, en principio, no está relacionado con esta tragedia, pensamos que es hacer lo correcto”.
Preguntas
Lo "correcto" es una de las grandes cuestiones que el gobierno de Lula debe ahora abordar o ignorar (y, en ese último caso, alimentaría el peligroso status quo que se ampara en la impunidad).
¿Cómo puede una persona sentirse segura en una ciudad si puede ser confundida con un miembro de una organización criminal y ejecutada mientras se relaja en un bar junto al mar?
¿Cómo puede una persona sentirse segura en una ciudad si puede ser confundida con un miembro de una organización criminal y ejecutada, con amigos, mientras se relaja en un bar junto al mar? ¿Cómo puede confundirse como una más de las víctimas más que desaparecen en los anales de las despiadadas guerras territoriales que, en su mayoría, escapan a una investigación oficial seria? ¿Cómo es posible hablar de Estado de Derecho en Brasil (y especialmente en Río de Janeiro), cuando las organizaciones criminales actúan como un Estado paralelo? ¿Cómo es posible que estos grupos actúen con mayor celeridad que el Estado, imponiendo la pena de muerte entre sus sentencias, en un país donde la pena de muerte está oficialmente abolida desde el siglo XIX?
¿Y qué decir del papel de las organizaciones toleradas, por no decir consentidas, que difunden constantemente noticias falsas y mentiras, cuando los reportajes y las fotos manipuladas pueden confundir a los informadores de las organizaciones criminales a la hora de identificar objetivos, así como atacar simple y directamente a personas por razones étnicas, sexuales, religiosas o ideológicas a las que han involucrado en uno u otro falso escándalo?
Tanto Wyllys como Tiburi saben que la dolorosa experiencia de su exilio, lo que significó para ellos y de dónde procede, están conectados de algún modo con los asesinatos de los médicos, pero tienen claro que las conexiones deben establecerse en sus propios términos y no en los de los propagadores del terror. Son muy conscientes de que no se enfrentan a un odio individual, sino a algo que está ideológicamente moldeado para convertirse en un fenómeno colectivo cultivado y normalizado y, como escribe Caroline Emcke en Contra el odio, "todos aquellos que lo interpretan como un fenómeno espontáneo o individual están ayudando, sin saberlo, a mantenerlo vivo".
Wyllys y Tiburi se han negado a adoptar el odio y el miedo para sí mismos. "Quienes responden al odio con odio ya han permitido que éste los deforme, ya se han acercado a lo que los odiadores quieren que sean. Porque al odio sólo se le puede rebatir con lo que les falta a los que odian: observaciones atentas, distinciones precisas y sin escatimar sospechas". Y así es como ambos han intentado siempre rebatir el odio.
Si el actual gobierno de Lula no tiene en cuenta esta forma de actuar contra el odio, éste seguirá prosperando en Brasil. Y habrá muchos más asesinatos, porque así es como el odio intenta imponerse.
