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Argentina, al borde de un ataque de nervios

La probabilidad de que el excéntrico candidato anarco-capitalista Javier Milei gane las elecciones, incluso en la primera vuelta este domingo, puede romper el tablero político con consecuencias imprevisibles

Argentina, al borde de un ataque de nervios
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Al llegar al Aeroparque Internacional Jorge Newbery, el aeropuerto más cercano al centro de Buenos Aires, solo media docena de taxis en actitud indolente esperan al pasajero despistado. Negociar el precio de la carrera al hotel se vuelve un regateo digno de Marrakech y que a mí me recuerda aventuras cambiarias en el mercado negro en el Este de Europa, antes de la caída del Muro de Berlín.

Estamos en marzo de 2023 y todo se justifica a la caza del dólar. Un conductor intenta cobrar el dólar al cambio oficial, que se sitúa en 200 pesos, el otro, haciéndome entrar en el carro, me dice que el cambio negro (dólar blue, lo llaman) está a 300 pesos cuando en realidad estaba a 400 en ese momento, y hay otro que desde la ventanilla afirma que no se aceptan billetes de menos de 100 dólares en toda la ciudad, mientras más allá otro habla de la exhorbitante cifra de 700 pesos por dólar, pero dice que no tiene cambio. Al final, al darse cuenta de que no soy presa fácil, el que parece ser el jefe le ordena a uno de sus subordinados que me lleve a mi hotel en Palermo por 20 dólares.

Esta guerra por el dólar se reproduce por doquier, y se ha convertido en una de las batallas centrales de las elecciones del próximo domingo. Javier Milei es el candidato favorito a pasar a la segunda vuelta de la presidenciales este domingo (aunque algunos advierten que el terremoto que ha provocado puede levantar un tsunami y llevarlo a la victoria en primera vuelta) ha hecho de la dolarización de la economía argentina uno de los caballos de batalla de su disruptiva campaña electoral.

Milei (53 años), que se define como un economista anarco-capitalista libertario, ha irrumpido en el denso debate político argentino, dominado por las herencias de décadas de un peronismo caracterizado por el estatalismo y la ineficiencia, por un sector público sobredimensionado, una sociedad civil subvencionada y muy movilizada por poderosos sindicatos, que controlan importantes sectores productivos de la nación austral.

Las repetidas crisis de deuda soberana y la imposibilidad de hacer frente a los pagos de los préstamos del FMI llevó a declarar traumáticos defaults en 2001, 2014 y 2020

Argentina arrastra problemas macroeconómicos desde hace décadas, ocasionalmente paliados por un alza en los precios de las commodities que exporta a medio mundo, pero siempre al borde de la bancarrota. Las repetidas crisis de deuda soberana y la imposibilidad de hacer frente a los pagos de los préstamos del FMI le llevó a declarar traumáticos defaults en 2001, 2014 y 2020, forzando reestructuraciones de la deuda y renegociaciones con el Fondo para el pago de los préstamos multimillonarios, a los que tampoco ahora puede hacer frente. Con déficits estructurales profundos y con una inflación disparada, que se mantuvo por debajo de los 100 puntos el año pasado pero que saltó al 138% actual, (JP Morgan predice que alcanzará 210% a final de año), la actual clase dirigente hace tiempo que evidenció su incapacidad absoluta para gobernar la economía eficazmente.

Ante este panorama, la aparición de un candidato excéntrico, ex futbolista, ex cantante de rock duro y tertuliano de televisión, que se presenta como un experto economista liberal que suelta discursos pretendidamente didácticos que adereza con algún tecnicismo para enfatizar su perfil de supuesto especialista, ha caído como un misil en la línea de flotación de la clase política argentina. Con una narrativa inspirada en la de otros líderes populistas de la ultraderecha como Donald Trump, Jair Bolsonaro y recientemente José Antonio Kast en Chile, Milei asegura que el problema es “la casta” que se ha apoderado de la gobernación del país desde hace décadas y que solo un outsider puede desalojar. Aquí hay ecos también del Movimiento 5 Estrellas italiano, o del Podemos del español Pablo Iglesias.

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Milei presentan soluciones simples y directas, comprensibles para el electorado: desalojando al establishment y poniendo a gobernar a gente razonable que sabe hacer negocios, salvarán a este rico país de la ruina y el comunismo. La fórmula de un cambio ultra-radical, y de un líder nuevo, carismático, que dice que es honesto y que no tiene nada que perder, suscita cada vez más adhesiones, entusiasmo y la idea de que su llegada al poder, aunque sea incierta y arriesgada, es por sí sola mejor que la continuidad de la calamidad actual.

Javier Milei se enfrenta en las urnas al candidato del peronismo oficialista Sergio Massa, un abogado aseado y bien articulado, que fue llamado por el actual presidente Alberto Fernández para poner orden in extremis a la difícil situación económica del país pero al que le ha sido imposible presentar ningún cambio de tendencia más que la aceleración de la inflación acumulada y el aumento del índice de pobreza, que alcanza el 40,1% en el primer semestre de este año. La tercera en discordia es Patricia Bullrich, una diputada macrista del establishment conservador que promete mano dura y soluciones de urgencia poco creíbles, y que en ocasiones tiene dificultades para articular propuestas comprensibles. Contra pronóstico, Bullrich le ganó las primarias internas a Rodríguez Larreta, actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, un candidato mucho más sólido y creíble, al que ahora ha llamado a formar ticket para la presidencia, en un movimiento que se antoja demasiado tardío.

Los tres candidatos quedaron prácticamente empatados al 30% en las PASO del pasado agosto, las elecciones primarias que se celebran en Argentina para escoger a los candidatos presidenciales. Pero ese triple empate virtual encierra un espejismo, porque Javier Milei ganó en la mayoría de las provincias, su tendencia en las encuestas ha sido claramente alcista, y la posibilidad de que exista una bolsa significativa de voto oculto es plausible.

En cualquier caso, la campaña de Milei ha sido diseñada para obtener su máxima eficacia en las redes sociales, siguiendo una estrategia bien asesorada por especialistas que trabajaron en la órbita de Steve Banon para las campañas de Trump, Bolsonaro y Kast. Pero el extremismo de Milei pone en guardia al establishment, y los mercados están nerviosos ante sus propuestas inviables de dolarizar el país de un día para otro (simplemente, no existen las reservas para una operación de este calibre), liquidar el banco central, suprimir la mayoría de los ministerios, semi-privatizar la educación y la sanidad, o acabar con el CONICET, una institución de ciencias sociales que cuenta con más de 35.000 funcionarios, entre otras ocurrencias.

En sus breves apariciones de campaña a bordo de una camioneta, perfectamente coreografiadas para las redes sociales, Milei exhibe una motosierra como emblema de la política demoledora que va a aplicar, utiliza palabras gruesas, grita, abraza el sionismo, confiesa que está a un paso de convertirse al judaísmo, descalifica al papa Francisco como peligroso comunista, insulta a Lula, dice que no quiere saber nada de los chinos, que el peso argentino “es una mierda”, y que solo confía en su hermana y en su perro.

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Tales excentricidades lo descalificarían en cualquier escenario racional, pero Argentina se ha convertido en un lugar surreal donde muchos parecen dispuestos a apostarle a la locura de Milei. Claro que la alarma y el miedo que genera entre todos aquellos que ven amenazado seriamente su status quo puede frenar la subida meteórica y movilizar un voto del miedo a Milei, que venga a sumarse al amplio voto que se mantiene fiel al peronismo, ya sea peronismo de derechas o de izquierdas, a pesar de que sea identificado como el culpable de todos los males que aquejan a la nación.

Que la agenda de Milei sea del todo inverosímil, y que tenga corta experiencia política y falta de un equipo robusto a su alrededor, no impide que una parte significativa del electorado esté dispuesta a jugársela al todo o nada. En la era de las redes sociales, las verdades alternativas tienen tanta credibilidad como las verdades racionales, y la emocionalidad es lo que cuenta. Milei lo sabe bien y, al grito de “Viva la libertad, carajo!”, a base de escenografía y demagogia, y de poner su cara a un billete de 100 dólares con el lema “In Milei we trust”, puede llevarse el gato al agua. El fracaso de su revolución anarco-capitalista está asegurado, pero el objetivo de tomar el poder, incluso este mismo domingo, sin llegar a la segunda vuelta, está al alcance de su mano.

Al ordenar un taxi de regreso al aeropuerto, el recepcionista del hotel me dice que, si lo pago con tarjeta de crédito, el gobierno no me aplicará el cambio oficial sino el del dólar blue. Le sale a un tercio del precio, me confiesa, en confidencia. ¿Cómo puede funcionar un país de esta manera? le pregunto al taxista. No funciona, me dice, ganará Milei. Ahora, con el dólar blue cotizando ya a 980 pesos, esto es hoy más que posible, aunque en Argentina nunca se sabe lo que va a pasar hasta que pasa.

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