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Lo que el mundo debe aprender de Argentina sobre derechos trans

Decenas de miles de personas trans de Argentina han ejercido su derecho a la identidad de género en la última década

Lo que el mundo debe aprender de Argentina sobre derechos trans
Marcha del Orgullo en Buenos Aires, Argentina, el 2 de noviembre de 2019
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El derecho de las personas trans a su autodeterminación de género ha sido objeto de reacciones y ataques en España y Reino Unido, mientras una batería de leyes apuntan a ‘borrar’ a las personas LGBTQ en Uganda y en EEUU. Pero no es así en todas partes: desde hace 11 años una legislación argentina reconoce a las personas trans plenos derechos a la identidad.

La ley de identidad de género, sancionada en 2012, fue la primera del mundo en eliminar requisitos como diagnóstico médico, operaciones de cambio de sexo o prueba judicial.

Desde entonces y hasta abril de este año, 16.090 personas – entre ellas 1.529 menores de 17 años – tramitaron un nuevo documento nacional de identidad (DNI) con el nombre acorde a su autopercepción de género, según cifras oficiales.

La ley contempla además atención de salud gratuita para trans menores y mayores de edad en hospitales públicos. El Ministerio de Salud dicta cursos y capacitaciones y publicó una guía con pautas claras para evitar la violencia institucional de niñes y adolescentes trans y un documento con el consenso médico actual sobre tratamientos con bloqueadores del desarrollo puberal y hormonización.

En todo el país funcionan 318 equipos médicos que prestan estos servicios en hospitales y centros de salud pública.

Estos son derechos nuevos, raros en la región y el resto del mundo, y duramente peleados por mucho tiempo.

Cuando Escocia y España aprobaron hace unos meses leyes de autodeterminación de género, estallaron las reacciones de una minoría ruidosa sobre un presunto uso fraudulento por parte de agresores varones. Londres vetó la ley escocesa, amenazando con iniciar una disputa constitucional.

En 11 años de vigencia de la ley argentina no se registran casos semejantes. “Hacerse la idea de que alguien va mentir para sacar ventaja es desconocer las vidas de las personas trans, todavía atravesadas por la discriminación y la vulneración de derechos”, dijo a openDemocracy la abogada Raquel Asensio, coordinadora de Temáticas de Género del Ministerio Público de la Defensa (defensoría pública).

En Argentina la expectativa de vida de las personas trans ronda los 37 años (menos de la mitad que el resto de la población), 66% de las mujeres trans no terminaron la educación secundaria y 80 por ciento tienen empleos informales o precarios – casi el doble que al resto de la población –, según un informe publicado en 2020 con base en cifras oficiales. En la Ciudad de Buenos Aires, 70% de las mujeres trans viven del trabajo sexual (eran 89% en 2005).

La violencia también sigue marcando sus vidas. Entre 2016 y 2021, la Corte Suprema registró 32 transfemicidios y travesticidios que pasaron por la justicia. Y hubo 7 más en 2022.

Nena pionera

Pero cuando la ley de identidad de género fue aprobada en 2012, las instituciones todavía se negaban a reconocer que niños y niñas trans tenían capacidad para expresar su identidad.

La primera en alzar la voz fue Gabriela Mansilla. En 2013, su hija Luana, con 6 años, se convirtió en la primera niña trans en el mundo en obtener el DNI con su género autopercibido – mediante un trámite administrativo y sin intervención de la justicia.

Mansilla plasmó la lucha por los derechos de su hija en el libro ‘Yo nena, yo princesa’. Y fundó la Asociación Civil Infancias Libres. En 2021 se estrenó una película basada en el libro.

En 2022 Luana cumplió 15 años con una gran fiesta en una discoteca histórica de la comunidad LGBT, organizada a partir de aportes y donaciones de numerosas personas. Mansilla consideró ese festejo como "un acto revolucionario" porque "generalmente [a las personas trans] se las excluye, se las maltrata, se las discrimina, se las echa a la calle. Y acá hay una adolescente trans que desde niña está siendo abrazada".

Su historia se refleja en otras que escuchamos para este artículo.

La hija de Romina Pezzelato les dijo a sus padres por primera vez que era una nena a los dos años. Cuando cumplió 6, la familia registró el cambio de su nombre en el documento de identidad con una ceremonia “hermosa”.

“Decidimos que invitara a quienes quisiera: sus maestras, la directora de la escuela y unos 10 amigues; también sus abuelas, abuelos, tíos, primos”, dijo Pezzelato. “Todos entramos al registro civil y la encargada de la oficina la estaba esperando con una bolsita de golosinas”.

Derechos y salud para las infancias trans

En el primer consultorio interdisciplinario para infancias y adolescencias trans – creado hace 8 años en el Hospital de Niños Pedro de Elizalde de la capital – se atienden menores de entre 14 y 16 años. “Pero también tenemos consultantes de 11 y 12”, dijo a openDemocracy el médico pediatra Carlos Sanz que dirige el equipo. “En total, ya hemos atendido a unos 200”.

El equipo incluye a especialistas en pediatría, medicina adolescente, endocrinología, fonoaudiología, ginecología, psicología y trabajo social. “La atención va desde el acompañamiento a las familias hasta intervenciones en escuelas para evitar situaciones de discriminación y que se respete el nombre elegido”, puesto que algunas oficinas de registro civil “siguen poniendo obstáculos al cumplimiento de la ley” y demoran la expedición del DNI, agregó.

El consejo más frecuente que los pediatras daban antes a las familias que consultaban por un hijo o hija trans era no hacer caso. “Esto ya no pasa”, aseguró Sanz.

En cuanto a los tratamientos, el Ministerio de Salud ofrece a servicios especializados como el de Sanz una guía médica sobre “inhibición e inducción puberal” elaborada con base en la evidencia científica disponible, recomendaciones de organismos internacionales y la experiencia de los equipos locales. Ofrece información sobre beneficios y limitaciones de la transición médica, las alternativas disponibles y los resultados y efectos secundarios esperables.

La guía recomienda al personal médico “escuchar lo que cada niño, niña y adolescente dice, generando un clima respetuoso y contenedor… No se trata de imponer, valorar, dirigir o limitar las decisiones de quienes consultan, sino de otorgar información adecuada que posibilite una toma de decisiones de manera autónoma”.

A quienes consultan en el hospital donde trabaja Sanz se les explica que “no hay cuerpos ideales”. No todas las personas trans, travestis y no binarias eligen una transición médica (como terapia de reemplazo hormonal o cirugías de afirmación de género), explicó – y aquellas que sí lo hacen “no siempre buscan obtener los mismos resultados”.

Entre quienes consultan en ese hospital, un 35% reciben bloqueadores u hormonización. También se ponen a disposición anticonceptivos para inhibir la menstruación y fonoaudiología.

Gonzalo*, un joven trans de 18 años, dijo que la atención de salud afirmativa de su género – bloqueadores puberales a los 13 y hormonización a los 16 – y el cambio legal de su nombre “fueron las cosas que más me ayudaron emocionalmente y a sentirme cómodo con mi cuerpo”.

Esta atención fue provista en el Hospital de Niños Sor María Ludovica de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Pero no fue fácil. “Se reunieron cinco jefes de servicio para decirme que no tenían experiencia y no estaban capacitados para atenderlo. Era el primer paciente trans que recibían”, dijo su madre, Susana Roussy, una educadora y activista transfeminista.

Cuando cumplió 17, Gonzalo pasó por una mastectomía que “me cambió la calidad de vida totalmente”. Ahora en la universidad, donde estudia diseño industrial, ha conocido a “un montón de gente trans” y destaca que el centro de estudiantes contribuye con distintas actividades a visibilizar los derechos trans.

Elías*, un varón trans de 21 años que hizo su transición a los 16 y empezó con hormonas a los 19, dijo a openDemocracy: “Es un proceso muy personal y se necesita tiempo para conocerse, para darse cuenta qué cosas te hacen sentir cómodo y cuáles no. No existe una forma de ser varón o ser mujer. Es bueno reflexionar hasta qué punto son cosas que necesitás por los demás o por uno mismo. Yo pude tomarme ese tiempo”.

Elías tuvo apoyo familiar, “todo el amor y la comprensión”. Pero en el secundario tuvo que lidiar con algunos profesores que, violando la ley de identidad de género, continuaban llamándolo por su nombre femenino y con un colegio que nunca le ofreció la privacidad necesaria para usar el baño de varones. Esto lo desalentó inicialmente a seguir estudiando. “Demoré varios años en anotarme en la universidad porque tenía mucho miedo de pasar por la misma experiencia negativa de la secundaria en relación al baño y a los profesores”, dijo.

Luana Pardo, una maquilladora de 28 años nacida en Lima, Perú, inició su transición gradualmente en la adolescencia, vistiéndose como mujer los fines de semana. Se hizo una mamoplastia en 2020, pero abandonó el tratamiento hormonal hace seis meses por los efectos secundarios que experimentó. “La hormonización es una opción más, pero no es la única”, dijo. “En agosto tengo cita con la endocrinóloga y veré como sigo”.

Julieta Ruiz, de 35 años, pudo acceder a asesoramiento y atención de salud específica en un hospital público de la ciudad de La Plata cuando tenía 25 años.

Ruiz, que trabaja como boletera en un teatro y es columnista de espectáculos en un magazine de la TV Pública, recuerda que desde la niñez en cada cumpleaños su deseo era el mismo: “transformarme en una mujer libre y hermosa”. Pero para acceder a una cirugía de adecuación genital tuvo que hacerle juicio a su obra social (servicio de salud para trabajadores formales). Ganó el caso el año pasado y se operó. “Fue el éxito de mi vida en todos los sentidos”, dijo. “Siempre quise saber qué sienten las personas que están cómodas en su cuerpo. Hoy ya lo sé”.

No patologizar

Un informe realizado en 2019 por la organización que dirige Mansilla, y basado en datos de un centenar de familias con hijas o hijos trans, indica que las primeras manifestaciones de disconformidad de género se dieron, en promedio a los 5 años de edad, con 46% de niños y niñas que empezaron a expresarla cuando tenían entre 1 y 4 años, y 31% entre los 5 y 8 años.

Solo 6% de las familias tuvieron como primera reacción la aceptación del sentir de sus hijes, sin vincularlo con un malestar o padecimiento; 35% habían buscado ayuda para entender qué les estaba pasando y la mayoría intentaron encontrarla en un profesional de la salud, sobre todo de psicología, pero la experiencia en 8 de cada 10 casos no fue satisfactoria.

Las sugerencias de no atender la insatisfacción de género proceden en su mayoría de profesionales de la psicología.

“Ordenan que las familias y el entorno externo repriman cualquier expresión vinculada a otra identidad que no sea la que se asignó al nacer”, dijo Romina Pezzelato. “Y, sin embargo, se trata de un proceso que pulsa por salir y encontrar validación. Eso era lo que mi hija necesitaba”.

A los cuatro años la niña planteó que “para ser una nena del todo” tenía que cambiar su nombre. Los padres aceptaron, no sin miedo a la reacción del resto de la familia y de la escuela – a pesar de la legislación que ya tenía algunos años de vigencia en Argentina. “Por suerte la respuesta fue de mucho amor”, dijo Pezzelato. “Y de mucha conmoción también, porque cuando se dan las transiciones a edades tan tempranas es muy conmovedor para el mundo adulto”.

Más avances legales

La ley de identidad de género fue un punto de partida para la lucha del colectivo trans y travesti por otros derechos.

Argentina también aprobó en 2021 una ley de empleo que establece, entre otros puntos, un cupo mínimo del 1% de puestos de trabajo en el estado para personas trans y travestis. Por esta legislación, Luana Pardo ingresó el año pasado como maquilladora a DTV, el canal de televisión de la Cámara de Diputados.

El mismo año el presidente Alberto Fernández aprobó por decreto el DNI que contempla la opción no binaria. Semanas después, el hije del mandatario, Tani Fernández Luchetti, de 26 años, tramitó su DNI no binario.

Sin embargo, todavía la diversidad de género y los cuerpos trans siguen ausentes de la currícula de educación sexual integral, obligatoria en la educación primaria y media por una ley de 2006.

“En la mayoría de las escuelas hay una persona que empatiza cuando se presenta un o una estudiante trans”, dijo Roussy, que trabaja para el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires. ¿Todavía hay resistencias? Sí, pero hay muchos mecanismos para enfrentar esa discriminación”.

*Se omiten algunos apellidos para proteger la identidad de las fuentes.

Mariana Carbajal

Mariana Carbajal

Mariana Carbajal is a feminist Argentinian journalist. ‘Cuerpos juzgados’ (Bodies on trial) is her first documentary film. She writes for the newspaper Página/12 and works at the local television chan

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