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Milei, el candidato argentino de los jóvenes enojados

El libertario Javier Milei busca convertir en votos la penuria económica, el cinismo y la ira contra la dirigencia política

Milei, el candidato argentino de los jóvenes enojados
Seguidores del precandidato presidencial argentino por La Libertad Avanza, Javier Milei, en el acto de cierre de campaña para las primarias del 13 de agosto en el Movistar Arena de Buenos Aires, 7 de agosto de 2023
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Javier Milei (52), un economista libertario que propone la dolarización total de la economía y afirma que el colapso climático es “otra mentira del socialismo”, es la estrella de este año electoral en Argentina. Todos los canales de televisión hablan de él. Su nombre se filtra en conversaciones de taxis y peluquerías, pronunciado tanto por quienes lo ven como la última oportunidad para arreglar la economía como por quienes le tienen pánico a sus propuestas.

Además de la dolarización, Milei propone un sistema de vouchers para la educación, una privatización paulatina del sistema de salud, la desregulación en el mercado de armas y la derogación de la obligatoriedad de la Educación Sexual Integral (ESI), a la que considera instrumento para la destrucción de la familia. Muchas de sus propuestas lo han enredado en polémicas, como cuando dijo estar a favor de un mercado para la venta de órganos.

Apenas cinco años atrás, Milei ni siquiera era un político. Ahora mide tercero en las encuestas para las elecciones generales del 27 de octubre. Una clave para entender su ascenso es la gente joven de este país – y su rabia.

“Hacía falta meterse en política. Creo que mi generación tiene una responsabilidad para revertir lo que pasa en el país. Nosotros desde que existimos nunca vimos bien a Argentina”, dice Mila Zurbriggen, de 24 años, criada en la provincia de Formosa, norte del país, y ahora residente en Buenos Aires.

Zurbriggen saltó al espacio del libertario luego de conformar la agrupación Juventud Pro-Vida, para oponerse en 2018 a la legalización del aborto (ese intento legislativo fracasó, pero en 2020 el Congreso adoptó una ley que legalizó el aborto hasta la semana 14). De allí pasó a encabezar el ala juvenil del partido de Milei, La Libertad Avanza. Se alejó del partido a principios de este año, denunciando manejos irregulares de las autoridades partidarias (intercambio de favores sexuales y dinero a cambio de puestos de dirección), así como persecución y acoso por parte de militantes luego de su alejamiento. “Milei resultó ser un producto más de la casta”, dice a openDemocracy.

Pero entiende y comparte los motivos que llevan a tantos jóvenes a inclinarse por él.

“La indignación que tiene mi generación es muy profunda. Le tiene un profundo asco a los políticos. Creo que Javier ha sabido canalizar muy bien ese rechazo. Él existe por los políticos, que están desconectados de la realidad de mi generación y que no saben el daño que han hecho. Hicieron la vista gorda a nuestras necesidades y nos toman el pelo”, dice.

Milei, que se identifica con líderes de ultraderecha internacional como Jair Bolsonaro, Santiago Abascal y Donald Trump, se presenta como un outsider que va a acabar con la “casta política”. En esto ha tenido éxito: nunca antes se ha debatido tanto sobre los sueldos y privilegios de políticos.

Antes de entrar a la política, Milei era un economista que trabajaba como consultor de grandes empresas financieras, el Foro Económico Mundial y el G20. Unos años atrás empezó a aparecer en programas de TV como comentarista y panelista, en los que cultivaba un estilo agresivo: siempre terminaba a los gritos con algún interlocutor, especialmente si era progresista.

Se postuló por primera vez en 2021, cuando fue elegido diputado por la Ciudad de Buenos Aires con el 17,3% de los votos. En esas elecciones, selló una alianza con sectores conservadores, cristalizada en la figura de su compañera de lista, Victoria Villarruel, una abogada conocida por su defensa a militares condenados por crímenes de lesa humanidad. Ambos entraron entonces al Congreso, y ahora se presentan como fórmula presidencial.

El 13 de agosto se celebrarán en Argentina las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), un mecanismo para elegir candidaturas que, al ser obligatorio para los partidos y los votantes, se transforma en un gran termómetro capaz de anticipar el resultado de las generales. La candidatura que recibe más votos en cada primaria gana la nominación y estará en la hoja de votación para las elecciones generales, siempre que consiga al menos 1,5% del total de sufragios.

La irrupción de Milei, que se presenta como único precandidato de La Libertad Avanza, alteró la definición de las primarias de la centroderecha. A diferencia de otros años, en los que no había competencia interna, esta vez las dos coaliciones principales –Unión por la Patria, la alianza peronista de centroizquierda que gobierna, y Juntos por el Cambio, el conglomerado opositor de centroderecha fundado por el expresidente Mauricio Macri– dirimen precandidaturas.

La interna de Juntos por el Cambio es especialmente competitiva. La protagonizan el alcalde de Buenos Aires, Horacio Rodriguez Larreta, de carácter moderado, y Patricia Bullrich, exministra de Seguridad de Macri que ensaya un discurso más radical, afincado en la derecha. El ‘efecto Milei’ puede darle la victoria a Bullrich, que ya ha expresado simpatías por el economista. De ganar Rodriguez Larreta, en cambio, una parte de esos votantes de Bullrich podrían inclinarse por el libertario en las generales.

Las PASO también serán la primera gran oportunidad para medir el apoyo popular a Milei, cuya intención de voto oscila, según las encuestas, entre el 15 y el 25%. La última medición de la consultora Zuban y Córdoba, en julio, le otorga al economista un 24,5% de intención de voto para las PASO, segundo detrás de Sergio Massa, el ministro de Economía y precandidato de Unión por la Patria, si bien las preferencias sumadas de Larreta y Bullrich en Juntos por el Cambio colocan a Milei tercero.

Las encuestas en Argentina son débiles y varían mucho entre sí. Pero todas coinciden en otorgar a Milei más preferencias entre la población joven. Y en una elección donde la juventud representa más del tercio del padrón, ese apoyo es importante. Y sintomático. El dato saliente de la encuesta de Zuban y Córdoba es que Milei es el candidato con más de 40% de intención de voto entre jóvenes de 16 a 30 años, casi el doble que su rival más cercano.

En una elección donde los jóvenes constituyen más de un tercio del electorado, esto importa. En las elecciones de 2019, el Frente de Todos, la coalición del peronismo, ganó y logró el 60% de apoyo en ese segmento. Ahora renombrada como Unión por la Patria, esa coalición parece haber perdido una parte importante de ese caudal a manos de Milei, que también capitaliza las preferencias de los nuevos votantes (en Argentina se puede votar a partir de los 16 años).

“El voto de jóvenes a Milei está movilizado por la falta de expectativas económicas y una serie de frustraciones”, dice Ignacio Muruaga, investigador de la consultora Zuban y Córdoba. Pero ese apoyo juvenil no es uniforme: el de los varones más que duplica el de las mujeres, según algunas encuestas. “Hay un voto masculino que se ve atraído por su discurso más radical y antifeminista”, dice Muruaga.

Lejos de algunas caricaturas que lo retrataban como un fenómeno de clases acomodadas, a Milei le fue mejor en las comunas más pobres de la capital argentina, en el sur. En esta campaña son varias las voces que alertan sobre la penetración del libertario en zonas populares y de raigambre peronista.

El movimiento peronista, basado en las ideas y el legado del expresidente Juan Domingo Perón, atribuye al estado un papel importante en la economía y aboga por la justicia social y la distribución del ingreso. Es más frecuentemente asociado a la izquierda o centroizquierda, como en el caso del Frente de Todos, si bien existen peronistas de derecha.

La antropóloga Melina Vázquez, que investiga la participación política juvenil, pasó varios meses con militantes de Milei de la Provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado del país y el principal bastión electoral del peronismo.

“Hay muchos jóvenes de familias de clase media baja, con una estética masculinizada, rockera por momentos y atravesada por determinadas culturas juveniles”, dice. Milei apela a esos grupos cuando se presenta en los actos con chaqueta de cuero y rock nacional como banda de sonido.

En cualquier otro momento, agrega Vázquez, “estos jóvenes estarían representados por el peronismo, tanto por la estética como por las consignas que despliegan”. Es esto lo que distingue a los militantes de Milei con otros movimientos juveniles liberales. “Hay un intento por pensar y construir una derecha popular. Es una puesta en escena que no tiene nada que ver con lo que mostraba el PRO (el partido del expresidente Macri). Se busca salir a la calle, usar bengalas, hacerse ver. También hay una condición más de clase: algunos se reivindican como trabajadores de Rappi (una plataforma de servicios de reparto a domicilio), precarizados”.

Pablo Vommaro, co-coordinador del Grupo de Estudios de Políticas y Juventudes de la Universidad de Buenos Aires, pone la lupa en la precarización juvenil, sobre todo material. “Hay una sensación de desilusión muy fuerte con los últimos ciclos políticos, que muchas veces se traduce en enojo”, dice.

No es un cálculo complejo: cualquier persona menor de 25 años se ha acostumbrado a una inflación de por lo menos dos dígitos y una creciente sensación de incertidumbre respecto al futuro. Luego de 12 años y tres gobiernos kirchneristas – de Néstor Kirchner (2003-2007) y de su esposa Cristina Fernández (2007-2015), actual vicepresidenta –, la economía mostró signos de desgaste. Desde 2013, año que marca la mitad del último mandato de Cristina Fernández, hasta ahora, la inflación acumulada supera el 500%.

La administración de Macri (2015-2019) empeoró la mayoría de los índices económicos, una performance solo comparable con la del actual gobierno peronista de Alberto Fernández, en el que crecieron la inflación y la pobreza. En el último año la inflación superó el 115% y la pobreza afecta al 40% de la población.

Vommaro considera que la pandemia fue también un evento crucial para entender el fenómeno Milei. El aislamiento prolongado, que muchos jóvenes vivieron mientras experimentaban el final de la secundaria o el principio de la universidad de manera virtual, produjo un impacto que todavía persiste.

“Hay una crisis muy grande respecto a cómo las juventudes se sienten escuchadas por el mundo adulto en general. Y en un contexto donde son cada vez menos los grupos políticos que pueden interpelar a la juventud, Milei pica en punta, porque logró hacer empatía con ese enojo”, dice.

“Si vos estás enojado porque en pandemia no pudiste ver a tus amigos o porque perdiste el trabajo o porque estás precarizado, Milei transmite ese enojo en el Congreso o en la tele. Insulta por vos”.

Vázquez encontró algo similar en sus entrevistas. “La pandemia generó las condiciones para oponerse a muchas medidas del gobierno, que tenía un discurso sanitario que a veces era acusatorio con la juventud. Se reactivó un sentido de la libertad – el principal eslogan de Milei es “viva la libertad, carajo”– sintetizado en el ‘déjenme salir’; esta idea del gobierno como una dictadura”. Los escándalos de fiestas privadas celebradas en la casa presidencial durante el confinamiento y la vacunación irregular a figuras cercanas al poder político profundizaron ese malestar ante la “casta”.

Las encuestas muestran, además, algo llamativo: la mayoría de quienes apoyan a Milei, inclusive los jóvenes, rechazan sus propuestas económicas más audaces. Se trata, más bien, de un vínculo emocional.

El rey de TikTok

Sentado en el living de su casa, Mateo Aronow, estudiante de marketing de 21 años, ‘scrollea’ su TikTok para probar un punto: Milei es el único político que le aparece.

El vídeo que encuentra ahora es un ping pong de preguntas entre Milei e Iñaki Gutiérrez, un influencer de 22 años que se encarga de la cuenta de TikTok de Milei. Él y su novia, Eugenia Rolón, de 21 y también influencer, son las principales referencias del economista en el mundo ‘centennial’. Rolón se identifica en su perfil de Twitter como antifeminista y anticomunista; Gutiérrez, por ahora solo como anticomunista. Ambos aclaran que son de derecha. Su trabajo parece fructífero: Milei tiene 1,2 millones de seguidores en TikTok, más que el resto de los candidatos juntos.

“El tipo habla sobre economía y te compra”, dice Aronow sobre Milei. “En TikTok vos lo veías opinar de cosas puntuales, el dólar, los mercados, y también bardeaba a la oposición, a Cristina (Fernández). Lo escuchabas al chabón sacado y te llamaba la atención. Decías ‘uy, mira este tipo, tiene unas pelotas así de grandes"'.

Aronow votó al peronismo en 2019, como toda su familia, pero ahora decidió no hacerlo más. Está esperando el resultado de las PASO para definir su voto.

“Larreta me da asco y no le creo nada de lo que dice. Bullrich me da mucho asco también, por lo que podría hacer en lo social. Con Milei no estoy de acuerdo en todo lo que dice, pero me trae un mínimo de esperanza. A ver, hace 20 años que está el kirchnerismo, y el macrismo tuvo un mandato, y la verdad es que ya estoy hinchado las bolas, porque veo que estamos igual hace años… Si no voy a votar me multan. O voy y pongo una foto de Messi en el sobre, o voy y voto a Milei, que me da un 3% de esperanza”.

Hasta 2019, cuando dejó la secundaria, este joven solía ir a las marchas feministas, alentado por sus compañeras. Dice que ese era el tema “de moda”, aunque creía en las consignas. Hoy, al tiempo que habita un ambiente más masculino por su pasión por el fútbol, se alejó del feminismo y cuestiones como el lenguaje inclusivo le “dan asco”.

“Hoy hay mucho más rechazo al feminismo que antes”, explica. “Está más asociado a este gobierno y al populismo, como que la gente asocia al feminismo con los piquetes, por ejemplo, como parte de un mismo paquete que genera mucho asco”.

Mientras Milei iniciaba su ascenso, otros influencers de derecha como Agustín Laje o Emmanuel Danann, conocidos por su prédica antifeminista, copaban las redes. Algunos amigos de Aronow se acercaron a Milei tras incursionar en otros discursos antiprogresistas. No es su caso, aunque tampoco le molesta la etiqueta de machismo que persigue al economista. Simplemente ya no le importan esos temas.

En un escenario político incierto, Milei se ha instalado como un cisne negro capaz de desestabilizar la elección. Pero en las últimas semanas, un escándalo que le atribuye una venta de candidaturas parlamentarios le hizo perder centralidad, mientras los medios de comunicación conservadores lo eligen por primera vez como blanco.

El ascenso de Bullrich, la otra candidata de derecha dura, también lo ha eclipsado. En varias elecciones provinciales celebradas este año, a los candidatos de Milei, la mayoría provenientes de viejas dinastías políticas – es decir, de la misma “casta” que él propone destruir –, no les fue bien.

Pero Milei es también es un síntoma del estado de la política argentina, protagonizado por el enojo y la apatía. Este año se registró una baja sostenida de la participación y el fantasma de la abstención – una rareza en un país con voto obligatorio y alta concurrencia – sobrevuela por primera vez desde la recuperación democrática en 1983.

“Mi generación no tiene la paciencia de las anteriores”, dice Mila Zurbriggen, la exdirigente juvenil de Milei. “Si los políticos siguen tirando de la soga esto va a terminar muy mal”.

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