Skip to content

Australia niega la voz a sus pueblos originarios

Es una vergüenza que una nación que no reconoce las atrocidades que están en su origen niegue además el derecho a tener voz a sus indígenas

Australia niega la voz a sus pueblos originarios
Published:

Sí, sucedió en este año de 2023, setenta y cinco años después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptara la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se celebró un referéndum que nunca debería haberse celebrado.

Los derechos básicos de los pueblos originarios de Australia, aproximadamente el 3,8% de la población, se sometieron a votación nacional en un plebiscito en el que el 63+% de la población no aborigen decidiría efectivamente si estos pueblos podían tener una "Voz", una "Voz ante el Parlamento", que estaría protegida por la Constitución y permitiría a los aborígenes e isleños del Estrecho de Torres una mayor participación en la toma de decisiones políticas, asesorando al gobierno sobre políticas y proyectos que afectan a sus comunidades.

A diferencia de otros países con historias coloniales similares, Australia nunca llegó a firmar un tratado con sus pueblos originarios. Eso dice mucho, para empezar. Y, para terminar, el 14 de octubre, los seis estados dijeron "No", al igual que más del 60% de los votantes, confirmando y fijando así la grotesca identidad autoelegida del país como Estado colonial de colonos del siglo XXI.

Como señalaron los líderes indígenas, "...que personas que sólo llevan 235 años en este continente se nieguen a reconocer a aquellos cuyo hogar ha sido esta tierra durante al menos más de 60.000 va más allá de lo razonable".

Desde la federación australiana, La Voz es descrita por sus impulsores aborígenes como procedente de la "Declaración de Uluru desde el corazón", literalmente desde el corazón del continente, y desde sus propios corazones. En mayo de 2017, unos 250 delegados aborígenes e isleños del Estrecho de Torres se reunieron cerca de Uluru en una Convención Nacional sobre Reconocimiento Constitucional, con el objetivo de modificar la Constitución para reconocer a los aborígenes e isleños del Estrecho de Torres.

¿Qué otra cosa podría ser más razonable que la justicia para todos los australianos?

Una vez más, está "fuera de toda lógica", por supuesto, que tuvieran que celebrar esta convención para hablar de ser reconocidos en la Constitución. La Declaración también pedía una Comisión Makarrata. La palabra yolgnu "Makarrata" significa reunirse tras una lucha, y la Comisión se describe como la "culminación" de la agenda de la Declaración, recogiendo "nuestras aspiraciones de una relación justa y veraz con el pueblo de Australia y un futuro mejor para nuestros hijos basado en la justicia y la autodeterminación". ¿Qué otra cosa podría ser más razonable que la justicia para todos los australianos? Pero parece que Australia no tiene una sociedad que quiera algo así.

En cuanto a La Voz en sí, la pregunta del referéndum propuesta por el gobierno actual era: "¿Apoya usted una enmienda de la Constitución que establezca una voz aborigen y de los isleños del Estrecho de Torres?". Al menos admitió que no existía tal “voz” antes del referéndum y, después, se demostró claramente que tal reconocimiento de los Primeros Pueblos no es querido por la corriente dominante de Australia. Las enmiendas propuestas eran: (1) Habrá un organismo que se llamará La Voz de los aborígenes e isleños del estrecho de Torres; (2) La Voz de los aborígenes e isleños del estrecho de Torres puede intervenir ante el Parlamento y el Gobierno Ejecutivo en asuntos relacionados con los pueblos aborígenes e isleños del estrecho de Torres; y (3)

El Parlamento, sujeto a esta Constitución, estará facultado para promulgar leyes relativas a la composición, funciones, competencias y procedimientos de la Voz de los Aborígenes e Isleños del Estrecho de Torres.

Colonialismo de colonos

Desde el punto de vista de los pueblos originarios, estas peticiones tenían que hacerse porque no tienen voz. Pero, antes del referéndum, el hecho de que no tuvieran voz ya estaba "más allá de toda lógica". Está más allá del derecho internacional y de los principios consagrados en las convenciones.

Donde esto encaja perfectamente es en el marco del colonialismo de colonos que, habiendo logrado imponerse primero por medios extremadamente violentos, continúan ahora su trabajo llamándolo "asimilación" cultural, lo cual significa que hay que amordazar la voz de los pueblos originarios en todos los ámbitos de la vida.

La indecencia de la postura "más allá de la razón" de la Australia blanca se sustenta en el hecho de que, como Estado colonial ocupante en todo menos en el nombre, hace caso omiso de los acuerdos internacionales. Hacer "representaciones ante el Parlamento y el Gobierno Ejecutivo" es un derecho básico claramente establecido en el artículo 21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos".

Como bien saben los pueblos originarios de Australia, si no tienes voz, las intrusiones arbitrarias son una constante en tu vida

Y el Artículo 12 estipula que "Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia". Pero, como bien saben los pueblos originarios de Australia, si no tienes voz, las intrusiones arbitrarias son una constante en tu vida.

Violación de la Declaración de los pueblos indígenas

Además, varios artículos de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, de la que Australia es ahora signataria (después de ser, con Canadá, Nueva Zelanda y Estados Unidos, uno de los cuatro -sorprendentemente, Estados coloniales- que inicialmente votaron en contra) muestran de nuevo cómo el referéndum iba "más allá de lo razonable" porque estas declaraciones de derechos humanos establecen "un marco universal de normas mínimas para la supervivencia, la dignidad, el bienestar y los derechos de los pueblos indígenas del mundo".

Si esto no se considera razonable, entonces se sugiere que toda la violencia del pasado era correcta y razonable, por lo que no hay necesidad de reparación y, lo que es peor, la violencia puede continuar en formas actualizadas de racismo.

La Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas dice, en su preámbulo, que los pueblos indígenas "son iguales a todos los demás pueblos, al tiempo que se reconoce el derecho de todos los pueblos a ser diferentes, a considerarse a sí mismos diferentes y a ser respetados como tales." Dice que todos "los pueblos contribuyen a la diversidad y riqueza de las civilizaciones y culturas, que constituyen el patrimonio común de la humanidad".

Y añade que todas las "doctrinas, políticas y prácticas basadas o que propugnan la superioridad de pueblos o individuos por motivos de origen nacional o diferencias raciales, religiosas, étnicas o culturales son racistas, científicamente falsas, jurídicamente inválidas, moralmente condenables y socialmente injustas".

Además, establece que el respeto "de los conocimientos, las culturas y las prácticas tradicionales indígenas contribuye al desarrollo sostenible y equitativo y a la gestión adecuada del medio ambiente". Este punto es crucial ahora que toda la humanidad se enfrenta a las drásticas consecuencias de su propio ecocidio.

El artículo 19 exige que "los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por conducto de sus instituciones representativas antes de adoptar y aplicar medidas legislativas o administrativas que los afecten, a fin de obtener su consentimiento libre, previo e informado".

La Voz invocó el artículo 19 en particular, pero todos los principios de todas las declaraciones y documentos de derechos humanos son relevantes para lo ocurrido con el referéndum del 14 de octubre, entre otras cosas porque se supone que los derechos humanos son universales.

Las atrocidades continúan

Trágicamente, todas las violaciones de los derechos humanos representadas por el referéndum se produjeron justo en un momento en el que Israel está cometiendo atrocidades, crímenes de guerra que equivalen a genocidio contra los palestinos, con el apoyo económico, político y armamentístico de las llamadas democracias liberales.

La atrocidad de los renovados y más crueles ataques de Israel contra el pueblo palestino (en su mayoría niños), y una especie de desesperación impotente por la no presencia del Estado de Derecho internacional y, lo que es peor, el desprecio por sus convenciones más sagradas relativas al genocidio y los crímenes contra la humanidad, están permitiendo que otros horrores en otras partes del mundo se cuelen bajo el creciente listón de la tolerancia hacia las atrocidades, especialmente cuando se visten con el doble lenguaje del poder.

El Humpty Dumpty de Lewis Carroll ya lo dijo todo. “Cuando utilizo una palabra... significa lo que yo decido que signifique, ni más ni menos. La cuestión es", dijo Alicia, "si puedes hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes". "La cuestión es", despondió Humpty Dumpty, "quien va a ser aquí el amo, y nada más".

Una Humpty Dumpty moderna es la ministra de Asuntos Exteriores del Partido Laborista australiano: Penny Wong, que es gay, de origen asiático y supuestamente un "símbolo de las minorías y los marginados", denunció con razón, en un discurso ante el Senado, el ataque de Hamás pero, haciendo caso omiso del ataque genocida de Israel contra el pueblo palestino, esgrimió el habitual "derecho de Israel a defenderse" e instó a todas las partes a mostrar "moderación".

En 1788, en nueve barcos de transporte y dos buques de guerra, llegaron 1.000 convictos, con sus guardias y oficiales. Nunca fueron atraídos por ningún "carácter multicultural”.

Moderación cuando sus hijos, que han crecido con miedo, están siendo masacrados. Otro "más allá de lo razonable". Pero Penny terminó tranquilizadoramente con una imagen falsa y edulcorada de Australia: "Debemos... preservar nuestro carácter multicultural singularmente armonioso". Y tuvo el descaro de concluir: "Es por esto por lo que la gente viene a este país".

Ese discurso fue el 16 de octubre, dos días después de que se negara la voz a los pueblos originarios de Australia en un referéndum nacional. Penny tiene poca memoria. Sí, la gente fue a Australia. En 1788, en nueve barcos de transporte y dos buques de guerra, llegaron 1.000 convictos, con sus guardias y oficiales. Nunca fueron atraídos por ningún "carácter multicultural".

Australia, una historia no contada

Fueron a parar a una colonia penitenciaria. Poco después empezaron las Guerras Fronterizas, que duraron oficialmente hasta 1934, aunque, por supuesto, como las bases racistas estaban bien asentadas, la violencia se hizo aceptable y continuó. Esa es la verdadera constitución de la Australia actual.

Se calcula que murieron entre 2.000 y 5.500 colonos. El número de muertos entre los aborígenes, que nunca se ha contabilizado debidamente, es tan elevado que resulta imposible saberlo, pero algunos historiadores estiman que sólo en Queensland murieron 60.000 aborígenes. Otros aventuran que el 90% de la población anterior a la invasión murió como consecuencia de la violencia colonial y de enfermedades importadas como la gripe, el sarampión, la tuberculosis y la viruela.

La Universidad de Newcastle ha creado un mapa interactivo que muestra la horrenda escala y naturaleza de las numerosas masacres que siguieron a la invasión. Los aborígenes llevan en Australia unos 120.000 años. En la época de la colonización, según una nueva estimación de un meticuloso estudio científico, eran hasta tres millones, con unos 260 grupos lingüísticos distintos. El censo de 1929 registró 78.430 aborígenes, menos del 3% de la nueva estimación de la población anterior a la invasión.

Esta es la historia de Australia que apenas se ha enseñado, y esta ausencia, o negación abrió un hueco para la Política de la Australia Blanca, las generaciones robadas, la infame Intervención del Territorio del Norte, la negación del derecho al voto en las elecciones al parlamento federal hasta 1949, y el hecho de que los pueblos originarios fueron incluidos en los recuentos oficiales de población a efectos constitucionales sólo después de un referéndum en 1967.

El "No" del referéndum es interpretado por los pueblos originarios como un "no eres mi igual"

En 2017, según la Iniciativa para la Medición de los Derechos Humanos, los aborígenes eran las personas más encarceladas del mundo, están en riesgo de tortura, el 93% también está en la categoría de "en riesgo" para el derecho a la salud, el 87% para el derecho a un trabajo, el 100% para el derecho a la vivienda, el 87% para el derecho a la educación. La tasa de suicidio infantil indígena es seis veces superior a la de los niños no indígenas. De todo este dolor, el "No" del referéndum es entendido por los pueblos originarios como un "no eres mi igual". ¿Y qué pasa con tu tasa de mortalidad infantil, tu tasa de mortalidad, tu encarcelamiento, tu educación, tu salud? Aguántate".

La mayoría de los australianos no indígenas se despreocupan alegremente de estas graves violaciones pasadas y presentes de los derechos humanos. Una de las razones es la enorme ausencia de los pueblos originarios, creada por las masacres, la violencia, el despojo, las leyes y el control de la narración de la historia del país.

Yo crecí en tierras ngadjuri en Australia Meridional. Allí prosperaban, se les describía como personas sanas y bien construidas, menos de cien años antes de que yo fuera a la escuela y aprendiera una historia australiana blanca, en la que los indígenas no existían. En la década de 1870 habían sido exterminados por el despojo de tierras y agua y, sobre todo, por la viruela.

Pero a nadie se le ocurrió cambiar los bellos topónimos que los aborígenes habían dejado. Era la única voz que les quedaba y, para una niña de aquellos años, era una voz poderosa, que le hablaba de una ausencia traumática y que se aferraba allí, en los topónimos. Pero nadie hablaba de eso en el "país de la suerte".

¿Derechos humanos, para quién?

La memoria de los derechos vulnerados en el pasado sienta las bases para el futuro de los derechos humanos, vinculando así pasado y futuro. Pero las personas que recuerdan y sientan las bases de los futuros derechos humanos son, en su mayoría, las que sufren abusos.

Entre los maltratadores y los no maltratados, que deben borrar la historia y la memoria, los derechos humanos se diluyen con abstracciones jurídicas, lugares comunes posmodernos y abusos políticos, ayudados por los medios de comunicación que intercalan imágenes (tal vez difíciles de distinguir de las de un video juego o una película de acción) de verdaderos dramas de derechos humanos con payasadas de famosos, programas de "telerrealidad" y anuncios de jabón de lavar.

La noción de derechos humanos universales sigue siendo abstracta cuando sólo se vislumbran fugazmente los horrores de los malos tratos en la comodidad del salón de casa.

A fin de cuentas, pase lo que pase, recuerden que esto no es el final, es sólo el principioLuke Pearson

El pueblo de Australia votó pero no pensó en lo que significa su "No". No fue sólo un "No" un día, sino un "No" sumado a toda una montaña de crímenes. Un australiano blanco, que nunca ha conocido ni hablado con ningún aborigen (como en la mayoría de los casos), deja caer alegremente un "No" en la urna.

Para Geraldine Hogarth, anciana kuwarra pini tjalkatarra, "la pena duele tanto que es como si te clavaran un cuchillo en el corazón". Pero también sabe que es una larga lucha. "Pero somos fuertes, tendremos nuestro llanto y nos levantaremos de nuevo. Intentaron deshacerse de nosotros, pero nos levantamos y nos volvemos a levantar".

Luke Pearson, un hombre de Gamilaroi, dice más o menos lo mismo. "A fin de cuentas, pase lo que pase, recuerden que esto no es el final, es sólo el principio. Tenemos un largo camino por delante, independientemente del resultado, y os necesitamos a todos aquí con nosotros. Habrá lágrimas y risas, victorias y desafíos".

Una triste paradoja política

Hay aquí una triste paradoja política. En Legacy of Violence (2022), Caroline Elkins muestra cómo el imperialismo del siglo XIX se jactaba de su universalismo civilizado expresado por la difusión del Estado de Derecho pero, como se consideraba que los pueblos colonizados no estaban capacitados para entender qué era eso, se les desplazaba astutamente a alguna categoría infrahumana y, por tanto, podían ser sometidos a lo que Elkin denomina "anarquía legalizada".

Pero está claro que los poderosos, que deciden quiénes tiene derechos y quiénes no, son los que han abrazado su propia forma de tribalismo y han abandonado el universalismo. Son los oprimidos los que realmente entienden lo que es el principio universal de justicia porque son los que sufren su ausencia.

Si de verdad quieres saber sobre Australia, olvídate de los medios de comunicación hegemónicos, que caen en picado en el Índice de Libertad de Prensa (39th de 180 países en 2022) y son despreciablemente mendaces en todos los sentidos, necesarios para apoyar el inaceptable statu quo racista.

Lean a los escritores aborígenes y a la empresa de medios de comunicación IndigenousX, de propiedad y gestión aborigen. Aquí encontrará una Voz firmemente asentada en la razón, que insiste en su compromiso con el universalismo y la justicia.

Aquí encontrarán ideas que ya Richard Falk expresaba en su Achieving Human Rights (2009). "Por supuesto, nuestro futuro como especie depende de nuestra amplitud de miras y de nuestro sentido de la solidaridad humana cuando se trata de los derechos humanos... Inevitablemente, la vocación de los derechos humanos no puede separarse de la búsqueda de la justicia en todos los ámbitos de la existencia humana. En última instancia, los derechos humanos tienen que ver con la calidad del orden mundial, como se reconoció, pero se ignoró, en el artículo 28 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: ‘Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos’".

Para su vergüenza, el 14 de octubre la mayoría de los australianos demostraron que ese orden social, nacional o internacional, les imp

Julie Wark

<p>Julie Wark is the author of <em><a href="http://www.amazon.co.uk/Manifiesto-derechos-humanos-Julie-Wark/dp/8495764776/opendemocra0e-21">Manifiesto de derechos humanos&nbsp;</a></em> (The Human Righ

All articles

More in Bangladesh

See all

More from Julie Wark

See all