Siete mujeres acusaron a Boaventura de Sousa Santos, profesor emérito de Sociología de la Universidad de Coimbra (Portugal), de acosarlas y aprovecharse de su trabajo, según el medio brasileño de investigación periodística Agência Pública.
Las mujeres, que siguieron estudios doctorales o llevaron a cabo investigaciones académicas bajo la supervisión de Boaventura, lanzaron estas acusaciones en una entrevista de cuatro horas y media con Mariama Correia, periodista y editora del medio.
Boaventura, un pensador influyente sobre globalización, epistemología y cambio social, negó toda conducta inapropiada, y agregó que nunca fue acusado formalmente de ningún delito. Una investigación penal abierta en abril por la fiscalía portuguesa sigue en marcha.
Las académicas que realizaron las denuncias son Carla Paiva, Eva García Chueca, Gabriela Rocha, Aline Mendonça, Mariana Cabello, Élida Lauris y Sara Araújo, la mitad de las 14 integrantes del llamado ‘colectivo de víctimas de Boaventura’.
Sus relatos incluyen situaciones de acoso sexual y moral, abuso de poder, violencia verbal y explotación académica – la utilización del trabajo de las investigadoras sin reconocer su autoría y sin remuneración – mientras estudiaban o trabajaban en el Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad de Coimbra, dirigido por Boaventura desde su fundación en 1978 hasta 2019, cuando pasó a ser director emérito.
Las primeras menciones a conductas inapropiadas de Boaventura, académico distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison, salieron a la luz en un libro publicado en marzo de 2023 – aunque sin nombrarlo directamente.
El libro Sexual Misconduct in Academia - Informing an Ethics of Care in the University, que mencionaba casos de acoso sexual y moral en el CES, contenía referencias a un "profesor estrella". Tampoco revelaba la identidad de las víctimas.
El capítulo 12, escrito por las investigadoras Lieselotte Viaene, Catarina Laranjeiro and Miye Nadya Tom, se titula ‘Los muros hablaron cuando nadie se atrevía’, en referencia a una pintada en un muro de la Universidad de Coimbra en la que se leía "Fuera Boaventura. Todas sabemos".
Poco después de la publicación, el propio Boaventura dijo a un periódico portugués que él era el "profesor estrella", y añadió que las acusaciones eran pura “venganza". La casa editorial que publicó el libro lo retiró de la venta en junio de 2023, citando “una serie de amenazas legales procedentes de distintas partes”.
En abril de 2023, la diputada federal brasileña Bella Gonçalves (del Partido Socialismo y Libertad) relató en un artículo de Agência Pública que había sufrido acoso sexual de Boaventura cuando éste era su supervisor de doctorado. Ese mismo mes, Boaventura y su ayudante de investigación Bruno Sena Martins dejaron voluntariamente sus cargos en el CES, que creó una comisión independiente para investigar las acusaciones.

En febrero de este año, la comisión hizo público un informe en el que reconocía "pautas de conducta de abuso de poder y acoso por parte de algunas personas que ocupaban altos cargos en la jerarquía del CES". El CES publicó entonces una carta abierta en la que pedía disculpas a quienes se considerasen víctimas de conductas de acoso o abuso en el marco de sus actividades o trabajo, sin mencionar al profesor.
En abril, la fiscalía portuguesa abrió una investigación basada en las conclusiones de la comisión independiente del CES y en denuncias presentadas por el ‘colectivo de víctimas de Boaventura’, que hasta ahora sólo se manifestaba a través de cartas anónimas. La investigación sigue su curso.
Al mes siguiente, el medio portugués Diário de Notícias informó que Boaventura había decidido volver a su puesto de investigador en el CES y que había comunicado su decisión al consejo de administración del centro en una reunión.
Según Agência Pública, las siete mujeres decidieron dar la cara y sus nombres en busca de “justicia”. El grupo, que incluye a mujeres de Brasil, Portugal y de otros países, aseguró que lo que sufrieron dañó irreversiblemente su autoestima y sus carreras. Muchas describieron daños psicológicos permanentes, episodios de ansiedad, depresión y otros problemas de salud como consecuencia del trauma.
La mexicana Mariana Cabello tenía 29 años cuando ganó una beca para un curso de verano en el CES en 2016. El programa formaba parte del Proyecto ALICE, dirigido por Boaventura, entonces de 76 años. "Fuimos a ver un documental sobre derechos humanos. Había unas 30 personas en la sala. Boaventura se sentó a mi lado", Cabello dijo a Agência Pública. "Cuando se apagaron las luces, puso su mano entre mis piernas, en mi entrepierna. Yo quedé en estado de shock”. Según el artículo, desde ese día Cabello no pudo seguir el ritmo de las clases y pasaba la mayor parte del tiempo encerrada en su habitación.
El artículo de Agência Pública menciona incidentes de "humillación pública" y "episodios de ataques de ira por parte del profesor", conductas inapropiadas como "reuniones en casa del profesor, en las que aparecía en bata o pijama", y "comentarios sexuales" sobre los cuerpos de las mujeres durante reuniones de trabajo.
La investigadora independiente y consultora brasileña Élida Lauris, de 43 años, llegó a Coimbra en 2005, cuando tenía 25, para cursar su doctorado. Dos años después, según su denuncia, Boaventura la llevó a dejar sus estudios de lado para priorizar “investigaciones de su interés, lo que suponía un trabajo extra, sin reconocer mi autoría ni acordar honorarios. Cuando me di cuenta, ya estaba atrapada en un sistema de servidumbre académica del que no podía salir", dijo Lauris, según cita de Agência Pública.
Lauris aseguró que “mi beca de doctorado se puso al servicio de sus necesidades”, que ella lloraba todas las noches y que tardó ocho años en terminar sus estudios doctorales. Cuando por fin lo hizo, decidió abandonar el Proyecto ALICE.
El relato de Lauris incluyó acusaciones de comentarios sexuales indebidos por parte de Boaventura. Y agregó que su carrera, su vida privada y su salud se vieron severamente afectadas, y que aún sufre ataques de pánico y dolor crónico.
La investigadora portuguesa Sara Araújo, de 45 años, dijo a Agência Pública que era una estudiante de grado de 21 años cuando empezó a trabajar con Boaventura. Relató haber “trabajado con miedo”, soportando “tortura psicológica”, y sin poder dormir.
Araújo acusó a su exprofesor de decirle que “mi problema profesional era que no me iba a la cama con él" y de “utilizar el sexo como moneda de cambio”.
La doctora Aline Mendonça, de 45 años, comenzó sus estudios de doctorado en Coimbra a mediados de la década de 2000. Ella relató haber tenido una buena relación con Boaventura hasta 2011, cuando se incorporó al Proyecto ALICE. A partir de entonces, dijo, él le “quitó” su “autonomía académica” y la “ridiculizaba totalmente en cada reunión". Mendonça también describió incidentes de conducta sexual indebida como “besos excesivamente húmedos en la mejilla”, “abrazos apretados” y el envío de poemas eróticos con comentarios fuera de lugar sobre su cuerpo. En sus declaraciones al medio brasileño añadió: “Empecé a tener incontinencia urinaria por el miedo y la presión constantes".
Eva García Chueca, 44 años y defensora del pueblo adjunta en Barcelona (España) que comenzó sus estudios de doctorado en Coimbra en 2010, también aseguró que sus condiciones de trabajo y estudio cambiaron para peor en 2011, cuando firmó un contrato con el CES. Boaventura, dijo, “se volvió intolerante y violento".
García Chueca aseguró haber sentido “miedo, vulnerabilidad y baja autoestima”. Agregó que fue criticada en repetidas ocasiones por "citar a autores distintos de Boaventura" en su investigación, que finalmente no fue publicada por el CES.
Las investigadoras también dijeron haber presenciado acoso a otras compañeras de trabajo, según las declaraciones publicadas en el artículo de Agência Pública. La profesora brasileña Gabriela Rocha, de 38 años, sostuvo que entre 2013 y 2023 vio a "Bonaventura ser extremadamente agresivo y autoritario con las personas más cercanas a él".
La investigadora sudafricana Carla Paiva, de 52 años y que también trabajó en el Proyecto ALICE coordinado por Boaventura, denunció haber sido blanco de humillación pública por parte de Boaventura, quien le “gritaba” y la “insultaba”.
Paiva también aseguró que el profesor ejercía un poder en la Universidad de Coimbra similar al de una "secta religiosa", y que él solo admitía "conceptos teóricos alineados con los suyos".
Paiva relató que pasaba los fines de semana trabajando en tareas administrativas dispuestas por Boaventura; que tuvo que dejar de lado su doctorado y perdió finalmente su beca, lo que le generó problemas económicos y la llevó al abandono de su carrera. Describió haber desarrollado una enfermedad autoinmune “porque tenía miedo todo el tiempo".
En un comunicado enviado a Agência Pública, la Universidad de Coimbra sostuvo que el CES "es una asociación privada, estatutaria y jurídicamente independiente, y la Universidad de Coimbra no tiene competencias disciplinarias sobre el CES".
La universidad añadió que "condena enérgicamente toda práctica de agresión física o psicológica, violencia o acoso, ejerciendo una actitud activa, vigilante y pedagógica ante situaciones de conducta impropia".
Según Agência Pública, la universidad también afirmó que cuenta con una Carta de Principios para la Igualdad, la Equidad y la Diversidad, un Plan de Igualdad, Equidad y Diversidad y un Código de Conducta que especifica qué es el acoso. Agregó que cuenta con canales para denunciar en las "direcciones de unidades, los centros de estudiantes, la Dirección General de la Asociación Académica de Coimbra (AAC), una oficina específica creada con el fin de defender y promover los derechos de los estudiantes, con la colaboración de la AAC y del Defensor del Estudiante, y que permite realizar denuncias de forma anónima".
Los trabajadores pueden "dirigirse al Comité de Empresa de la Universidad de Coimbra" para presentar quejas o denuncias, agregó. Desde junio de 2022, la universidad también ofrece “un vehículo en línea para denuncias anónimas y/o confidenciales", según el comunicado citado por Agência Pública.
El artículo también aseguró que el CES confirmó por escrito que había abierto un segundo “proceso de pesquisa preliminar para investigar posibles irregularidades" y que "la eventual apertura de procedimientos disciplinarios individuales depende de los resultados". El CES está supuestamente elaborando una nueva política institucional para prevenir y combatir el acoso y el abuso, de acuerdo al artículo de Agência Pública.
El medio investigativo brasileño también citó respuestas por escrito enviadas por la oficina de comunicación de Boaventura, según las cuales la investigación inicial llevada a cabo por el CES "no imputó delitos ni faltas graves a ninguna de las personas denunciadas", "ni siquiera en relación con el profesor Boaventura”. La oficina añadió que el profesor "está a la espera del resultado del proceso en la fiscalía portuguesa para poder presentar su defensa y hacer frente adecuadamente a las acusaciones, demostrando con pruebas que no ha cometido ningún delito".
El estudio de abogados que representa a Boaventura en Brasil también envió un comunicado por correo electrónico a Agência Pública en el que afirmó: "El noble profesor, en sus 60 años de carrera nunca ha respondido a ningún proceso ético disciplinario y sufre, desde hace más de un año, un juicio mediático sin haber sido nunca denunciado formalmente en un órgano administrativo o judicial".
Y agregó: "El Sr. Boaventura, que ha prestado servicios históricos en el campo de los derechos humanos, nunca ha tenido una denuncia formal en su contra, nunca ha tenido acceso a una declaración formal y ha sido enfrentado repetidamente durante mucho tiempo a través de artículos periodísticos, cartas apócrifas e informaciones inexactas, negándosele el derecho a recusar y a una amplia defensa, un caso característico de lawfare". La respuesta completa está aquí.
Este artículo fue actualizado el 20 de junio de 2024 para aclarar que Boaventura ya no dirige el Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra (desde 2019 es su director emérito) y corregir el mes en que el libro Sexual Misconduct in Academia fue retirado de publicación.