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Domos de calor, crisis climática y temperaturas extremas en México, Centroamérica y el Caribe

La persistencia de este fenómeno meteorológico, que alerta sobre las consecuencias catastróficas de la emergencia climática, ha convertido amplias franjas de la región en hornos de fuego lento

Domos de calor, crisis climática y temperaturas extremas en México, Centroamérica y el Caribe
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México se ha convertido en el centro de atención de los meteorólogos y estudiosos del clima durante las últimas semanas debido al fenómeno que está detrás de su importante aumento de temperaturas: el domo de calor. Si bien este fenómeno es bien conocido, su multiplicación y persistencia en los últimos tiempos se atribuye a las consecuencias de la disrupción en el patrón climático que está causando el calentamiento global, que multiplica todo tipo de episodios metereológicos extremos.

El domo de calor es un evento climático que transforma amplias franjas de una región en hornos humeantes u ollas a presión. Se trata de un patrón atmosférico sofocante, una especie de burbuja gigantesca de aire caliente que se forma en condiciones de alta presión. Cuando la presión atmosférica empuja el aire caliente hacia abajo, actúa como una tapa que encierra el calor. Normalmente, los domos de calor están ligados al comportamiento de la corriente en chorro, una banda de vientos rápidos en lo alto de la atmósfera que generalmente va de oeste a este.

La corriente en chorro sigue un patrón ondulatorio, serpenteando hacia el norte, luego hacia el sur y de nuevo hacia el norte. Cuando estas sinuosidades en la corriente en chorro se hacen más grandes, se mueven más despacio y pueden llegar a estacionarse. Es entonces cuando pueden producirse domos de calor.

Lo que está ocurriendo en México es algo más que una ola de calor temporal. En Ciudad de México, la temperatura más alta jamás registrada fue de 33,8°C, un hito que se estableció en 1998. Es importante contextualizar lo extraordinario de esta cifra, ya que el DF es una ciudad situada a unos 2.200 metros sobre el nivel del mar.

En ese entorno, 34 grados centígrados es algo más que un día caluroso, es un nivel de calor prácticamente sin precedentes. La última semana de junio de 2023 los termómetros de la ciudad se acercaron mucho a ese máximo histórico, con temperaturas de 33°C. Al mismo tiempo, en las regiones del norte del país, las temperaturas se dispararon aún más, superando ampliamente los 40ºC.

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La ola de calor se ha extendido también hacia el este, adentrándose en aguas del Caribe y hasta las costas de Centroamérica, regiones que también han experimentado un calor sofocante. Los cambios repentinos en la temperatura de los océanos pueden agravar aún más la situación, contribuyendo a la formación de más domos de calor y, por tanto, de más olas de calor. En San Juan, Puerto Rico, por ejemplo, las autoridades emitieron una alerta de calor excesivo la última semana de junio debido a las altas temperaturas y tiempo seco que, junto a la humedad, genera una sensación térmica superior a los 40° C.

Esta "olla a presión" atmosférica se ha recrudecido con una intensidad y duración sin precedentes, sobre todo en las últimas décadas, lo que debería preocuparnos a todos. Porque estas situaciones están alterando y redefiniendo las normas climáticas que hemos llegado a considerar estables.

El fenómeno, sin embargo, no termina ahí. El calor se está propagando hacia el norte, alcanzando Estados Unidos, y ha sido ha sido especialmente intenso en el estado de Texas, donde las ciudades de San Angelo y Del Río batieron récord a comienzos de julio de 2023 con temperaturas de 114 y 113 grados Fahrenheit (unos 45,55 grados centígrados) respectivamente. El Consejo de Fiabilidad Eléctrica de Texas (ERCOT, por sus siglas en inglés), que dijo haber experimentado un récord no oficial de demanda de energía el lunes, pidió a los usuarios que conservaran su consumo de energía el martes por la noche.

El ERCOT, que suministra energía a unos 25 millones de clientes en todo el estado,está experimentando una intensa presión desde que se vio obligado a aplicar cortes parciales de la red durante una tormenta invernal en Texas en 2021 que dejó a millones de personas sin electricidad.

A julio 9 de 2023, el calor seguía intensificándose en diferentes puntos de Centroamérica, México y el sur de los Estados Unidos. Con temperaturas cercanas a los 42ºC en ciudades como Phoenix, el gobierno estadounidense le pidió a los ciudadanos que permanezcan en el interior de sus casas o que busquen lugares con aire acondicionado. Así mismo, las lecturas en Baja California, Sonora, Chihuahua, Nuevo León y Tamaulipas, al norte de México, han superado los 40ºC y han puesto en jaque los sistemas de energía de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

La multiplicación de fenómenos meteorológicos extremos se debe a la crisis climática que el calentamiento global está provocando en el planeta

Si bien los gobiernos de los diferentes países han emitido comunicaciones advirtiendo sobre los peligros de las altas temperaturas, si el calor no cede y los domos siguen formándose, varias redes eléctricas tendrán apagones, y se abrirá la puerta a problemas ambientales como sequías e incendios. Aunque los científicos han advertido sobre el peligro, solo el gobierno estadounidense ha tomado medidas más estrictas de protección, mientras que los países del sur siguen viendo cómo el calor aumenta sin tomar mayores medidas que vayan más allá de las declaraciones de intenciones y de la firma de tratados que no se cumplen.

La comunidad científica está de acuerdo en que la multiplicación de fenómenos meteorológicos extremos se debe al estrés que la crisis climática provocada por el calentamiento global está ejerciendo sobre el planeta.

Hoy, la mayoría de los organismos que trabajan en cuestiones de clima advierten que se están traspasando los límites que permitirían el control de la situación y que solo una acción conjunta y radical de todo el planeta podría paliar los efectos catastróficos que ya se están produciendo. Aun así, persiste el negacionismo y la huída hacia adelante, mientras caminamos con los ojos cerrados hacia el abismo. Los domos de calor no son una advertencia, sino que son una evidencia de que esta crisis está aquí para quedarse.

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