Un día después de que Estados Unidos secuestrara a Nicolás Maduro en Caracas, el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio matizó la narrativa en torno a la intervención militar en Venezuela basada en el petróleo.
“No necesitamos el petróleo de Venezuela. Tenemos mucho petróleo en Estados Unidos", dijo en una entrevista televisiva. “Lo que no vamos a permitir es que la industria petrolera de Venezuela sea controlada por adversarios de Estados Unidos".
A continuación, Rubio enumeró una lista de los sospechosos de siempre para Estados Unidos: China, Rusia, Irán. ¿Por qué necesitan el petróleo de Venezuela?, cuestionó. "Aquí es donde vivimos".
En esta declaración sobre controlar el bloque geopolítico de influencia de EEUU se esconde un factor menos obvio pero crucial cuando se trata de los cambiantes desequilibrios de poder en el planeta.
Detrás de la invasión a Venezuela ordenada por el presidente Donald Trump, que secuestró a su líder autoritario y abrió el acceso a las reservas de petróleo del país a las empresas estadounidenses, se cierne la cuestión del dominio económico mundial. En concreto, el dólar estadounidense y su debilitamiento como instrumento financiero preferido en la escena internacional.
“Tenemos meses planteando que no es solamente el petróleo", dijo a democraciaAbierta el sociólogo Emiliano Terán Mantovani, especialista en ecología política y económica de la Universidad Central de Venezuela. “El tema que está sobre la mesa es un cambio sistémico. Hay que verlo de una manera integral”.
Venezuela ocupa un papel importante, tanto material como simbólico, en la economía energética. Afectado por las duras sanciones de Estados Unidos, el régimen de Maduro vendía la mayor parte de su crudo pesado a China, ávida de energía, y la mayor parte se negociaba en la divisa china renminbi. Venezuela también pagaba los cuantiosos préstamos chinos directamente con barriles de petróleo. Aunque el petróleo venezolano representaba una pequeña fracción de las importaciones energéticas de China – solo el 3% –, suponía una excepción notable en América Latina, una región que Trump ha declarado como suya.
El dinero es poder, y el petróleo es más que una mercancía. Para Estados Unidos, el llamado plan de los "petrodólares", ideado por la administración de Richard Nixon a principios de la década de 1970 para fijar el precio del petróleo de Arabia Saudí en dólares estadounidenses, supuso una enorme ventaja estratégica.
El dólar fue finalmente adoptado por otros miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, lo que creó una demanda en apariencia insaciable de la moneda estadounidense y un flujo constante de petrodólares que se reinvirtieron en el Tesoro de Estados Unidos y en el mercado financiero. Esa afluencia de capital ha ayudado a Estados Unidos a sostener grandes déficits y a financiar su gigantesco ejército, un pilar fundamental de su influencia global.
El petróleo sigue siendo, a día de hoy, la materia prima más comercializada del mundo.
Pero las grietas en la hegemonía estadounidense están empezando a aparecer. El primer ministro canadiense, Mark Carney, esbozó el amanecer de un "nuevo orden mundial" tras el anuncio de un acuerdo comercial con China el mes pasado, en el que describió "la evolución del sistema financiero mundial, el papel del renminbi y la evolución de los pagos transfronterizos" mientras la "arquitectura" del actual sistema multilateral se desmorona.
China es un motor clave del impulso hacia la desdolarización, con un sistema de pagos transfronterizos, líneas de swap y una moneda digital del banco central. Pero no está sola
La moneda estadounidense representa ahora el 56% de las reservas de los bancos centrales, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), frente al 70% aproximadamente en 2000. El debilitamiento del dólar ha ido acompañado de un aumento de otras monedas de reserva no tradicionales, como el renminbi chino, cuyas ganancias equivalen a una cuarta parte de la caída del dólar estadounidense, según afirmó el FMI en 2024, aunque es posible que esta tendencia se esté estancando. Por primera vez desde la década de 1990, los bancos centrales tienen más reservas en oro que en dólares estadounidenses.
China es uno de los principales impulsores de la desdolarización, con un sistema de pagos transfronterizos, líneas de swap y una moneda digital del banco central. Pero no es el único. Rusia comercia principalmente en rublos y yuanes. Irán, sometido a fuertes sanciones por violaciones a los derechos humanos, vende la mayor parte de su petróleo de forma encubierta a China a través de petroleros clandestinos que eluden las rutas legales. China ahora liquida un tercio de su comercio en yuanes, frente al 20 % en 2022.
"Mantener el control del petróleo mundial es una forma de sostener el petrodólar. De alguna manera, está todo relacionado”, dijo a democraciaAbierta Gabriel Merino, experto argentino en relaciones internacionales y especializado en China. Si bien hay muchos factores detrás de la intervención estadounidense en Venezuela, Merino considera que "entra dentro de una estrategia general de frenar el declive relativo, de tratar de evitar los procesos de desdolarización, de controlar la oferta global del petróleo”.
Según él, hay tres condiciones fundamentales que están impulsando la desdolarización. La primera es el cambio en el peso económico en el mapa mundial. Más de la mitad del PIB mundial se genera ahora en Asia, principalmente en China y la India, lo que aumenta la presión para alejarse del dólar estadounidense.
El segundo factor importante es el grupo BRICS, la alianza económica de países establecida por primera vez por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica en 2006, pero que ahora cuenta con 11 economías emergentes.
El BRICS ha señalado, prácticamente desde su creación, la necesidad de alejarse de la primacía del dólar estadounidense. Tanto es así que Trump abordó la amenaza que los BRICS representaban para el dólar estadounidense poco después de ser elegido para un segundo mandato en 2024, prometiendo aranceles del 100% a los países BRICS si seguían alejándose del dólar. El tercer factor es la guerra económica librada por Trump. A medida que Estados Unidos aumenta el uso del dólar estadounidense como un arma, se genera una reacción adversa.
En diciembre, los BRICS dieron más fuerza al mantra de la desdolarización con la presentación de un programa piloto de su propia moneda y sistema de pago, llamada unit, que está respaldada en un 40% por oro y en 60% por las monedas de los miembros.
Pero las fuentes también advierten contra la exageración de las fuerzas de la desdolarización.
"El dólar sigue siendo la moneda dominante a nivel mundial", afirmó Mihaela Papa, directora de investigación del Centro de Estudios Internacionales del MIT, donde dirige el BRICS Lab. Datos recientes de SWIFT indican que el dólar estadounidense se utiliza en más del 50% de las transacciones de los sistemas de pago, lo que supone, por lejos, la mayor cuota de mercado. “Los debates actuales sobre la desdolarización se centran en la diversificación de las divisas más que en su sustitución total”, señaló Papa en una respuesta por escrito a nuestras preguntas.
"En la práctica, esto se traduce en una gestión del riesgo del dólar, que se refleja en un mayor uso de las monedas locales para la liquidación de operaciones comerciales, una diversificación moderada de las reservas y la experimentación con nuevas infraestructuras de pago".
Los cambios, según Papa, tienen múltiples razones, entre ellas las sanciones de Estados Unidos, las medidas comerciales punitivas, la confianza en las instituciones estadounidenses y las regulaciones sobre monedas digitales y pagos.
Países BRICS como India y Brasil han desarrollado sus propios sistemas de pago nacionales que permiten a los clientes recibir o realizar pagos en sus monedas locales y evitar los métodos de pago con sede en Estados Unidos, como VISA o Mastercard, con sus comisiones comerciales. Pero Papa cree que, para que tengan un impacto internacional significativo, es necesario ampliar la operatividad transfronteriza. Y, dado que el unit se encuentra en una fase inicial, su adopción y éxito aún no están claros, señaló.
Brasil ha incluido el renminbi en sus reservas de divisas y ha diseñado marcos para liquidar el comercio en la moneda china. Pero los investigadores afirman que esta medida refleja una "adaptación pragmática a la dinámica global cambiante" destinada a la "diversificación" más que a la "desdolarización".
Y aunque Trump ha dejado clara su intención de detener los intentos de desdolarización de los BRICS, este factor no ha surgido como una razón clara detrás de la intervención de Estados Unidos en Venezuela, según Papa. Más bien, parece estar impulsada por una combinación de motivaciones más prominentes, entre las que se incluyen "la influencia sobre los ingresos del petróleo, la seguridad y la estabilidad regionales, los esfuerzos contra el narcotráfico, las presiones migratorias y los intereses geopolíticos más amplios".
Estados Unidos aumentó su interés geopolítico en América Latina con el corolario de Trump a la Doctrina Monroe, una política exterior promulgada por el presidente James Monroe en 1823 que reclamaba el hemisferio occidental como esfera de influencia de Estados Unidos y cerraba nuevos intentos de colonización europea. La denominada Doctrina Donroe, promulgada a finales de 2025, revive esa lógica, lo que da lugar a comentarios como los que hizo Marco Rubio al día siguiente del ataque estadounidense.
“Cuando hablan de recuperar el control de las Américas, no es solo el acceso a los recursos, es control de los flujos financieros, control de los flujos comerciales”, dijo Luca Ferrari, profesor de la Universidad Nacional de México, cuyo trabajo incluye el análisis de la geopolítica de la energía.
China controla la extracción y el procesamiento del 90% de los minerales, dijo Ferrari a democraciaAbierta.“Su punto débil es que depende de la importación de muchas cosas”, agregó. Entre ellas, la energía: el país importa el 74% de su petróleo y el 42% de su gas.
Y a lo largo de décadas ha tejido profundos lazos en América Latina. Basta decir que ejercer el dominio en la región requerirá algo más que una intervención militar.
"China se convirtió en el principal socio comercial de Sudamérica”, dijo Mantovani. “Eso para EEUU es inaceptable, es insostenible para una reformulación del poder”.
"Estados Unidos es como una mesa que tiene una pata que se la están carcomiendo unas termitas”, dijo. “Entonces si no actúas rápido la pata se va quebrar y la mesa se viene abajo; un sistema de poder industrial, financiero, militar y cultural”.
Natalie Alcoba es una periodista argentina-canadiense que reside en Buenos Aires. Escribe sobre América Latina para varios medios internacionales, como The New York Times, el Guardian y Al Jazeera.


