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Activistas de la extrema derecha se juntan en el Parlamento Europeo para compartir agravios

En Bruselas, la extrema derecha de América Latina y el mundo culpó a la izquierda de atacar la democracia. Los archivos de Epstein cuentan una historia muy distinta

Activistas de la extrema derecha se juntan en el Parlamento Europeo para compartir agravios
El exministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, el presidente electo de Chile José Antonio Kast, el presidente de Estados Unidos Donald Trump y la presidenta del Tribunal Constitucional de Perú, Luz Pacheco - Taylor Hill/Oscar RIVERA/Thierry Monasse/NICHOLAS KAMM/Getty Images and James Battershill

Un martes lluvioso de la semana pasada, el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, subió a un estrado del Parlamento Europeo para prometer lealtad a la Casa Blanca de Donald Trump.

“Hemos trabajado juntos durante muchos años y generado vínculos a ambos lados del Atlántico”, dijo Kast ante una audiencia de cientos de políticos elegantemente vestidos, asesores especiales, miembros de centros de pensamiento e influyentes figuras políticas. “Queremos ver esa alianza entre Estados Unidos y Europa”.

En un mes, el ultraderechista Kast estará gobernando Chile, tras haber vendido el ya conocido cóctel de ira populista, narrativa antiinmigrante y mensajes contra la igualdad de derechos para las personas LGBTQ+ y contra la autonomía corporal de las mujeres. En Bruselas, su discurso fue celebrado y replicado. “Los amantes de la libertad en todo el mundo deben trabajar más estrechamente con Estados Unidos”, afirmó el exministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, cuando le dieron el micrófono. “Esta debe ser una lucha transnacional”.

Puede que Trump sea la punta de lanza, pero es una guerra global. Y en la séptima cumbre transatlántica de la Political Network for Values (PNfV, Red Política por los Valores) celebrada en Bélgica – a la que openDemocracy asistió – quedó claro que la agenda de extrema derecha de Make America Great Again tiene un fuerte arraigo en América Latina y Europa. No la defiende una mayoría oprimida y silenciada, sino actores famosos e influyentes, cargos políticos de alto nivel de esas regiones y de África.

La PNfV se define como “una plataforma global de representantes y líderes políticos de todo el mundo que promueven y defienden activamente los valores de la familia, la vida y la libertad”. En la práctica, la red despliega la política del miedo al feminismo para avanzar en un ataque amplio contra los principios básicos de las democracias liberales en todo el mundo.

En estos últimos años, miembros de la PNfV se han anotado algunos éxitos que otros grupos de extrema derecha solo podrían soñar. Varios oradores de la cumbre – como Kast y Araújo – gobernaron o están por gobernar en sus propios países.

Esto entraña implementar políticas anti-LGBTQ+ y antiaborto: desde los Hermanos de Italia de la primera ministra Giorgia Meloni atacando los derechos de padres o madres del mismo sexo, el partido Ley y Justicia de Polonia endureciendo las restricciones al aborto, el Fidesz de Viktor Orbán en Hungría aprobando leyes contra la “propaganda gay”, hasta parlamentarios ugandeses aprobando una de las leyes anti-LGBTQ+ más punitivas del mundo.

Otros asistentes a la cumbre son probables futuros líderes; la cumbre fue coorganizada por Patriotas por Europa, el bloque de extrema derecha dentro del Parlamento Europeo cuyo presidente, el eurodiputado Jordan Bardella, lidera las encuestas para las elecciones generales de Francia el próximo año.

También estuvieron presentes miembros de la PNfV de Estados Unidos, con vínculos con el poderoso lobby de la America First de Trump. Entre ellos había representantes de la Heritage Foundation – la organización que redactó el Proyecto 2025 para un segundo mandato de Trump –, de la Alliance Defending Freedom (ADF) – que se atribuye haber logrado la anulación del derecho al aborto en Estados Unidos – y de Family Watch International. Las dos últimas son consideradas “grupos de odio” por el Southern Poverty Law Center, organización estadounidense especializada en derechos civiles, debido a que ADF ha apoyado la criminalización de las relaciones sexuales entre personas LGBTIQ+ y a que Family Watch International hizo campaña contra los derechos de las personas queer en África.

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Mientras los últimos archivos publicados del agresor sexual y magnate financiero Jeffrey Epstein revelaban la influencia de la extrema derecha estadounidense sobre la política europea, desde un estrado del Parlamento Europeo los miembros de la PNfV defendían la necesidad de enfrentar a las “élites metropolitanas de izquierda” y su “agenda LGBTQ+”.

Los integrantes de la PNfV se animaron mutuamente a canalizar su financiamiento a través de criptomonedas opacas. Esto, sumado a su alianza con una Casa Blanca enfrentada a la Unión Europea (UE) y amenazando a sus socios en la OTAN, hace temer que este movimiento no entrañe solo un problema de derechos humanos, sino también de seguridad europea.

Todo esto se montó en una narrativa de agravios y victimización. La supuesta represión a la libertad de expresión es el corazón de la estrategia de la PNfV y fue el eje central de la cumbre, que se anunció como un debate sobre “libertad de expresión versus expresión regulada”. Los oradores repitieron la idea de que la promoción de valores conservadores está bajo ataque.

“Al argumentar a favor de la ‘libertad de expresión’, estos actores buscan distraernos de las protecciones legales necesarias para los datos personales y la regulación de las redes sociales”, dijo a openDemocracy Neil Datta, director del Foro Parlamentario Europeo sobre Derechos Sexuales y Reproductivos.

“Esto nos deja vulnerables a la desinformación extranjera destinada a alterar nuestras decisiones políticas, a la polarización y radicalización, así como a la monetización de nuestros datos personales, lo que nos expone a estafas, fraudes y toda forma de explotación comercial. Todo esto combinado representa una amenaza de seguridad, tanto para nuestra cohesión social como para nuestra independencia política y económica.

“Lejos de ser ‘patrióticas’, estas fuerzas de la derecha cristiana querrían ver a Europa bajo el vasallaje de Estados Unidos y/o Rusia. Su plan es simple: impedir que la UE cumpla su función de regular para proteger a los europeos y dejarnos vulnerables a los caprichos de la Casa Blanca y los ‘tech bros’ (magnates tecnológicos), así como a las ambiciones imperiales del Kremlin”.

Desde el estrado en Bruselas, el presidente de la PNfV y eurodiputado croata Stephen Bartulica acusó al primer ministro británico Keir Starmer, de encarcelar a personas por posteos en redes sociales que “no aprueba”. El sacerdote católico de Londres Benedict Kiely, afirmó que podría ser detenido por sus opiniones conservadoras al regresar a su país. Paolo Inselvini, eurodiputado del gobernante partido Hermanos de Italia, instó a la red y a sus aliados a “defender los valores cristianos, la libertad de expresión y la dignidad de la vida humana” frente a lo que llamó el “asalto woke”.

Inselvini también acusó a organizaciones no gubernamentales progresistas de la UE de “intentar eliminar publicaciones que dicen una verdad incómoda, como que los niños nacen de un hombre y una mujer”. Numerosos oradores se hicieron eco de estas palabras y afirmaron que las ONG europeas y los marxistas pretenden crear una “dictadura de lo políticamente correcto”, una “EUSSR (una Unión Soviética europea) a través de la regulación” y una “Europa de mentiras”.

Esta narrativa se hace eco de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump, publicada en noviembre pasado, que acusa a la UE de socavar la “libertad política y la soberanía” y de promover “políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos, la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política, el desplome de las tasas de natalidad y la pérdida de las identidades nacionales y la confianza en sí mismos”.

La estrategia trumpista también alude a la teoría de extrema derecha del “gran reemplazo”, según la cual las poblaciones blancas del Norte Global, debido a su baja natalidad, estarían siendo “reemplazadas” por inmigrantes, y que “ciertos miembros de la OTAN podrían convertirse en países de mayoría no europea” en los próximos años. En la cumbre de Bruselas, estos temores se reflejaron en otro tema recurrente: la llamada “ideología de género”.

La presidenta del Tribunal Constitucional de Perú, Luz Pacheco – responsable de hacer efectivo el indulto al expresidente peruano Alberto Fujimori por crímenes de lesa humanidad y de declarar constitucional una amnistía para militares y policías envueltos en tales delitos – , se quejó de que las personas son injustamente acusadas de “homofobia” cuando defienden a la familia.

La diputada ugandesa Lucy Akello afirmó que las personas LGBTQ+ están “forzando a los niños a la homosexualidad” y recibió aplausos cuando dijo haber sido víctima de una cacería de brujas por su apoyo a la Ley Antihomosexualidad de 2023. “Las leyes no matan homosexuales”, insistió, ignorando el hecho de que esa ley impuso la pena de muerte para casos de “homosexualidad agravada”.

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La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos alega que, para evitar el “gran reemplazo”, la Casa Blanca “prioriza cultivar la resistencia dentro de las naciones europeas a la trayectoria actual de Europa”. El documento elogia a los “partidos patrióticos europeos” que, según Washington, ya están liderando esa resistencia con su creciente influencia.

El editor en jefe de la revista European Conservative, Alvino Mario Fantini, delineó aún más esa resistencia al preguntar a la audiencia: “¿Están listos para hacer el trabajo necesario para salvar la cultura del Occidente judeocristiano?”.

Fantini propuso un plan de tres puntos: “desafiar a las elites progresistas” y “poblar la cultura con sus propios productos; construir instituciones paralelas. Escuelas, sí. Necesitamos universidades alternativas, no solo Oxford y Cambridge. Ahora están bajo el control de otra gente […] Es muy importante crear estas redes”.

La tercera parte del plan, dijo Fantini, es la criptomoneda. Instó a los asistentes a “usar mecanismos financieros alternativos para crear nuevos sistemas de pago, medios financiados con cripto y controlar cómo se mueve y almacena el dinero”.

Las criptomonedas, que a menudo se utilizan en actividades delictivas, son atractivas para los movimientos extremistas y de dinero oscuro porque permiten el anonimato, como el propio Fantini explicó. También han sido promovidas por políticos como Trump y el británico Nigel Farage, cuyo partido Reform UK fue el primero en aceptar donaciones en Bitcoin y quien prometió el año pasado en una conferencia sobre criptomonedas en Las Vegas que reduciría el impuesto a las ganancias de capital de los criptoactivos del actual 24% al 10%, y que lanzaría una “reserva digital de Bitcoin” en el Banco de Inglaterra.

“En cuanto a blockchain [cadena de bloque, el mecanismo para registrar criptotransacciones], debemos aplicarlo para crear sistemas de almacenamiento anónimos, transacciones privadas y compartir información sin vigilancia. Necesitamos mecanismos de votación basados en blockchain, que también puede usarse para hacer movilización política sin ser vigilados”.

Operación interferencia

Los archivos de Epstein están arrojando más luz sobre los esfuerzos del exestratega de Trump, Steve Bannon, y de otros actores de la derecha cristiana estadounidense para financiar a políticos de extrema derecha en las elecciones parlamentarias europeas de 2019, asunto que había revelado una investigación de openDemocracy ese mismo año.

Mientras oradores como Fantini se quejaban en Bruselas de que las instituciones culturales del mundo están “bajo control” de la izquierda, el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó millones de nuevos documentos del FBI sobre Epstein, que mostraban cómo la extrema derecha y las elites financieras estadounidenses intentaron influir en la política europea.

Correos electrónicos enviados por y para Epstein – quien murió en prisión en 2019 tras haber violado y traficado a decenas de niñas y mujeres – muestran que mantenía comunicación regular con Bannon. En ese momento, Bannon buscaba reclutar figuras políticas europeas para su proyecto de extrema derecha y presionar por un Brexit duro en el Reino Unido.

En septiembre de 2018, Bannon envió a Epstein un artículo de The Guardian que comenzaba: “Matteo Salvini, ministro del Interior de Italia y líder populista, se ha reunido con Steve Bannon y se ha unido al grupo antisistema europeo, el Movimiento, fundado por el exestratega jefe de Donald Trump”.

Epstein respondió con una sola palabra: “INCREÍBLE”.

Tres meses después, en diciembre de 2018, mientras la primera ministra británica Theresa May luchaba por mantener su cargo en medio de feroces debates sobre el Brexit, Bannon escribió: “May cayó; creo que puedo llevar a Boris [Johnson] a la meta”. May anunciaría su renuncia seis meses después y Johnson asumiría el cargo en julio de 2019.

En esa misma conversación, Bannon parecía sugerir que tenía influencia sobre los manifestantes franceses de los “chalecos amarillos” de extrema derecha, muchos de los cuales exigían la dimisión de Emmanuel Macron. Escribió a Epstein: “Si logro derribar a Macron con los chalecos amarillos; May fuera […] todo en cinco días”.

En otra ocasión, dos meses antes de las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2019, Epstein dijo a Bannon que estaba "sorprendido de que el Parlamento Europeo pareciera haber salido de tu radar”, a lo que Bannon respondió: “No lo ha hecho... solo me he centrado en recaudar dinero para [Marine] Le Pen y Salvini para que puedan presentar listas completas”.

En aquel momento, Le Pen era la líder del partido francés de extrema derecha Agrupación Nacional (antes Frente Nacional). Hoy el partido está dirigido por Jordan Bardella, cuyo bloque parlamentario en Bruselas, Patriotas por Europa, patrocinó la cumbre de la PNfV.

Al mes siguiente, Bannon escribió a Epstein: “Acabo de terminar una llamada con mis chicos del Frente Nacional - - ¡¡ Creo que acabo de dar en el clavo con su financiación!! – – puede que no requiera ningún préstamo”.

“Trabajamos en algunos materiales y salieron la semana pasada con solicitudes”, continuó Bannon, en aparente referencia a ayudar al partido a enviar algunas peticiones de donaciones. Añadió: “Los votantes franceses tienen ahora un gran interés personal en las elecciones [al Parlamento Europeo], algo nunca visto”.

Treinta segundos después, Epstein respondió: “Buen chico”.

Más tarde en la conversación, Epstein dijo: “Espero con ansias el almuerzo de mañana de los chalecos amarillos”. Bannon contestó: “Creo que saldrán con fuerza… necesito convertir a estos hermanos a la Agrupación Nacional”.

“Solo dales algunas camisas marrones para que las usen”, respondió Epstein, en lo que parece una referencia a los uniformes nazis.

En el centro de la historia sobre Epstein están las niñas y mujeres que violó, traficó y victimizó durante décadas. Pero también resulta relevante la interferencia política revelada en los archivos. No hay pruebas de que Epstein financiara directamente las causas de extrema derecha promovidas por Bannon en Europa, pero los documentos son útiles para evaluar dónde reside la verdadera amenaza al “destino de Europa”.

Desde que asumió su segundo mandato el año pasado, Trump redobló sus amenazas contra Dinamarca, retiró ayuda a Ucrania y se alineó con el presidente ruso Vladimir Putin, a quien ha elogiado, defendido e incluso recibido en una cumbre en Alaska. Los vínculos de Rusia con el movimiento antigénero global – incluida la PNfV – ya fueron bien documentados por openDemocracy y otros medios, y las acciones de Trump subrayan la magnitud del riesgo de seguridad para Europa.

Brian Brown, de la junta directiva de la PNfV y también presente en Bruselas, tiene vínculos estrechos con Rusia a través de su movimiento, el Congreso Mundial de Familias y su cargo en el grupo antifeminista CitizenGO. Ambas organizaciones han tenido relaciones históricas con Alexey Komov, empleado del oligarca ruso sancionado Konstantin Malofeyev, casado a su vez con Maria Lvova-Belova, responsable del programa ruso de secuestro de niños ucranianos.

“El repliegue y la retirada de Trump del multilateralismo europeo deben entenderse en el contexto de su ideología America First”, dijo Gillian Kane, de Ipas, una organización internacional de derechos reproductivos.

“Esta ideología se ha entendido como aislacionista, pero lo que Trump y sus aliados quieren hacer es desvincularse de la responsabilidad que conlleva la gobernanza global, manteniendo al mismo tiempo un control absoluto mediante amenazas y manipulación”, dijo Kane. “Estados Unidos no se está alejando, simplemente está rechazando las normas y forjando una nueva forma de hacer negocios, que es el principio rector de cómo operan en los espacios internacionales”.

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