Skip to content

Gran Bretaña: Una antigua estación de bomberos apaga las llamas de la radicalización juvenil de derecha

Hull, una ciudad portuaria del norte de Inglaterra golpeada por el desempleo, es un objetivo clave de la extrema derecha

The Warren, en Hull, trabaja para prevenir la radicalización de extrema derecha entre los jóvenes
The Warren, en Hull, trabaja para prevenir la radicalización de extrema derecha entre los jóvenes - Ilustración de James Battershill
Published:

Son las 10 de la mañana de un jueves y un grupo de chicos esperan inquietos frente a la puerta de una antigua estación de bomberos victoriana, en el centro de Hull. Adentro funciona The Warren (La Madriguera), un proyecto que ha apoyado a jóvenes de esta ciudad portuaria de East Yorkshire durante más de cuatro décadas.

Pero en los últimos años ha tenido que enfrentar un desafío nuevo y cada vez mayor.

“Siempre hubo presencia de la extrema derecha”, dice a openDemocracy el asistente social para jóvenes JJ Tatten. “Pero en los últimos seis o siete años hemos visto un aumento significativo de organizaciones de extrema derecha que apuntan de forma más directa a los grupos demográficos que quieren alcanzar”. Un sector particularmente vulnerable, dice, son los varones adolescentes.

Desde la toxicidad de los influencers de la manosfera, como Andrew Tate – quien dice a sus seguidores que las mujeres deberían “asumir responsabilidad” por las agresiones sexuales –, hasta el auge de grupos como Estudiantes Contra la Tiranía (Students Against Tyranny) y los crecientes intentos del partido ultraderechista Reform UK para atraer a votantes masculinos de la Generación Z, la preocupación por la radicalización de varones jóvenes no hace otra cosa que crecer.

Este patrón se repite en gran parte del mundo. Donald Trump ganó las elecciones de Estados Unidos en parte por el voto de hombres jóvenes, atraídos por su mensaje MAGA (Make America Great Again, “Haz América grande otra vez” en español), que alimentaba el resentimiento de hombres blancos y exaltaba una forma agresiva de masculinidad.

En Alemania, una cuarta parte de los jóvenes varones votaron por Alternativa para Alemania, y algo más de una quinta parte de ese mismo grupo demográfico apoya formaciones de extrema derecha en el resto de Europa.

En Hull, Tatten es testigo de las consecuencias más extremas de esta tendencia. Las industrias pesquera y portuaria, que una vez fueron prósperas, vienen en declive desde los años 70, y hoy Hull enfrenta altos niveles de pobreza infantil, privación y desempleo juvenil.

En este contexto, las bandas ultras atraen a los jóvenes ofreciendo dinero, alcohol, drogas y ropa, así como la promesa de estatus y pertenencia, mientras que los políticos de extrema derecha prometen restaurarles el poder que creen haber perdido.

La manipulación funciona, dice Tatten. “Muchos jóvenes se sienten impotentes. A menudo, aunque no lo admitan, están solos. No les va muy bien en los estudios; les cuesta comunicarse con sus padres, tutores y con las mujeres”.

La extrema derecha explota estas inseguridades, culpando a las mujeres y minorías de su sensación de desamparo. “Les dice a los jóvenes que las mujeres no quieren que tengan poder, que quieren aplastar la masculinidad y que no quieren que los hombres sean hombres”, agrega Tatten.

Con un enemigo común establecido, los partidos políticos y las bandas no solo prometen a sus jóvenes reclutas recuperar su poder, sino también una comunidad donde serán comprendidos y podrán hacer preguntas sin ser considerados tontos y expresar ideas tóxicas sin ser juzgados.

Luego, los políticos recogen sus votos, muchas veces con pocas propuestas concretas, y ganan elecciones: en mayo de este año en Hull y East Yorkshire, el candidato de Reform UK, el exboxeador olímpico Luke Campbell, fue elegido alcalde. Las bandas, en cambio, exigen que sus miembros sigan órdenes, desde cometer actos delictivos hasta reclutar nuevos miembros para la causa.

Tatten cree que esta captación es cada vez más sofisticada, ya que la extrema derecha “se vuelve más calculadora y meticulosa en los detalles que utiliza para manipular a los jóvenes”.

El panorama es sombrío. Pero The Warren es un lugar de esperanza y soluciones efectivas.

Construir confianza y comunidad

The Warren ofrece un espacio seguro para que los jóvenes hablen de sus emociones, expresen sus miedos y dificultades sin ser juzgados, y encuentren una comunidad donde sean valorados por ser quienes son, no por cómo puedan ser explotados. Los equipos, que incluyen a jóvenes que han dejado movimientos extremistas, construyen relaciones a largo plazo, sólidas y de confianza con chicos marginados, ayudándolos a escapar de la trampa de la radicalización.

“Cuando un joven llega con estas ideas, no le decimos de entrada ‘estás equivocado’”, explica Tatten. “Decimos ‘no estamos de acuerdo con eso, pero hablemos de otra cosa’. Hablamos de deportes, videojuegos, música, redes sociales. Construimos esa confianza y abordamos otros problemas que tenga en su vida. Una vez establecida la relación, trabajamos en esa visión extrema. Les decimos ‘en realidad, ¿sabes qué? Tenemos un punto de vista diferente’”.

Todo lo que hace The Warren se centra en construir una comunidad de la que los jóvenes se sientan parte. Y esa comunidad es diversa: el proyecto apoya a jóvenes de todos los géneros, orientaciones sexuales, etnias y nacionalidades.

“Si pasas tiempo como joven con alguien de otro origen étnico, de otro género, con otra visión, con distinto gusto musical o que le guste divertirse con juegos diferentes a los que estás acostumbrado, es imposible que llegues a odiarlos”, dice Tatten. “La propaganda deja de funcionar porque ves la realidad y te das cuenta de que es ridícula. Cuando rechazas esas tonterías, estos extremistas pierden su base”.

Esta propuesta ha llevado a The Warren a recibir atención nacional.. Antes de que termine este año, jóvenes del proyecto viajarán a Downing Street 10, la sede del gobierno, para reunirse con personal del primer ministro Keir Starmer.

Starmer puso la lucha contra la extrema derecha en el centro de su discurso en la conferencia del Partido Laborista en septiembre. “Si dices o insinúas que alguien no puede ser inglés o británico por el color de su piel… tomen nota, lucharemos contra ti con todo lo que tenemos”, dijo el primer ministro.

Pero Tatten no se hace ilusiones. Está consciente de la magnitud del desafío que implica contrarrestar la manipulación y explotación de jóvenes por parte de la extrema derecha. Más aún después de una década de medidas de austeridad en el empleo juvenil, el aumento de la desigualdad y las privaciones, especialmente en antiguos centros industriales y pesqueros como Hull.

Desde 2011, los clubes juveniles y los asistentes sociales de jóvenes en Inglaterra y Gales se han reducido en un 69%, mientras que los clubes que sobrevivieron reportan un aumento de personas que buscan estos proyectos. El año pasado, The Warren ayudó a más de 1.500 jóvenes, más “que los que teníamos antes de la pandemia,” dijo Tatten.

“Los recortes drásticos a los servicios juveniles en la década de 2010 dejaron a muchos adolescentes sin lugares ni adultos de confianza a quienes recurrir para construir relaciones, mantenerse seguros e inspirarse”, dijo a openDemocracy la baronesa Anne Longfield, presidenta ejecutiva del Centre for Young Lives (Centro para la Vida de los Jóvenes) y excomisionada de la Infancia de Inglaterra.

“Tristemente, algunos jóvenes son particularmente vulnerables ante adultos que los manipulan haciéndoles creer que les brindan relaciones que a veces les faltan en otros aspectos de su vida”, dijo.

Proyectos como The Warren pueden ayudar a abordar esa vulnerabilidad. “Construir relaciones de confianza, sostenibles y profundas con niños vulnerables, sus familias y comunidades no ocurre de la noche a la mañana”, dijo Longfield. “Pero es uno de los pilares para alejar a los jóvenes del sistema de justicia penal y mantenerlos a salvo de la radicalización, explotación o violencia”.

A casi 320 kilómetros de Hull, en un club elegante de Knightsbridge, un distrito adinerado del West End londinense, dos artistas del sello discográfico de The Warren actúan en un evento organizado por uno de los financiadores del proyecto juvenil, el Global Fund for Children (Fondo Global para la Infancia).

La artista no binaria Moss canta sobre aprender a aceptarse, mientras MC Yxungmind lidera a un público bien vestido en un enérgico cántico de “solo quiero alabarte”. Su entusiasmo es contagioso mientras se mueve por el improvisado escenario, rapeando sobre su relación con la fe. Ambos provienen de entornos marginados, son ambiciosos, talentosos y llenos de energía. The Warren les ha dado un espacio seguro para desarrollar y expresar sus voces.

“Con tiempo y paciencia, y esa construcción de una relación con alguien joven, una relación de confianza con alguien que no es caótico ni agresivo, que es comprensivo y está dispuesto a dedicarte tiempo, es imposible no conectar”, asegura Tatten. “Y en eso precisamente consiste el trabajo con jóvenes”.

More in Feature

See all

More from Sian Norris

See all