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Víctimas de abusos en Harrods denuncian un ‘sistema corporativo de trata de personas’

Exclusivo: Sobrevivientes afirman que las reparaciones propuestas por Harrods ignoran la estructura empresarial que facilitó los abusos sexuales de su antiguo dueño, Mohamed Al Fayed

Víctimas de abusos en Harrods denuncian un ‘sistema corporativo de trata de personas’
La escalera central de Harrods, Londres - Dukas/Steve Vidler/Universal Images Group a través de Getty Images
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Durante casi 200 años, la alta sociedad londinense – incluyendo reinas, príncipes y princesas – han ido a Harrods a comprar ropa, carteras y joyas de diseño, artículos para el hogar y alimentos gourmet de alta gama.

La lujosa tienda es conocida en todo el mundo por su famosa clientela, sus interiores victorianos y sus costosos productos. Durante décadas, su única sucursal sudamericana, en Buenos Aires, alimentó sueños de opulencia y distinción en las clases medias y altas argentinas.

Pero también durante décadas, la costosa fachada art déco londinense ocultó un lado oscuro. El año pasado, la BBC reveló que el expropietario de Harrods, el multimillonario egipcio Mohamed Al Fayed – padre de Dodi, quien murió junto a la princesa Diana en un siniestro de tránsito en 1997 –, presuntamente acosó y violó a cientos de mujeres jóvenes y adolescentes que trabajaron para él entre finales de la década de 1970 y la década de 2010.

Aunque se habían presentado decenas de denuncias policiales, la más antigua de 1977, Al Fayed murió en 2023 a los 94 años, sin haber sido nunca acusado ni juzgado. Apenas el año pasado la policía de Londres abrió una investigación contra cinco presuntos cómplices. También están en marcha litigios civiles contra Harrods y otros supuestos responsables.

Harrods, que Al Fayed compró en 1985 y vendió al fondo soberano de Qatar por 1.500 millones de libras esterlinas en 2010, respondió con una disculpa a las víctimas, condenando "las acciones de un individuo que se empeñaba en abusar de su poder dondequiera que operaba".

Ante la andanada de juicios civiles, en marzo de este año, la empresa estableció un plan de indemnización "para ofrecer a las sobrevivientes una alternativa al litigio contra Harrods que tuviera en cuenta el trauma sufrido". En julio, informó de que más de 100 víctimas – se estima que habría más de 200 – habían solicitado una reparación.

Pero varias sobrevivientes relataron a openDemocracy su profunda decepción con ese plan de indemnizaciones, porque presenta a Al Fayed como el único responsable, lo que permite a Harrods eludir la responsabilidad empresarial en los presuntos delitos.

Las mujeres acusan a Harrods de "trata", alegando que fueron contratadas para puestos de trabajo legítimos en la tienda y luego transferidas a puestos de oficina inexistentes creados con el único fin de entregarlas a Al Fayed.

“Me dieron un trabajo falso para abusar de mí”, dijo una de esas mujeres, Isabella*, a openDemocracy. "Me contrataron con el pretexto de un trabajo que no existía, solo para explotarme. Esta conducta encaja en la definición internacional de trata de personas según el Protocolo de Palermo [de la ONU] y hoy sería punible bajo la ley contra la esclavitud moderna” del Reino Unido.

Isabella tenía 20 años cuando fue contratada, en la década de 1990, para un trabajo de verano en el departamento de ropa femenina de Harrods. Al principio, pasaba sus jornadas rodeada de ropa de diseño, o atendiendo a clientas adineradas que visitaban el irresistible departamento de perfumería para subir por la escalera mecánica central, flanqueada por efigies faraones egipcios, de un parecido inquietante con Al Fayed.

Entonces, su jefe le dijo que la trasladarían a la oficina del presidente. "Yo era una trabajadora temporal", explicó Isabella a openDemocracy. "Supuse que me trasladaban porque necesitaban personal en esa oficina. Pero cuando llegué, no había nada para hacer. No hacía nada en todo el día".

En su nuevo puesto, a Isabella le asignaban tareas aleatorias que a menudo no tenían nada que ver con las operaciones de Harrods, como comprar un CD para la hija de Al Fayed. "Estaba un poco confundida, pero como era la primera vez que trabajaba en un ambiente como Harrods, pensé que así era como funcionaban las cosas", recordó. El clima laboral era hostil. "Nadie hablaba. Era un entorno que desalentaba la conversación o la interacción, salvo en lo estrictamente necesario".

Isabella relató que Al Fayed concertaba reuniones con ella, a veces tres o cuatro por semana, durante las cuales criticaba su aspecto, la presionaba para que aceptara dinero y la instaba persistentemente a visitar su lujoso apartamento en 60 Park Lane, una de las calles más exclusivas de Londres. Ella rechazó todas sus invitaciones, pero eso no importó. Al Fayed la agredió sexualmente en las oficinas de Harrods.

Una estructura para el abuso

"El abuso no se limitaba a un solo hombre o a unos pocos empleados sin escrúpulos", dijo Isabella. "Era posible y se mantenía gracias a la propia estructura corporativa. Harrods había creado las condiciones para poner a mujeres como yo frente a un depredador, y luego ocultar el abuso. Era todo un sistema".

Ese engranaje se puso en marcha tan pronto como Isabella fue trasladada a la oficina de Al Fayed. A la semana de empezar en su nuevo puesto, el departamento de salud laboral de Harrods la envió a hacerse un chequeo médico. Se dijo al personal que todas quienes trabajaban en esa oficina tenían que hacerse el examen, pero para Isabella el control médico fue "extremadamente raro y horrible".

A medida que el chequeo se hacía cada vez más íntimo, Isabella le preguntó a la doctora Wendy Snell, la médica privada que la estaba revisando, por qué era necesario. Snell, que falleció en 2022, le contestó que un examen médico gratuito era una "ventaja" de trabajar en Harrods. Se desconoce si los hombres de la empresa también debían pasar por estos controles médicos y, en caso afirmativo, si eran tan íntimos como los que, según las mujeres sobrevivientes, se les practicaron a ellas.

Isabella no recibió los resultados de los exámenes; se los entregaron directamente a Al Fayed. Años más tarde, ella tuvo acceso a esos resultados y descubrió que, al igual que a muchas otras víctimas, le habían practicado en secreto análisis para detectar enfermedades de transmisión sexual y garantizar que Al Fayed pudiera abusar de ella sin riesgo de contagio. Los registros médicos la calificaban como "libre de signos de infección".

El sistema también contaba con procedimientos para las secuelas de una agresión sexual, según contó Isabella a openDemocracy. Ella no volvió al trabajo después del abuso, pero su exjefe la visitó en su casa unos días más tarde y le advirtió que si hablaba de lo ocurrido, Al Fayed arruinaría el negocio de su padre. También notó que la seguían los guardaespaldas del multimillonario. "Fue una experiencia muy intimidante", afirmó. "Yo era una joven a la que seguían desde su casa hombres de mediana edad, que no respondían cuando intentaba hablar con ellos".

Isabella cree que hubo muchos empleados de Harrods involucrados en el abuso de Al Fayed. Por ejemplo: el personal de los departamentos de contratación y recursos humanos, que inventaba puestos para colocar a mujeres jóvenes al alcance del dueño de Harrods; el personal de su propia oficina y sus secretarias ejecutivas – algunas de ellas, víctimas también – que organizaban las citas y gestionaban la constante rotación de mujeres, y los equipos internos de finanzas y contabilidad que procesaban los salarios y las indemnizaciones.

También hay que poner en la lista a los bufetes de abogados externos que redactaban acuerdos de confidencialidad, iniciaban demandas conocidas como SLAPP (siglas en inglés de litigio estratégico contra la participación pública), para intimidar a las víctimas y silenciar denuncias, y que colaboraban con empresas de relaciones públicas para disuadir a los periodistas de publicar la historia.

Muchas de las víctimas de Al Fayed están de acuerdo con Isabella. "Al Fayed no podría haber hecho nada de lo que hizo solo", dijo Alison*, quien aseguró haber sido violada por el magnate cuando ella tenía 22 años. "Necesitaba la infraestructura de Harrods para operar y necesitaba a personas dentro de la empresa que facilitaran todo el sistema, ya fuera recursos humanos, seguridad, directores ejecutivos [...] Muchas personas que lo ayudaban y colaboraban en este proceso. No podría haberlo hecho por su cuenta".

Los testimonios de Isabella y Alison están respaldados por una investigación en curso, titulada Powerful Perpetrators (Perpetradores poderosos), sobre violencia sexual y conducta indebida, realizada por Natasha Mulvihill, profesora asociada de criminología de la Universidad de Bristol.

"Personas como Al Fayed no actúan solas", dijo Mulvihill a openDemocracy. "Siempre hay una red de personas a su alrededor que son testigos, facilitadores o incluso cómplices. Paradójicamente, ellos pueden actuar a la vista de todo el mundo, reformulando y normalizando sus actos para que las organizaciones sean cómplices colectivas".

Aunque Harrods declaró a openDemocracy que acepta la "responsabilidad subsidiaria" por los abusos, las sobrevivientes afirman que el plan de indemnización de la empresa elude su propio papel y sus incumplimientos legales, como la obligación de proporcionar un ambiente de trabajo seguro, requisito exigido por la ley desde 1974.

"El plan de reparación de Harrods es demasiado limitado y no aborda a los facilitadores", dijo Shanta Sundarason, quien tenía 23 años cuando fue abusada por Al Fayed y renunció a su derecho al anonimato para hablar públicamente. "Esto no habría pasado si no hubiera habido facilitadores. Los facilitadores ayudaron a Al-Fayed a meterme en su oficina” donde fue atacada.

Las sobrevivientes también afirman que la empresa no reconoce que los presuntos delitos podrían encajar en la definición de trata de personas adoptada internacionalmente por la ONU: "la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, mediante [...] el fraude, el engaño o el abuso de poder [...] con fines de explotación".

"Veo a Harrods como un sistema corporativo de trata de personas, no al margen, sino integrado a la propia estructura de la institución", dijo Isabella. "Me parece que, de no ser por los actos y omisiones de la estructura corporativa de Harrods para facilitar y ocultar la conducta de Al Fayed, y por su incumplimiento del deber de cuidar y proteger a las personas que se encontraban en sus instalaciones, los abusos no habrían ocurrido a la escala y con la intensidad que tuvieron".

Vía médica y no médica

Las denunciantes tienen hasta marzo de 2026 para solicitar una indemnización en virtud del plan de Harrods, gestionado por el bufete de abogados de la empresa, MP Legal.

Varias de ellas dijeron a openDemocracy que este plan, al exigirles pasar por una evaluación médica de un psiquiatra designado por la empresa para acceder al monto mayor de la indemnización, ignora el trauma que muchas víctimas han sufrido.

Las que estén dispuestas a someterse a esa evaluación podrán reclamar hasta 200.000 libras esterlinas en concepto de daños generales, frente a 110.000 libras esterlinas para quienes opten por una vía alternativa de reparación.

Además, quienes sigan la denominada ‘vía médica’ podrán solicitar una reparación por gastos de tratamientos previos y hasta 150.000 libras por el eventual daño laboral, en los casos en que la carrera profesional se hubiera visto severamente afectada por el abuso de Al Fayed.

Ninguna de estas opciones estará disponible para quienes rechacen someterse a la evaluación médica. Además, se puede reclamar el pago de hasta 10.000 libras en compensación por los controles de salud abusivos y “pruebas indebidas”, tanto en la vía médica como en la no médica.

"Teniendo en cuenta lo que vivieron tantas mujeres", dijo Alison, "que un médico designado por Harrods [realice un diagnóstico] me parece muy poco ético y potencialmente muy traumático". El procedimiento sería especialmente revictimizante para "aquellas que tuvieron que someterse a exámenes médicos realizados por representantes de Harrods".

Isabella dijo recordar que, después de ser revisada por la doctora Snell, se sintió "traumatizada y como si realmente me hubieran violado". A algunas sobrevivientes, esos análisis secretos en busca de enfermedades de transmisión sexual les dejaron secuelas psicológicas para toda la vida.

Este fue el caso de Eve*, agredida por Al Fayed mientras trabajaba para su familia en 2011, cuando él tenía 82 años y ella veintitantos.

El examen "fue con todo, en la camilla, quitarse los pantalones, insertar el espéculo, un examen ginecológico completo", dijo Eve. "Me sentí muy avergonzada, no estaba preparada para eso. La doctora me preguntaba si era sexualmente activa, si tenía algún problema con el sexo".

Eve no pudo tolerar desde entonces controles de rutina, como la citología cervical para detectar cáncer de cuello uterino. "Esta situación puso mi vida en peligro, porque tengo un bloqueo mental", dijo. "No me atrevo a ir por la vergüenza que sentí ese día".

Un portavoz de Harrods dijo a openDemocracy que "el programa [de reparación] ofrece un panel de psiquiatras consultores y es importante señalar, ya que ha habido afirmaciones engañosas por parte de los medios de comunicación con respecto a este asunto, que este panel incluye a expertos designados por los principales bufetes de abogados especializados en lesiones personales que representan a las sobrevivientes. Los psiquiatras consultores reciben instrucciones comunes y proporcionan toda la información y sus reportes de manera simultánea a ambas partes, como psiquiatras consultores designados de forma conjunta.

"Aunque para presentar reclamaciones por daños personales (como abusos sexuales) en Inglaterra y Gales se requiere un informe médico de un experto, el programa se ha diseñado expresamente para incluir una ‘vía no médica’, que proporciona otra forma de indemnización por abusos sexuales sin necesidad de ninguna evaluación médica ni de compartir registros".

Sin embargo, las sobrevivientes señalan que los propietarios de Harrods, la Autoridad de Inversiones de Qatar, cuyo valor estimado era el mes pasado de 557.000 millones de dólares, no tenían obligación de imitar el programa oficial de indemnización por lesiones penales de Inglaterra y Gales, creando un sistema basado en una evaluación médica de si existe trauma o no. Simplemente decidieron hacerlo.

Este formato en dos niveles, nos dijeron las mujeres, implica que las víctimas que no revelaron el abuso en el pasado, ni siquiera a sus doctores, o que no puedan demostrar daños psiquiátricos o laborales no podrán acceder a los montos mayores de la indemnización.

"El plan por niveles es horrible", dijo Sundarason. "Es muy degradante; creo que es muy injusto que Harrods lo clasifique así. Cada caso es diferente y deberían tratar a cada mujer de forma diferente".

Muchas víctimas creen que no obtendrán justicia con ningún plan de reparación que esté "en manos del agresor", como lo describió Isabella.

Las mujeres quieren un nuevo plan de indemnizaciones, independiente y legal, que no se divida en vías médicas y no médicas, que elimine a las personas designadas por Harrods del proceso y que reconozca la complicidad sistémica en los abusos, así como las propias acciones violentas de Al Fayed.

"Las sobrevivientes pedimos que se rindan cuentas por todos los daños que se nos han infligido", afirmó Isabella. Alison añadió: "Debido a mi desconfianza general hacia Harrods, el plan no me inspira confianza, ya que esa es mi relación con Harrods. Puede parecer parcial, pero se basa en mi experiencia con ellos".

El caso de Eve pone de manifiesto otra grave deficiencia del plan, que solo contempla a víctimas que sufrieron abusos antes de que Al Fayed vendiera Harrods en mayo de 2010, aunque siguió siendo presidente honorario durante seis meses más. Ella no tiene derecho a ninguna reparación. Si bien fue abusada por Al Fayed en 2011, el personal de Harrods había preparado el terreno para su agresión en los meses anteriores.

"Fui examinada por un médico de Harrods y enviada al examen por los guardaespaldas de Harrods", afirmó. Eve también cree que Al Fayed la mandó vigilar en los días previos a la agresión.

"No es solo la persona, son los bancos que la financiaron, las personas que la habilitaron, fue toda la red", dijo.

"La percepción es que fue un solo hombre que manoseó a unas cuantas chicas. Fue una máquina sistémica y corrupta. No fui agredida porque estuviera allí. Fui agredida porque pasé por un proceso: el reclutador, la entrevista, el examen médico, el control de seguridad, el acuerdo de confidencialidad, el guardaespaldas. No fueron agresiones aleatorias y esporádicas, fue un enfoque lineal".

Isabella se hizo eco de estas palabras. "Lo que queda claro de los relatos de las sobrevivientes es que no se trataba de una táctica aislada, sino de un patrón más amplio: mujeres engañadas, coaccionadas y abusadas con las características clásicas de la trata de personas", afirmó.

En un comunicado, Harrods declaró a openDemocracy: "El objetivo del Plan de Indemnización de Harrods es ofrecer apoyo financiero y psicológico a las sobrevivientes de los abusos sexuales perpetrados por Mohamed Al Fayed, por los que Harrods ha aceptado la responsabilidad subsidiaria. Siempre hemos dejado claro que el plan puede no ser adecuado para todas las reclamaciones, y el control está en manos de las sobrevivientes, que pueden decidir, en cualquier momento, buscar vías alternativas de reparación, como litigios o acciones contra otras partes, como el patrimonio de Al Fayed".

Sobre el origen de la fortuna del magnate, Harrods ha declarado: "Según numerosas informaciones, Al Fayed tuvo diversos intereses comerciales importantes antes, durante y después de ser propietario de Harrods".

Richard Meeran, socio del bufete de abogados Leigh Day y responsable de algunas de las demandas de las víctimas contra Harrods, declaró a openDemocracy que “es necesario llevar a cabo una investigación exhaustiva de las irregularidades y deficiencias sistemáticas para proteger a las sobrevivientes de abusos sexuales, no solo por parte de Al Fayed y Harrods, sino también de otros, como la Policía Metropolitana, la Fiscalía de la Corona y los profesionales médicos".

Sundarason dijo que lo sucedido “me persigue hasta el día de hoy, pero siento que para seguir adelante, necesito hablar de ello; es muy importante que haya una forma de que las versiones más jóvenes de mí puedan dar un paso al frente, contarle a alguien lo que pasó, poder decir la verdad y que les crean".

*Algunos nombres de las víctimas fueron cambiados para proteger su identidad. Las víctimas de agresiones sexuales tienen derecho al anonimato de por vida

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