Skip to content

Repartidores del Reino Unido atrapados entre las redadas antiinmigrantes y el algoritmo

Los migrantes sin permiso de trabajo en Reino Unido se ganan la vida mediante aplicaciones de reparto que los explotan y los exponen a represión policial

Repartidores del Reino Unido atrapados entre las redadas antiinmigrantes y el algoritmo
El gobierno británico persigue con dureza las bicicletas eléctricas modificadas, y ataca el sustento de muchos inmigrantes

“Cualquiera puede ser del Ministerio del Interior”, dijo Ibrahim* en una breve conversación cerca de un punto de reunión de repartidores en Birmingham, ciudad del centro-oeste de Inglaterra.

Ibrahim es de Sudán. Llegó al Reino Unido con una visa para trabajadores patrocinados del sector de cuidados, pero perdió su empleo poco después, cuando el Ministerio del Interior (Home Office) revocó la autorización de su empleador y patrocinador.

Recién llegado, con pocos contactos y solo 60 días para encontrar un nuevo empleador, Ibrahim no pudo mantener su visa. Como último recurso, solicitó asilo y comenzó a trabajar como repartidor, utilizando la cuenta de un repartidor registrado.

La historia de Ibrahim no es rara: hemos sabido de varios casos similares mientras investigábamos la situación de los conductores migrantes en el Reino Unido.

Pero en las últimas semanas notamos que los trabajadores migrantes se muestran menos dispuestos a hablar. Son más cautelosos cuando hablan con desconocidos, más reacios a compartir sus opiniones y cada vez más desconfiados sobre quiénes somos, qué estamos investigando y para quién.

Los últimos cambios políticos del gobierno laborista son la causa de esta reticencia. A partir de ahora, la aplicación de la ley de inmigración se enfocará menos en los cruces irregulares del Canal de la Mancha desde el continente europeo y más en el trabajo irregular.

Este cambio se debe en parte a la constatación de que la vigilancia de las fronteras es compleja, tanto en lo político como en lo diplomático. También obedece a la creciente comprensión por parte del gobierno de que, a pesar de los discursos públicos y mediáticos sobre la migración en el Reino Unido, la mayoría de los migrantes con alguna irregularidad en sus documentos no llegaron a través del Canal de la Mancha.

Ibrahim es un ejemplo. Ingresó con un visado válido. Ahora que tiene una solicitud de asilo abierta, sigue teniendo derecho legal a permanecer en este país. Pero no tiene derecho a trabajar.

El gobierno parece haber comprendido que confundir distintos grupos de migrantes fue la causa de fracasos políticos, sobre todo de la prolongada concentración de recursos destinados a aplicar la ley migratoria en las fronteras geográficas del Reino Unido. Esta nueva política es un cambio de rumbo para reforzar un entorno hostil. Como siempre, los migrantes pagarán el precio.

¿Qué convierte a un migrante en irregular?

Existen ideas erróneas muy arraigadas en los medios de comunicación y el discurso político sobre qué es la migración irregular y quiénes son los migrantes irregulares. La línea entre la migración regular y la irregular es mucho más difusa y depende mucho más del contexto de lo que se suele suponer.

Entrar a un país sin autorización – el caso de quienes cruzan el Canal de la Mancha o el mar Mediterráneo en embarcaciones precarias – no convierte automáticamente a una persona en migrante irregular.

Si la persona pide asilo en el país de llegada, será residente legal mientras se tramite su solicitud de asilo. Su derecho a permanecer en el país solo se revisará una vez que se haya tomado una decisión definitiva sobre su asilo. La apelación de una decisión negativa puede prolongar aún más el proceso y el derecho de permanencia del solicitante.

Sin embargo, los solicitantes de asilo en el Reino Unido no tienen derecho automático a trabajar. Solo pueden pedir un permiso de trabajo una vez que su caso ha estado en proceso de resolución durante más de seis meses. No se garantiza una respuesta positiva. Se espera que los solicitantes de asilo sin permiso de trabajo sobrevivan con una asignación semanal de 49,18 libras esterlinas para cubrir gastos de alimentación, ropa, artículos de aseo y transporte público.

La guerra del Partido Laborista contra el trabajo irregular es cada vez más visible en las calles

Los migrantes que llegan por otras vías también pueden pasar de la regularidad a la irregularidad, a veces muy rápidamente. Esto puede ser consecuencia de permanecer en el país después de la expiración de una visa o de incumplir los términos y condiciones de esa visa.

También puede ocurrir por razones totalmente ajenas al control del migrante, como le ocurrió a Ibrahim. Las autoridades se enfocaron en su empleador y patrocinador, no en él; pero la pérdida de su visa fue un daño colateral.

La arquitectura del sistema migratorio posterior al Brexit hizo más fluida la situación en la frontera del Reino Unido. Se introdujeron más visas de corta duración y aumentaron los costos de renovar las visas.

También se hizo más estrecho el vínculo entre los trabajadores migrantes y patrocinadores específicos, limitando o eliminando por completo el derecho de los trabajadores a cambiar de empleador o patrocinador mientras se encuentran en el país.

De ‘aplastar a las bandas’ a ‘aplastar a los trabajadores’

En Birmingham, la guerra del Partido Laborista contra el trabajo irregular es cada vez más visible en las calles. Datos del Departamento de Control de Inmigración obtenidos mediante la Ley de Libertad de Información muestran un marcado aumento de las redadas desde que el laborismo llegó al poder.

En los primeros nueve meses del nuevo gobierno, se llevaron a cabo 349 redadas contra inmigrantes en Birmingham, un aumento del 79% respecto de los nueve meses anteriores bajo el gobierno conservador (195 redadas).

Estas redadas se distribuyen de forma desigual en el territorio. Dos zonas postales (B21 y B26), que incluyen algunas de las áreas étnicamente más diversas y económicamente más desfavorecidas de la ciudad, son objeto especial de estos operativos.

La represión se apoya en una creciente campaña contra las bicicletas eléctricas modificadas. Aquí vemos cómo convergen una postura tradicional de derecha contra la inmigración y na preocupación más liberal por la seguridad vial y el cumplimiento de las normas de tránsito.

Se despliegan fuerzas policiales para detener a los ciclistas y verificar su estatus migratorio. Si se detecta alguna irregularidad, se les remite a las autoridades de migraciones.

Aparte de la amenaza de caer en manos de las autoridades, esta medida, aparentemente relacionada con la seguridad vial, es también un ataque indirecto al sustento de cientos de migrantes.

Las bicicletas eléctricas modificadas para alcanzar velocidades muy superiores al límite legal se han vuelto una necesidad de muchos repartidores, ya que la caída de la tarifa que se paga por cada reparto y otros ajustes algorítmicos de las compañías que manejan estas plataformas hacen cada vez más duro ganarse la vida con una bicicleta común.

“Ya no se puede sobrevivir con una bicicleta normal”, nos dijo un repartidor, Benedito. “La distancia que hay que recorrer entre un pedido y otro ahora es mayor. Si no usas una bicicleta eléctrica, vas demasiado lento y la aplicación te asigna menos entregas”.

Pero esta herramienta de trabajo se ha convertido en otra trampa para controlar la inmigración.

Un entorno realmente hostil

La guerra del actual gobierno británico contra el trabajo irregular complica la supervivencia de los trabajadores migrantes. Pero las redadas de inmigrantes y la trampa de las bicicletas no son las únicas herramientas de su arsenal.

Siguen vigentes políticas anteriores que excluyen a los migrantes de los sistemas de seguridad y de respaldo.

Las bicicletas eléctricas y las motos permiten a los repartidores cubrir distancias más largas y aumentar la cantidad de entregas. Sin embargo, ofrecen poca protección, lo que los deja vulnerables al abuso, el robo y los ataques de pandillas.

Como muestra nuestro último informe, los repartidores tienen pocas opciones cuando padecen este tipo de incidentes. Denunciar los robos a la policía suele ser inútil y potencialmente arriesgado. Los trabajadores que entrevistamos tenían miedo de exponerse a que les controlaran su situación migratoria.

El negocio del reparto de comida a domicilio se ha convertido en un laboratorio de nuevas formas de control migratorio

Las plataformas tampoco ofrecen protección. Giovanna, una repartidora brasileña, explicó: “Denuncié [el ataque de un cliente] a la empresa, pero me dijeron que era yo quien había tratado mal al cliente... aunque fueron ellos quienes me maltrataron”.

Rayan, otro repartidor, expresó una sensación de abandono similar: “Si me hago daño, si algo sale mal, la empresa no hace nada. Ni siquiera saben que existo”.

La desactivación de cuentas es frecuente y puede ocurrir de forma instantánea, sin explicación ni posibilidad de recurso alguno. Como explica Guilherme, un brasileño con estatus de residente: “Simplemente desapareces. La aplicación deja de darte trabajos y no sabes por qué”.

En este entorno hostil, los repartidores dependen unos de otros. Gaetano relató: “La única ayuda que recibí fue de otro migrante que me dijo cómo apelar una prohibición de la plataforma. Si no hubiera sido por él, lo habría perdido todo”.

Estas solidaridades informales son poderosas, pero también frágiles y desiguales. Las consecuencias de las leyes de inmigración y el control algorítmico se extienden mucho más allá de los propios repartidores, y dan forma a la vida familiar, la vivienda, la salud y las aspiraciones de largo plazo.

Nuestra investigación muestra que el negocio del reparto de comida a domicilio ya no es solo un lugar de supervivencia económica informal para migrantes precarios; se ha convertido en un laboratorio de nuevas formas de control migratorio.

En este régimen híbrido, el control algorítmico se fusiona con la implementación de las leyes de inmigración y genera una fuerza laboral tan vulnerable como visible: altamente vigilada y funcionalmente desechable.

El fenómeno revela una alineación inquietante entre el entorno hostil del Reino Unido y la infraestructura del capitalismo de plataformas. Los migrantes son lo suficientemente legales como para ser explotados, pero no lo suficientemente legales como para ser protegidos.

La vulnerabilidad no es ni incidental ni accidental. Es producida, monetizada y sostenida. Y se está poniendo peor. El Partido Laborista tomó el relevo de los conservadores y decidió llevarlo hasta sus últimas consecuencias.

*Todos los nombres fueron cambiados para proteger la identidad de las personas.

Nando Sigona

Nando Sigona is professor of international migration and forced displacement and director of the Institute for Research into Superdiversity at the University of Birmingham, UK

All articles

More in Opinion

See all

More from Nando Sigona

See all