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La apuesta bélica billonaria de Trump: ¿dará votos en las elecciones de medio mandato?

Mientras las miradas estaban puestas en Caracas, las fuerzas estadounidenses lanzaron ataques en tres continentes. Esta es una presidencia en guerra

A medida que se acercan las elecciones de medio mandato, Trump está colocando firmemente a Estados Unidos en pie de guerra
A medida que se acercan las elecciones de medio mandato, Trump está colocando firmemente a Estados Unidos en pie de guerra - Alex Wong/Getty Images

El plan de Donald Trump para elevar el gasto militar de Estados Unidos a 1,5 billones de dólares indica, en el mejor de los casos, la intención de situar la fuerza militar en el centro de su presidencia y, en el peor, una administración que se prepara para una guerra total.

El miércoles 7, el presidente presentó su propuesta de aumentar el presupuesto de defensa en casi un 60% para el ejercicio fiscal de 2027, tras tres semanas de operaciones estadounidenses letales en Nigeria, Siria, Venezuela y los litorales del Caribe y el Pacífico.

Un aumento de esta magnitud, desde los 901.000 millones de dólares de este año, sugiere que la Casa Blanca se está preparando para una guerra de gran escala, un escenario para el que Trump ha dicho que el mundo debe estar preparado.

Al anunciar el plan en su plataforma Truth Social, tras el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte del ejército estadounidense, Trump afirmó que vivimos tiempos “muy turbulentos y peligrosos”.

Trump añadió que el aumento del gasto “nos permitirá construir el ‘Ejército de Ensueño’ al que desde hace tiempo tenemos derecho y, lo que es más importante, nos mantendrá SEGUROS y PROTEGIDOS, independientemente del enemigo”.

Lo que pretende el presidente de Estados Unidos debe situarse en el contexto de lo que el Pentágono ha estado haciendo en las últimas tres semanas.

La captura de Maduro, así como el asalto a la capital venezolana, Caracas, y a otros tres estados del país, fue una operación de gran envergadura en la que participaron 150 aeronaves militares estadounidenses y un amplio contingente de fuerzas especiales.

Los daños fueron considerables: según funcionarios de ambos países, murieron 32 cubanos y 24 venezolanos, aunque el ministro del Interior de Venezuela, Diosdado Cabello, elevó la cifra a más de 100 personas.

Los ataques también causaron daños sustanciales a las comunicaciones y al suministro eléctrico del país. Desde entonces, Trump ha dejado claro que el papel de Venezuela ahora es suministrar petróleo a Estados Unidos y comprar productos estadounidenses a cambio. O se convierte en un Estado cliente de Estados Unidos, o será objeto de nuevos ataques.

El intento de Trump de poner fin al régimen en Venezuela puede haber llevado a Estados Unidos a un nuevo nivel de militarismo, pero también nos indica cómo probablemente se desarrollarán los diez meses previos a las elecciones de medio término; que se celebrarán el martes 3 de noviembre para elegir a todos los representantes y a un tercio de los senadores del Congreso. Además, en estas elecciones 36 de los 50 estados de Estados Unidos eligen sus gobernadores para un mandato de cuatro años.

La atención mediática se ha centrado en Venezuela durante las últimas tres semanas, pero ha estado lejos de ser el único objetivo de Estados Unidos.

El ejército estadounidense ha empleado fuerza aérea letal en al menos otros cuatro conflictos en tres continentes, incluida una serie de bombardeos contra paramilitares islamistas en el norte de Nigeria el día de Navidad. Trump afirmó que el ataque fue una respuesta a la persecución de cristianos, llegando incluso a decir al The New York Times que habrá más ataques “si continúan matando a cristianos”.

Aunque hay pocas pruebas que respalden esta afirmación, es un mensaje que probablemente tenga buena acogida entre los evangélicos estadounidenses, especialmente los sionistas cristianos, de quienes Trump depende para obtener votos.

En la práctica, el impacto en la seguridad fue mínimo y, una semana después, paramilitares atacaron el mercado de Kasuwan Daji, en el estado de Níger, matando al menos a 30 personas y secuestrando a muchas más.

Mientras tanto, las fuerzas del Comando Sur de Estados Unidos continuaron una campaña de cuatro meses de ataques contra pequeñas embarcaciones en los litorales del Caribe y el Pacífico, supuestamente dedicadas al transporte de drogas desde Venezuela hacia Estados Unidos. Los ataques del 31 de diciembre mataron a cinco personas, elevando el total desde principios de septiembre a 114 muertes en 35 ataques.

Dentro del mismo período de tres semanas, el Comando Central de Estados Unidos llevó a cabo lo que describió como un “ataque masivo” contra ISIS en Siria, atacando más de 70 objetivos con aviones de combate, helicópteros de ataque y artillería.

Las fuerzas estadounidenses también participaron en ataques contra paramilitares islamistas de Al Shabaab cerca de Jilib, en el centro de Somalia, el último de una serie de operaciones estadounidenses en todo el país.

Además, el Pentágono está ampliando sus operaciones para rastrear y abordar petroleros, en particular aquellos que transportan petróleo desde Irán y Venezuela hacia Rusia.

Más allá de todo esto, Trump está permitiendo que Netanyahu actúe con impunidad en Gaza, al tiempo que impulsa un enorme nuevo programa de construcción de asentamientos en Cisjordania ocupada y Jerusalén Este.

Este renovado énfasis en las intervenciones en el extranjero desmiente las afirmaciones de que se trata de una presidencia que busca evitar guerras. Ocurre lo contrario, y Trump parece estar plenamente convencido de que puede actuar con impunidad en sus esfuerzos por convertir a Estados Unidos en el Estado más poderoso del mundo.

Además, la magnitud del ataque a Venezuela envía un mensaje claro a los países de América Latina sobre lo que Trump está dispuesto a hacer. También encaja en una estrategia más amplia de demostración de poder frente a China, un objetivo particular de la operación en Venezuela.

China participa actualmente en unos 600 proyectos conjuntos con el gobierno de Caracas y tiene alrededor de 70.000 millones de dólares invertidos en el país.

En el seno de la administración Trump existe el reconocimiento de que Estados Unidos se encuentra en declive económico relativo frente al ascenso de China, especialmente en sus relaciones con el Sur Global. Donde no está en declive, sin embargo, es en el poder militar, con un presupuesto de defensa en expansión y una red mundial de más de 750 bases militares en más de ochenta países.

En parte por ello, el éxito de Trump en Venezuela le da confianza para ir más lejos, haciéndolo más proclive a amenazar con cambios de régimen en Cuba, México, Colombia y, por supuesto, Groenlandia.

Hay otro factor a considerar en los próximos diez meses. Para que el movimiento trumpista Make America Great Again (Hacer a Estados Unidos grande otra vez, MAGA, por sus siglas en inglés) se mantenga en rumbo, los republicanos deben conservar el control de ambas cámaras del Congreso.

Sin embargo, ya enfrentan serios problemas en la Cámara de Representantes, donde los 435 escaños se renuevan en noviembre, y las encuestas sugieren una posible pérdida de control.

Trump también se enfrenta a profundas tensiones internas en un país cada vez más polarizado, siendo la fuerte reacción a la muerte de Renee Nicole Good – una ciudadana estadounidense de 37 años, poeta y madre de tres, que fue fatalmente disparada por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Minneapolis, el ejemplo más reciente.

De manera más general, para la mayoría de los estadounidenses, el estado de la economía está empeorando la vida, no mejorándola, salvo para la minoría que se beneficia de los recientes cambios fiscales. Al mismo tiempo, los recortes a programas financiados a nivel federal en seguridad social, salud y otras áreas se están volviendo cada vez más visibles.

En estas circunstancias, una selección de guerras en el extranjero en los próximos meses serviría como poderosas demostraciones de la supuesta grandeza de la América de Trump y podría ayudar al movimiento MAGA en su momento de necesidad. Esa es una razón adicional para que los líderes políticos de Cuba, México, Colombia, Groenlandia, Dinamarca y otros lugares afronten los meses venideros con aprensión.

Paul Rogers

Paul Rogers

Paul Rogers is professor in the department of peace studies at Bradford University, northern England.

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