Gina Reales, lideresa de Quibdó (departamento del Chocó, en el Pacífico colombiano), lucha día a día por mejorar la realidad de su comunidad, que hoy se encuentra en condiciones extremas. Este es su testimonio.
Mi vida, mi infancia, comenzó en el Chocó. Nací en Quibdó, pero como mi papá es docente, viví en diferentes lugares, entre ellos Antioquia, Atlántico, y Apartadó, donde pude relacionarme con diferentes culturas y aprendí. Ahora se me da fácil relacionarme, ser más empática, porque entiendo la percepción que tienen las otras culturas.
Mi papá estudio en la UTCH, entonces saqué el impulso de estudiar de él, que es alguien comprometido con su formación, al ser el mejor profesor. Estudió química y biología y fue uno de los mejores docentes de El Carrasquilla, uno de los centros más conocidos en Quibdó.
Mi madre, siempre me inculcó estudiar. Si no hacía la tarea, me pegaba, y hasta que no la terminara, no podía pararme del puesto y ella, siempre me inculcó estudiar.
Mi infancia siempre estuvo rodeada de escasez material pero de mucha abundancia de recursos naturales y aunque tuve muchas necesidades materiales, siempre tuve en mente que tenía que estudiar y salir adelante.
Se me metió que tenía que estudiar en la universidad, y estudié ciencias sociales. Yo me la pagué, hacía trabajos redactando para mis compañeros y vendía revistas, ropa, relojes, y así conseguí para pagar mis estudios hasta que los terminé y ahí comencé, en mis últimos años de pregrado, en el trabajo social.
Liderar para avanzar
Desde muy pequeña participé en temas sociales para ayudar a mi comunidad, pero cuando estaba terminando la universidad, conocí una fundación que se llama "Chocó Joven" en Quibdó, y comencé esta carrera en trabajo social. Ahí hice un voluntariado en un proyecto en el que capacitamos a chicos de las afueras de la ciudad de barrios peligrosos y violentos en buenos valores, proyectos de vida, para poder tener una vida exitosa.
Luego paso a trabajar en un programa del Gobierno que era “Estrategia Unidos”, cuyo foco era trabajar por ayudar a mejorar la calidad de vida de las familias en Quibdó y en corregimientos del Chocó, donde teníamos que navegar 12 o 14 horas para llegar a donde atendíamos a las familias. La idea era poder revisar y ayudarlos a cumplir 45 objetivos que tenían que ver con estudio, acceso a salud, alimentación y cosas así.
Después de eso, yo terminé mi pregrado y me vine a Medellín. Con unos ahorros que tenía de mis trabajos estudié mi maestría en Relaciones Internacionales, y comienzo a trabajar en el Centro de Ciencia y Tecnología, donde fui asesora del programa Ondas, que asesoraba investigación en proyectos educativos. Luego trabajé en Metrosalud, en un proyecto de escuelas y vida saludable para capacitar a jóvenes sobre estilo de vida saludable, planificación, proyecto de vida, todo lo que se debe saber para tener una vida sana y exitosa.

Cuando acabé la maestría, me devolví a Quibdó. Las condiciones en las que viví de pequeña me marcaron la forma en la que deseaba trabajar en mi futuro. Si no hubiera tenido en mente qué quería ser, no habría podido. Fui la primera profesional de mi hogar y definitivamente ratifico que tener la posibilidad de estudiar contribuye mucho a nuestro futuro.
En Chocó volví para ser líder de alianzas para la gestión de fuentes de financiación para proyectos educativos en la Secretaría de Educación Departamental y luego fuí a la Gobernación del Chocó para fortalecer este tipo de alianzas pero para todos los sectores: educativo, salud, deportes, cultura, entre otros.
Todos los espacios en los que he estado me han permitido dedicar gran parte de mi vida al componente social. Yo quiero articular ideas, actores e iniciativas locales porque en Chocó nos quedamos en el discurso de “tenemos, tenemos, tenemos...”, pero no mostramos.

Ahora estoy en Naciones Unidas como asesora territorial de programas y proyectos SAN, que es seguridad alimentaria y nutricional para Chocó. Acá ese tema es enorme con la pandemia. Hace poco se entendió que, donde hay violencia, hay hambre, y viceversa. Entonces, si queremos combatir la violencia, tenemos que combatir el hambre, pero ayudando a que los pueblos lo hagan por sus propios medios.
Chocó, tierra de oportunidades
Creo que mi camino no va ni por la mitad. Creo que muchas personas en el Chocó viven con las necesidades con las que yo viví cuando era niña: yo, para tener agua, tenía que cargar baldes de agua o bañarme en la lluvia y así hacíamos muchos.
Acá el tema de la Covid-19 no se vive como una crisis de salud pública, sino como una crisis humanitaria, porque la gente está en su casa, encerrada, sin nada que comer.

Acá, más del 70 por ciento de los empleos son informales. Entonces, no salir es no poder vivir. La verdad, es como si estuviéramos en Colombias distintas. Por lo tanto se deben establecer condiciones en los territorios para que funcionen los acuerdos de paz y nuestra población viva dignamente.