Según las autoridades sanitarias palestinas, más de 3.000 palestinos han muerto en los once primeros días de la quinta guerra en Gaza desde 2008. Más de 10.000 han resultado heridos y un millar siguen desaparecidos, principalmente bajo los escombros de los edificios bombardeados. También han muerto al menos 1.400 israelíes, entre ellos 279 soldados, y otros 3.400 han resultado heridos.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han declarado que lanzarán una operación de gran envergadura en el norte de Gaza -centro militar de Hamás- para destruir irreversiblemente al grupo, a cuyos miembros el presidente israelí, Binyamin Netanyahu, describió como "monstruos sedientos de sangre". Tras una orden de evacuación, al menos medio millón de gazatíes han huido ya hacia el sur.
La historia sugiere que Gaza sufrirá una enorme devastación en los próximos días. Hamás debió preverlo cuando lanzó un ataque contra Israel el 7 de octubre, lo que sugiere que ha planeado lo que ha pasado desde entonces.
No hay indicios de cuánto tiempo permanecerá cerrado el norte de Gaza a su población, ni siquiera de si su cierre será permanente. El sur de Gaza también alberga muchas instalaciones militares de Hamás, por lo que se espera que el asalto israelí al norte de Gaza continúe después hacia el sur, y probablemente se extienda también a los partidarios de Hamás en la Cisjordania ocupada.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, hizo u viaje relámpago a Israel, para alentar cierta moderación por parte del gobierno de Netanyahu y limitar el número de muertos y heridos palestinos, aunque una enorme pérdida de vidas en el hospital Al-Alhi Al-Arabia de la ciudad de Gaza durante la noche de su visita la ensombrece. Los comentarios de Biden a Israel de que parece que "el otro bando" estaba detrás del ataque al hospital -aún sin confirmar- sugieren que seguirá respaldando a Netanyahu, al igual que los informes de periodistas en Israel sobre un importante puente aéreo de suministros militares estadounidenses.

Para evaluar lo que sucederá a continuación, debemos recordar el contexto. Gaza fue ocupada por Egipto durante la Guerra de Independencia israelí de 1947 a 1949, convirtiéndose en destino de cientos de miles de refugiados palestinos que huían de las fuerzas israelíes. Dos décadas después, en la Guerra de los Seis Días de 1967, las fuerzas israelíes tomaron la Franja de Gaza y desalojaron a los egipcios, ocupándola y controlándola hasta 2005, cuando Israel se retiró y la traspasó a la Autoridad Palestina (AP).
Hamás obtuvo por escaso margen el mayor número de escaños en la asamblea legislativa palestina en 2006, pero se hizo con el control de Gaza por la fuerza al año siguiente, cuando fracasó el gobierno conjunto con la AP. Como respuesta, el gobierno israelí impuso un bloqueo a la franja y, desde entonces, el control general israelí de Gaza ha sido casi total, siendo el territorio en la práctica una prisión abierta para dos millones de personas. Los habitantes sobreviven en gran parte gracias a los alimentos que les proporciona el Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas (OOPS), que también trabaja para educar a los jóvenes, muchos de los cuales descienden de los refugiados de la década de 1940. Estados del Golfo como Qatar también prestan ayuda.
Cuando parezca que las FDI tienen éxito aplastando a Hamás, esto será profundamente engañoso
En 2006, Hamás desarrolló cohetes artesanales para dispararlos contra Israel. Más recientemente, ha desarrollado una amplia red de túneles dentro de Gaza y a través del sur de Israel y Egipto, principalmente para el contrabando y la infiltración. Antes de la guerra actual, Israel respondió repetidamente al poder emergente de Hamás con cuatro guerras que han incluido intensos ataques aéreos y una gran incursión terrestre.
En la primera, en 2008-09, Israel mató a 1.400 palestinos y perdió a 13 de los suyos. La tercera guerra, en 2014 (la segunda fue en 2012), incluyó una guerra terrestre y vio cómo las FDI sufrían pérdidas inusualmente elevadas en su Brigada Golani de élite. Murieron cinco civiles israelíes y las FDI perdieron 67 soldados, pero mataron a 2.100 palestinos e hirieron hasta a 10.000.
Aun así, en los últimos años Israel ha considerado a Hamás una amenaza decreciente, dadas las numerosas medidas de seguridad que ha adoptado -incluidos sus estrictos controles fronterizos y las patrullas aéreas, navales y de drones regulares- y la omnipresencia de su sistema de inteligencia.
El atentado del 7 de octubre supuso una enorme conmoción para el Estado israelí, así como una experiencia directamente atroz para muchos miles de israelíes de a pie. La supervivencia del gobierno de Netanyahu depende de lo que haga a continuación. La conducta de Israel en las últimas guerras revela que habrá una verdadera embestida que matará a miles de personas más y destrozará gran parte de Gaza.
El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos calcula que Hamás cuenta con entre 15.000 y 20.000 efectivos en sus milicias, aunque fuentes israelíes sugieren que esta cifra podría ascender a 30.000 personas. Al menos un tercio, posiblemente la mitad, de sus 3.000 paramilitares que entraron en el sur de Israel el 7 de octubre murieron. Teniendo en cuenta el tamaño comparativo de las IDF -según los informes, cuenta con 169.000 soldados en activo y casi 500.000 reservistas- y su enorme potencia de fuego, ¿cómo puede Hamás reclutar a suficientes hombres jóvenes para luchar por su causa?
La elevada tasa de natalidad palestina garantiza una población joven, y más de un millón de personas han crecido en Gaza viendo de primera mano las consecuencias de la guerra, incluido el elevado número de muertos a manos de Israel. Incluso antes de los sucesos de la última quincena, 5.365 palestinos (entre combatientes y civiles) habían muerto en Gaza desde principios de 2008, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, que cifra las pérdidas israelíes en 308 en el mismo periodo de tiempo.
En Gaza, decenas de miles de personas siguen viviendo en los campos de refugiados de la década de 1940, y la zona tiene una tasa de desempleo de alrededor del 50%. Estas zonas urbanas abarrotadas, peligrosas y empobrecidas constituyen un extraordinario campo de reclutamiento para Hamás. Sobre todo los hombres jóvenes tienen poco que perder si se alistan. Dado el nivel de planificación, los paramilitares que perpetraron el atentado del 7 de octubre sabían que sus posibilidades de supervivencia eran limitadas y estaban preparados para morir.
Algunos dirigentes de Hamás se encuentran en el extranjero, pero la mayoría están en Gaza y corren el riesgo de ser asesinados desde hace años. Tampoco ellos esperan vivir mucho tiempo.
Así que cuando las FDI utilicen la fuerza extrema contra Hamás y parezca que consiguen aplastar al grupo, esto será profundamente engañoso. Es probable que Hamás vea esto como una fase inicial de un conflicto que durará décadas y que producirá decenas de miles de jóvenes reclutas más, y muy quemados. Si ese es el caso, es de suponer que Hamás cree que la guerra se está desarrollando según lo previsto y que, hasta ahora, va ganando.
