La transición a la nueva presidencia de Argentina está siendo muy compleja, entre otras cosas porque el nuevo presidente es un excéntrico anarcocapitalista de extrema derecha con escasa experiencia política. La primera tarea de Javier Milei, que obtuvo una victoria aplastante a principios de mes, será evitar la hiperinflación cuando asuma el cargo el 10 de diciembre.
Esto se verá dificultado por las fricciones entre el nuevo presidente y el gobierno saliente. La tensión se hizo evidente la misma noche de las elecciones, cuando el rival electoral de Milei, Sergio Massa, actual ministro de Economía, aprovechó su discurso de aceptación de la derrota para afirmar que la responsabilidad de la pésima situación económica de Argentina recaía ahora en Milei.
"A partir de mañana, la tarea de dar certidumbre y transmitir garantías sobre el funcionamiento político, social y económico es responsabilidad del presidente electo. Esperamos que lo haga", dijo Massa.
Dos horas después, Milei respondió en su discurso de victoria, diciendo: "Queremos pedirle al Gobierno que sea responsable, que entienda que ha llegado una nueva Argentina y que actúe en consecuencia. Que asuman su responsabilidad hasta el final del mandato del 10 de diciembre".
Esta disputa da una idea de la profunda incertidumbre económica en la que está inmersa Argentina y anuncia días turbulentos. El pronóstico a corto plazo es muy negativo, sobre todo porque Argentina ya tiene una tasa de inflación interanual del 143% y una deuda de 44.000 millones de dólares con el FMI, que ha tenido que intervenir en la economía del país 22 veces desde 1958.
En su discurso de victoria, Milei declaró que comenzaría inmediatamente a aplicar su plan de choque, cuyo componente estrella era la sustitución del peso argentino por el dólar estadounidense -aunque en los últimos días ha dado marcha atrás en este punto-, haciendo grandes recortes en los presupuestos públicos, eliminando toda regulación de los alquileres y privatizando grandes empresas, entre ellas el gigante petrolero YPF y la radiotelevisión pública.
"No habrá gradualismo, no hay lugar para tibiezas, no hay lugar para medias tintas", dijo horas después de ser declarado ganador. "Si no avanzamos rápidamente en los cambios estructurales que Argentina necesita, vamos directo a la peor crisis de nuestra historia".
Desde entonces, el hombre al que Milei esperaba nombrar director del banco central para supervisar la dolarización ha anunciado que no aceptará el cargo, y el presidente electo ha empezado a dar marcha atrás en su política más radical.
Parece casi inviable que Milei sea capaz de impulsar reformas estructurales de gran calado.

Si la dolarización sigue adelante en los próximos meses, lo que ahora parece improbable, los tenedores de pesos tendrían que convertirlos en dólares antes de que se levanten los controles de capital. A continuación se produciría una gran devaluación que tendría un efecto devastador en la ya muy negativa relación deuda/PIB, según el Financial Times.
Matías Bianchi, director del think tank Asuntos del Sur, con sede en Buenos Aires, cuyo trabajo abarca toda América Latina, declaró a openDemocracy: "Con la victoria de Milei, la crisis económica no fue a ninguna parte. Si el problema es que la gente no apostaba por el peso argentino, ahora es probable que vayan contra el peso, lo que podría llevar a una hiperinflación".
"Milei quiere que el Gobierno saliente asuma la devaluación y el Gobierno saliente quiere que Milei la asuma. Ahora, el problema no es quién la va a asumir, sino cómo se produce y a cuánto asciende."
La elevada inflación y la volatilidad del peso en Argentina hacen que la única forma de asegurar los ahorros sea acumular dólares. Dos días antes de las elecciones, la cotización del dólar oficial se situaba en 353 pesos, el dólar turista en 700 y el dólar blue (también conocido como dólar del mercado negro) superaba los 950. Al día siguiente de la votación, el peso oficial se mantenía estable, pero el dólar blue se había disparado por encima de los 1.050 pesos. Como la dolarización inminente parece cada vez más improbable, ha retrocedido a la cifra de 950 registrada antes de las elecciones.
Impulsar políticas
La debilidad política del nuevo presidente, cuyo partido, La Libertad Avanza, cumplió dos años en julio, es enorme. Sólo cuenta con 38 diputados en el Congreso, de un total de 257, y con siete senadores, de un total de 72. En el Congreso, Milei puede establecer alianzas con los conservadores de la coalición de centro-derecha Juntos por el Cambio, liderada por el ex presidente Mauricio Macri y que cuenta con 94 escaños, pero una alianza así seguiría sin tener mayoría en el Senado.
Esto supone un problema para Milei, ya que el sistema bicameral de Argentina, inspirado en el de Estados Unidos, significa que el Senado puede vetar las leyes una vez aprobadas por el Congreso. El partido de Milei tampoco cuenta con ninguno de los 24 gobernadores, lo que significa que no tiene poder regional.
Parece casi inviable, por tanto, que Milei sea capaz de impulsar reformas estructurales de gran calado. Sólo le queda una bala de plata: controlar inmediatamente la hiperinflación y enviar señales tranquilizadoras a los mercados, algo que ya ha empezado a hacer con su marcha atrás en la dolarización.

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De no hacerlo, es probable que la poderosa maquinaria del peronismo, con su enorme capacidad de movilización social, desbarate sus planes de forma inquietante. La muy movilizada sociedad civil argentina y los poderosos sindicatos podrían sacar su protesta a la calle para intentar paralizar los radicales recortes del gasto social prometidos por Milei. En ese momento, se verá cuánto de su apoyo electoral se traduce en apoyo social.
Muchos de los que votaron a Milei lo hicieron para echar al desastroso gobierno actual, pero no necesariamente porque les gustaran sus políticas más radicales. Si insiste en llevarlas a cabo, puede tener los días contados. En una columna para el digital argentino Cênital la noche de las elecciones, el periodista Juan Elman escribía: "Un ejemplo reciente de los límites de los modelos puros, basados en la ideología, ocurrió el año pasado en el Reino Unido, cuando la primera ministra Liss Truss aplicó una brutal bajada de impuestos de inspiración thatcheriana. Duró menos de dos meses en el cargo".
Independientemente de las políticas que Milei consiga imponer, su elección significa que es probable que Buenos Aires se convierta ya en la nueva meca de los populistas radicales de extrema derecha. El presidente electo se apresuró a invitar a su toma de posesión a Santiago Abascal, líder del partido español de extrema derecha Vox y presidente de la Fundación Disenso, que dirige el Foro anual de Madrid, que reúne a partidos y organizaciones de extrema derecha de América Latina e incluye a miembros del Partido Republicano estadounidense.
Estas tensas primeras etapas de la transición marcarán el futuro de la inédita presidencia argentina. A los vecinos de Brasil les gusta decir que entender su compleja dinámica política es muy difícil porque "Brasil no es para aficionados". Así las cosas, podría decirse que entender la política argentina actual, con Milei al frente, es aún más complicado, porque Argentina es sólo para psicoanalistas.
