En un campo de espárragos del este de Alemania, la gran área destinada a viviendas tipo cuartel está dividida en dos.
Una mitad está reservada a ciudadanos de la Unión Europea, en su mayoría temporeros rumanos, mientras que la otra alberga a ciudadanos de fuera de la UE. Su nacionalidad varía de una temporada a otra. Antes de la invasión rusa de Ucrania en 2022, eran principalmente ucranianos. Más tarde, gracias a un acuerdo bilateral entre los gobiernos de Alemania y Georgia, llegó un pequeño grupo de georgianos. Este año, cientos de estudiantes uzbekos, todos varones, han estado viviendo en estos alojamientos precarios.
Los ocupantes de este barracón ilustran una tendencia más general: la geografía de la contratación de temporeros se extiende cada vez más hacia el Este. Con su mano de obra multinacional y sus malas condiciones de trabajo y de vida, esta explotación agrícola es un microcosmos que encarna la realidad de los temporeros en la economía más fuerte de Europa.
Aunque forman parte del grueso de la mano de obra agrícola y contribuyen a mantener a flote la agricultura alemana (alrededor de un tercio de todos los trabajadores de la agricultura alemana son temporeros), sus vidas son más que precarias. Tanto los trabajadores comunitarios como los extracomunitarios viven y trabajan en condiciones similares. La valla que separa las dos viviendas-dormitorio de este campo de espárragos no es como la que separa la primera clase de la clase turista en un avión. Es más una conveniencia administrativa que cualquier otra cosa.
Los agricultores se aprovechan de la necesidad de alojamiento de los temporeros para compensar el coste del salario mínimo, aunque el marco legal para evitarlo es escaso
El alojamiento es deficiente: habitaciones son pequeñas para dos personas, normalmente con camas viejas y, por lo general, una mesa, nevera y cocina eléctrica. No hay cocina común y sólo unos pocos aseos y duchas compartidos para cientos de personas. Algunos trabajadores se quejan de los insectos. A otros les preocupan las goteras en las habitaciones después de fuertes lluvias. Y a cada persona se le descuentan diariamente 12 euros de su última nómina en concepto de alquiler.
En otras explotaciones, los temporeros en condiciones similares pagan hasta 20 euros al día y pueden llegar a compartir habitación con otras cinco personas. A título comparativo, se trata de un alquiler mensual más alto de lo que se suele pagar en el campo alemán. Está a la altura de los alquileres en grandes ciudades como Múnich o Berlín.
También suben los alquileres, que a menudo suponen hasta un tercio del salario mensual de un trabajador. Un temporero polaco que vuelve todos los años a la explotación afirma que: "El salario mínimo ha subido, así que es lógico que el coste del alojamiento también suba". Es bien sabido que los agricultores se aprovechan de la dependencia de los temporeros del alojamiento para compensar el coste del salario mínimo. Sin embargo, apenas sí existe un marco jurídico que lo impida.


Condiciones precarias y lagunas jurídicas
La composición social y el estatuto jurídico diferencian a los trabajadores de la UE de los de fuera de la UE más que la experiencia en el trabajo día a día.
Los rumanos representan más del 80% de los temporeros en Alemania. A menudo proceden de regiones y entornos sociales económicamente frágiles, y ven en el trabajo estacional de tres meses en Alemania una oportunidad de ganar más de lo que podrían ganar en su país de origen. Suelen venir en familia. Algunos hablan tres o más idiomas, otros tienen dificultades para leer documentos laborales incluso en su lengua materna.
La mayoría de ellos trabajan en régimen de "empleo de corta duración", una forma de empleo desarrollada específicamente para la agricultura con el fin de garantizar un flujo constante de mano de obra durante los cruciales meses de primavera y verano. Como modelo legal, sólo se permite a quienes el trabajo estacional en Alemania no representa su principal fuente de ingresos. Pero la realidad es que el dinero ganado en los meses de primavera y verano suele mantener a los trabajadores durante gran parte del año.
En Alemania, los trabajadores temporales no cotizan a la Seguridad Social, lo que aumenta su salario neto. El aspecto negativo de esto es que no tienen seguro de desempleo ni baja remunerada por enfermedad. Tampoco cotizan para la jubilación, por lo que es poco probable que tengan una pensión incluso después de muchos años de trabajo en Alemania.
Tampoco tienen un seguro médico independiente. Están asegurados a través de sus empresas y para ir al médico necesitan el permiso de su empleador. Si el empleador no lo considera necesario, por lo general los trabajadores deben prescindir de la ayuda médica. Las noticias de trabajadores temporeros que mueren en las explotaciones agrícolas se repiten todas las temporadas.
La realidad de los temporeros es un vaivén constante entre periodos de descomunal exceso de trabajo y de extrema escasez
Mientras tanto, cada vez se contrata a más gente de fuera de la UE. La mayoría son estudiantes contratados por agencias especializadas en sus países de origen. A menudo pagan varios cientos de euros en concepto de honorarios de contratación sólo para conseguir el trabajo, y muchos deben endeudarse para hacerlo.
Suelen venir con el llamado "trabajo de vacaciones". La mayoría de los estudiantes estudian materias muy alejadas de la agricultura, pero se sienten atraídos por la perspectiva de los altos salarios alemanes y de viajar al extranjero. A menudo se sorprenden de lo que encuentran al llegar. Enfrentados al estado de su alojamiento y a la realidad de una jornada laboral de 10-12 horas sin cobrar hasta el final de la temporada, muchos rescinden sus contratos en las primeras semanas.
Los salarios son otro asunto de gran insatisfacción. El trabajo a destajo es legal en Alemania, pero siempre debe mantenerse el salario mínimo por hora. A menudo se elude este requisito legal no registrando oficialmente todas las horas trabajadas. Esta solución refleja sobre el papel el salario mínimo, lo que hace poco probable que las inspecciones estatales descubran infracciones, pero garantiza que los trabajadores reciban mucho menos por las horas trabajadas en realidad.
En algunas explotaciones agrícolas, se obliga a los trabajadores a tomarse días libres no remunerados si no trabajan lo suficientemente rápido para cumplir sus objetivos diarios de recogida. Otras van más lejos y los mandan a casa. La realidad de los temporeros es un vaivén constante entre periodos de descomunal exceso de trabajo y de extrema escasez.
Si los trabajadores se quejan, el empresario puede despedirlos legalmente con solo un día de preaviso. Esto es posible gracias a una excepción en la legislación alemana para los trabajadores temporales "poco cualificados" contratados por menos de tres meses. Esto significa que, en caso de conflicto, el contrato puede rescindirse inmediatamente.
Todo esto pone de relieve los múltiples niveles de dependencia de los temporeros con respecto a su empleador. Dependen de ellos no sólo económicamente, sino también para su alojamiento y, a menudo, su situación legal en Alemania. Una simple pregunta sobre la remuneración o las horas de trabajo puede llevarles a quedarse sin hogar y sin estatuto jurídico. Para la mayoría de los trabajadores, la única solución viable es no preguntar.
Iniciativa de Trabajo Agrario Justo
Situados en granjas aisladas y sin hablar alemán, a los temporeros les suele resultar difícil encontrar ayuda en situaciones extremas. Esta experiencia llevó a la creación de la Iniciativa de Trabajo Agrario Justo, cuyo objetivo es mejorar sus condiciones laborales.
La iniciativa es una alianza de centros de asesoramiento jurídico para trabajadores inmigrantes y el sindicato IG BAU. Sus asesores salen al campo para preguntar a los temporeros por sus condiciones de trabajo y a ofrecerles ayuda jurídica en su lengua materna.
Cada temporada, los asesores llegan a muchos cientos de temporeros. IG BAU también ofrece una afiliación especial de un año para los temporeros de la agricultura y la construcción, que es más barata que la afiliación normal y da a los trabajadores representación sindical desde el primer día. Para la mayoría de los temporeros es la primera vez que se afilian a un sindicato.
Pero éste es sólo el primer paso hacia la solución adecuada. Muchos problemas no pueden resolverse sin un mejor control sobre el registro de las horas de trabajo y el pago de los salarios mínimos, sobre el precio y la calidad del alojamiento, y sobre la disponibilidad de atención médica y de un entorno laboral seguro.
Pero dada la lógica de la migración laboral y del mercado laboral agrícola europeo, tales cambios sólo pueden garantizarse si se conceden a los temporeros de los campos de espárragos alemanes, así como a las mujeres marroquíes de los invernaderos españoles o a los trabajadores punjabíes de los olivares italianos. Trato justo para todos, o no habrá trato justo para ninguno. Hace tiempo que debería haberse hecho.
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