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Nicolás Maduro agita el Esequibo para perpetuarse

Con la anexión del rico territorio en disputa con Guyana el régimen venezolano busca ganar en popularidad ante las elecciones presidenciales de 2024

Nicolás Maduro agita el Esequibo para perpetuarse
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, muestra un nuevo mapa nacional que incluye anexión del territorio del Esequibo en disputa con la República de Guyana, durante un acto público en Caracas, Venezuela, el 8 de diciembre de 2023
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El principal objetivo de un autócrata es permanecer en el poder indefinidamente. Para ello, estará siempre alerta a aprovechar cualquier oportunidad que se abra o a provocar una crisis que levante el fervor nacionalista y lo refuerce como líder carismático capaz de defender a su pueblo y guiar la nación hacia la dignidad y hacia la victoria. Para ello, un conflicto en la frontera, provocado o no, puede resultar una herramienta especialmente útil en tiempos de tribulación.

Lo hemos visto con Putin en Ucrania (invasión a gran escala) o con Netanyahu en Gaza (sobrerreacción a un ataque terrorista); lo vimos con la Junta Militar Argentina en las Malvinas, y podemos verlo ahora en Venezuela. La reivindicación de Nicolás Maduro sobre la soberanía del territorio selvático y escasamente poblado conocido como el Esequibo, en disputa con Guyana, su vecino del sur, contiene muchos elementos comunes a los ejemplos citados.

Aunque es muy dudoso que este nuevo conflicto de frontera vaya a desembocar en una guerra a gran escala, en un mundo especialmente revuelto y con las tensiones geopolíticas a flor de piel, jugar con fuego puede provocar un incendio en la región. Venezuela es, recordemos, un aliado de Rusia, quien le proporciona armas, de Irán, con quien comparte intereses estratégicos, y de China, quien mantiene el crédito financiero a Venezuela a cambio de petróleo, aunque a la vez mantiene lucrativos negocios con Guyana.

La situación interna de Venezuela es muy desfavorable para los intereses de Maduro, cuya popularidad está por los suelos en vísperas de un año electoral que decidirá la presidencia de la república. La emergencia de una líder política como María Corina Machado, tras unas concurridas primarias para decidir candidato realizadas por la oposición el pasado 22 de Octubre, con capacidad real para disputarle la presidencia, ha puesto nervioso a Maduro.

El régimen venezolano se había comprometido ante la comunidad internacional a facilitar las condiciones para unas elecciones libres y justas, y Estados Unidos había levantado algunas sanciones, sobre todo a la vital industria del petróleo venezolana facilitando la operación en Venezuela de algunas compañías norteamericanas del sector, a cambio de garantías en el proceso previsto para el año que viene. Pero a la vista de la fuerza que está adquiriendo Machado como alternativa real (aunque pesa sobre ella una orden de inhabilitación, que ésta no reconoce), Maduro ha reaccionado con la orden de detención de una docena de prominentes opositores. El espacio cívico de Venezuela ha sido degradado recientemente al nivel de “cerrado”, sumándose así a Cuba y Nicaragua por el Civicus Monitor para Latinoamérica.

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Además de la crisis política, Venezuela atraviesa una crisis económica sin precedentes con inflación acumulada para este año 2023 de más del 180% y una emigración que alcanza los 7 millones (un cuarto de la población) en los últimos 7 años, según el FMI.

Ante esta difícil coyuntura, que empeora cada año desde que Maduro llegó al poder tras la muerte de su antecesor Hugo Chávez en 2013, la decisión de convocar un referéndum sobre la anexión del Esequibo, una región de unos 160.000 km2 (más grande que Grecia) y rica en petróleo y minería, culminó una escalada de tensión con la vecina Guyana. La reivindicación del territorio, que está en disputa desde hace por lo menos 250 años y que se atiene a un arbitrio internacional de 1899, se reactivó ante el descubrimiento en 2015 y subsiguiente explotación por la multinacional norteamericana ExxonMobil de un inmenso yacimiento de petróleo offshore, conocido como Stabroek Blok.

El referéndum sobre el Esequibo, celebrado el pasado 3 de diciembre, y que incluía la creación de un nuevo estado de la República de Venezuela, debía servir para movilizar al pueblo venezolano ante la reclamación de lo que el régimen llama un “derecho histórico”, y pretendía levantar una ola de nacionalismo y de adhesión al régimen en defensa de una causa indiscutiblemente justa.

El gobierno de Maduro movilizó recursos (mítines, conciertos, vallas publicitarias, paradas militares, redes sociales) para una campaña a favor del sí a las 5 preguntas del plebiscito ,y quería demostrarse a sí mismo su capacidad de movilización en víspera del año electoral que se avecina.

El gobierno se apresuró a redibujar los mapas oficiales de Venezuela, que ahora incluyen el Esequibo como un estado más de la república

Según el régimen, la votación fue un éxito absoluto con una participación cercana al 50% del censo electoral, casi un 10,5 millones de votos y más del 95% de síes. La oposición y numerosos analistas independientes denunciaron que estos datos estaban muy inflados y señalaron que en realidad hubo una movilización muy baja. Por consiguiente, la debilidad de Maduro ante las próximas elecciones se hizo muy evidente.

El gobierno se apresuró a capitalizar el pretendido éxito y decretó la apertura de concesiones petroleras y mineras en el nuevo territorio, además de redibujar los mapas oficiales de Venezuela, que ahora incluyen el Esequibo como un estado más de la república, y exhibiendo una retórica militarista en la defensa del territorio anexionado.

Maduro depende en buena medida del ejército para sobrevivir. Es un maestro en los grandes gestos retóricos sin verdadera sustancia pero, ante una Guyana que tiene un minúsculo ejército en activo de 3,400 hombres frente a los 343,000 de Venezuela, según datos el IISS recogidos por el Financial Times, podría arrogarse una primera victoria rápida en caso de conflicto.

El pasado mes de febrero, el gobierno venezolano creó una empresa que pone la explotación de los hidrocarburos en manos de las Fuerzas Armadas en detrimento de la empresa estatal petrolera PDVSA, que está inmersa en grandes dificultades técnicas y financieras, y esto podría ser un incentivo para que el ejército apoyase a Maduro en una aventura militar para apropiarse de Esequibo por la fuerza.

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El ruido de sables ha alarmado no solo a Georgetown, que ya ha recibido el apoyo de los EEUU en forma de vuelos militares conjuntos sobre el territorio en disputa, sino al vecino Brasil, que ha desplazado recientemente tropas hacia esa frontera. Lula llamó a Maduro para pedirle que baje el tono y se reúna con su homólogo el presidente de Guyana, Irfaan Ali para alcanzar una solución pacífica de un asunto de soberanía sobre el que debe decidir la Corte de Justicia internacional. Finalmente, se acordó una reunión entre ambos líderes en San Vicente y las Granadinas, prevista en este país caribeño para este mismo jueves.

A Maduro le interesa agitar el conflicto para distraer a los venezolanos de las angustias diarias de un país cuyo PIB se desplomó más del 75% entre 2013 y 2021, según el FMI y donde, según la misma fuente, en 2020, más del 95% de los venezolanos vivían por debajo del umbral de pobreza. La tensión debe también servir para asegurarse el control absoluto del país ante las elecciones del próximo año y acusar a la oposición de traición y de estar trabajando para ExxonMobile, como ha hecho en la orden de arresto de los opositores.

Puede que el asunto del Esequibo sea una huida hacia delante, pero un enfrentamiento militar sería demasiado arriesgado. Es dudoso que Moscú, y mucho menos Pekín, estuviesen por la labor de abrir un nuevo frente con EEUU con un conflicto en Suramérica, donde todos tienen poderosos intereses económicos y estratégicos.

Mientras tanto, el régimen todavía controla el país con mano de hierro, persigue a la oposición y podrá manipular las elecciones a su antojo, aún a costa del regreso de las sanciones norteamericanas. Al fin y al cabo, como buen autócrata, Maduro sabe agitar a su conveniencia el furor nacionalista, como ahora está haciendo con el Esequibo, y tiene muy bien integrada una épica inspirada en la revolución cubana que dice que resistir, y culpar al imperialismo americano del completo fracaso económico, político y social del régimen, es vencer.

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