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¿Peligra la democracia en Argentina con Milei?

La contundente derrota del peronismo es un gran fracaso de las fuerzas progresistas y obliga a un importante un esfuerzo en defensa de la democracia

¿Peligra la democracia en Argentina con Milei?
El presidente electo de Argentina, Javier Milei (centro), y la vicepresidenta electa, Victoria Villarruel (derecha), posan para una selfie antes del inicio de una vuelta en el Congreso argentino en Buenos Aires el 29 de noviembre de 2023,
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La democracia puede medirse por una métrica muy simple: su capacidad de servir platos nutritivos en nuestras mesas, todos los días. Sin sobresaltos. Votamos al que promete el plato nuestro de cada día. El resto es narrativa inteligible para los que comemos sin dudas de por medio.

En un contexto de inflación de más de 150%, ganaron las propuestas simplistas de “destrucción” de la imprevisibilidad económica argentina, en espiral decadente desde el 2018 post-toma de una deuda enorme, ilegal y la más grande de la historia otorgada con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y , especialmente, luego de la pandemia, periodo dramático durante el cual Cristina Kirchner -irreverente e irrespetuosa- casi echara por TV al ex ministro de economía Martin Guzmán quien estaba intentando “tranquilizar” la economía. En consecuencia, la mayoría de los argentinos votaron a una promesa de estabilidad que se lograría a través de una dolarización sin gradualismo y el recorte a fondo del gasto público.

En estos meses, los demócratas (de escritorio, como yo, tal vez?) no supimos comprender algo muy simple: no hay consigna sobre la justicia, la memoria o la verdad que sea más importante que la necesidad diaria que tiene una madre o un padre de alimentar a su familia. “¿Qué me importa si tengo que decir “todes” o “todos y todas”, o si un genocida agonizante sale de la cárcel, si no puedo comprar los medicamentos para mi abuela ni pensar en alquilar un departamento para vivir con mi familia?”. Consumir, cocinar, servir, celebrar sin sobresaltos frente a la miserabilidad de racionar.

El primer responsable de esta grave derrota para la democracia Argentina (y probablemente de la región y el mundo) son los líderes del partido peronista

Los jóvenes de los barrios más pobres de Argentina -de Sur a Norte y Este a Oeste- votaron con la esperanza puesta en la seguridad y estabilidad financiera, y la promesa de que, finalmente, dejarán de ser la tercera o cuarta generación de argentinos cayendo velozmente a formar parte de las categorías estadísticas que los ubican en la indigencia o la pobreza estructural (o de la nueva). 14 millones de argentinos caídos (más del 55% de los votantes) decidieron poner punto final, de manera contundente, a un gobierno que no mostró resultados y solo buscó atajos mientras sus miembros se dedicaban a pelearse entre sí, denigrándose en público y gestando dudosas escenificaciones de unidad.

El primer responsable de esta grave derrota para la democracia Argentina (y probablemente de la región y el mundo) es el liderazgo del partido peronista. Si alguna vez los derechos y la democracia expandieron sus valores con fuerza en mi país fue porque el peronismo supo construir las bases materiales para hacer sustentable de la democracia. Es decir, se dedicó a crear trabajo, generar políticas de expansión de oportunidades económicas. En breve: más derechos laborales y sociales asociados a la creación de trabajo digno. Y, además, todo lo demás: justicia transicional, derechos para las mujeres, creación de universidades..

Cuando en una democracia retrocede en su apuesta por la inclusión económica y social a través de políticas y escenarios previsibles para el acceso al trabajo, el consumo y la inversión genuina, entonces, probablemente, esa misma democracia esté dictaminando su final. Gurús, extremistas, lideres sin valores o principios (como Milei), partidos políticos nuevos y falsos profetas emergen en este “cambalache” en que predomina el sálvese quien pueda y muere la seguridad humana.

Los equipos de campaña no pudieron encontrar los argumentos en los manuales (acotados) de derechos humanos (civiles y políticos) y la participación política. La realidad se hizo evidente en su potencia: no hay forma de competir con la narrativa sobre el avance en políticas de justicia de género o nuestro ejemplar proceso de justicia transicional, cuando, al fin y al cabo, las mayorías no pueden pagar por el bienestar económico esencial de los suyos.

La materialidad de la democracia se hizo presente. Y nos recordó, nuevamente, la potente integralidad de los derechos humanos –todos los derechos económicos, sociales, culturales, políticos y civiles. En ese orden: derechos económicos, sociales, culturales, políticos y civiles. Perder la atención en los primeros, lleve, tal vez a la subsecuente destrucción de los siguientes. Argentina, no es el único ejemplo. Ni el primero en la historia. Es hora que economistas, sociólogos, educadores y abogados sumen sus fuerzas.

Desarrollo, democracia y paz

En nuestros países del Sur, caracterizados por economías frágiles y volátiles es simplemente esencial focalizarse en las bases materiales de la democracia. No hay autoritarismo o falso profeta que pueda ser derrotado si los pueblos no pueden ejercer sus derechos económicos y sociales.

En mi juventud, cada fin de semana, trabajaba en las villas miserias más complejas del Gran Buenos Aires. Ayer como hoy, esas familias no han avanzado muchos pasos en la construcción de un futuro de mayor dignidad. Recuerdo las largas tardes de debate o seminarios sobre juventudes y democracias que ayudaba a organizar: ¿es posible el liderazgo juvenil si solo está asociado a pequeñas iniciativas que no llevan a cambiar las condiciones estructurales de la pobreza?

El equipo económico de Milei no podrá brindar una solución que esté verdaderamente arraigada a la creación de un modelo inclusivo y de alianza entre capital y trabajo

Los jóvenes de los barrios quieren tanto zapatillas y una moto nueva, como la posibilidad de votar o casarse con alguien del mismo género. Es esencial que dejemos de trabajar en los silos establecidos para el paradigma dominante que establece que la democracia y el desarrollo económico no son parte de una misma moneda y nos empujan a mirar las “instituciones de la gobernanza” cuando la vida cotidiana de las mayorías se hace ingobernable.

Muy probablemente el equipo económico de Milei (Macri 2.0 al fin y al cabo) no pueda brindar una solución que esté verdaderamente arraigada a la creación de un modelo inclusivo y de alianza entre capital y trabajo. Observaremos. Ojala nos equivoquemos. Porque vencer la pobreza y la inequidad es el único camino posible para que la democracia Argentina sobreviva. Lo demás podría ser guerra civil y más poder para los grupos de narcotraficantes que avanzan a paso agigantado, generando contextos de inseguridad crecientes.

Por otra parte, es también esencial mantener altas las banderas de los derechos políticos y civiles alcanzados en 40 años de democracia: no daremos un paso atrás. Es preciso reconocer y defender el hecho de que fueron los gobiernos peronistas los que avanzaron, junto a los movimientos sociales y de derechos humanos, en aprobar leyes históricas como la ley 27.610 que regula el acceso a la interrupción voluntaria y legal del embarazo; o garantizaron la viabilidad institucional para que continúen los juicios contra los genocidas que perpetraron el plan de aniquilación de la oposición política durante la última dictadura; o que avanzaron en el reconocimiento del trabajo y el aporte a la economía formal de las amas de casa o empleadas domésticas.

El heterogéneo grupo de votantes de Milei
Con la dolarización como propuesta central de su campaña, Milei ha logrado conformar un diverso grupo de seguidores que votarán por él a pesar de que no concuerden con todas sus ideas.

Cada derecho ganado será defendido y expandido, con todos los medios garantizados por la Constitución Nacional. Incluso el derecho a la protesta. No hay miedo ante las amenazas post-electorales de un Milei exaltado o una Patricia Bullrich que vuelve recargada al Ministerio de Seguridad. Ahora, no hay que olvidar que estos derechos se expanden no solo en la resistencia, si no en la materialidad de la democracia y el control de las propias estructuras partidarias peronistas que dieron un show de egolatría, falsos liderazgos e internismos estériles.

Es preciso que se retiren. Y nos dejen crear una nueva generación de líderes que no tenga que prometer “subordinación y valor” ni a la Cámpora, ni a Cristina Kirchner, Alberto Fernández ni a ningún otro histórico líder. No queremos ni a la casta de uno ni de otros. Su fin ha llegado. Gracias hasta acá. Y bye. Es preciso democratizar el peronismo.

Visibilizo un peronismo feminista, revitalizado y re-empoderado en resultados genuinos que se logren en y desde los municipios, las provincias y la diáspora trabajando en el resto del mundo. Deberíamos unirnos para sentar las bases de la refundación de Argentina.

Desde cerca y desde lejos ya nos estamos organizando. No habrá medida que no sea escrudiñada. Desde cerca, espero que las pibas estén alertas y controlen a quienes votaron. Los que estamos lejos, acá estaremos organizando el apoyo a las fuerzas locales que se quedan allí trabajando sin descanso. Aquí estamos, listos para que el mundo escuche cada posible avance sobre los derechos adquiridos. Seremos más creativos que nunca en crear cadenas de solidaridad nacional e internacional. Es una nueva oportunidad.

En este cambalache -que suena a pasado y a traidores maquiavélicos que vuelven al poder para seguir gestando su fiesta de enriquecimiento voraz- nos hacemos fuertes. Y respiramos bocanadas de frío, esperando que la esperanza se cuele nuevamente en alguna bocanada. No hay pasado que pueda derrotar al futuro que deseamos.

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