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Los peligros del Tapón Darién se multiplican

En su camino hacia el norte, cada vez más millares de migrantes atraviesan la densa selva del Darién en Panamá donde enfrentan múltiples peligros, incluidas amenazas criminales.

Los peligros del Tapón Darién se multiplican
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Cada año, cientos de miles de migrantes cruzan el tapón del Darién, una franja de selva entre Centroamérica y Suramérica, en camino hacia EE. UU. Hay poca presencia estatal en la zona y los Gaitanistas, un grupo criminal narcotraficante colombiano controla las redes de tráfico de personas, mientras que bandas asaltan a los migrantes en Panamá.

Las ganancias ilícitas se disparan a medida que aumenta el flujo de migrantes, y gran parte del dinero va a parar al crimen organizado. Los esfuerzos de Colombia y Panamá para impedir el flujo de personas o debilitar el control de los grupos delictivos no han logrado hasta ahora frenar los asesinatos, violaciones y otros crímenes contra los migrantes.

Los días en que el tapón del Darién representaba una barrera significativa a la migración masiva han quedado atrás. Mayor presencia de fuerzas de seguridad, redoblar los esfuerzos para mitigar las crisis en los principales países de salida y fortalecer la asistencia humanitaria en el Darién podrían formar parte de los esfuerzos regionales para responder a la migración irregular y proteger a los más vulnerables.

El cuello de botella de las Américas

Para los migrantes que vienen de lejos y cerca buscan llegar al tapón del Darién, la franja de tierra que conecta a Centroamérica y Suramérica, no existe una carretera pavimentada que atraviese el istmo, el cual ha atormentado a exploradores y resistido la presencia estatal durante siglos.

Pero a medida que aumentan los desplazamientos a nivel global, los números de personas cruzando las selvas del Darién crecen en grandes cantidades. Los residentes locales han dejado de lado sus medios de subsistencia tradicionales para atender a los migrantes.

Equilibrar el clamor por controles fronterizos más estrictos con la seguridad y el bienestar de los migrantes plantea inmensos desafíos

Detrás de ellos acecha el grupo criminal más grande de Colombia, los Gaitanistas, que domina el narcotráfico y otros negocios en la zona. Pero la selva del Darién ya no para la migración masiva, y los intentos regionales por dar respuestas coordinadas luchan por dar abasto cuando el creciente número de migrantes genera llamados a acciones extremas, en particular en EE. UU. Equilibrar el clamor por controles fronterizos más estrictos con la seguridad y el bienestar de los migrantes plantea inmensos desafíos.

Pero las medidas para reforzar la seguridad, ayudar a los países de donde provienen la mayoría de los migrantes y compartir la carga de la recepción, mientras se proporciona más ayuda humanitaria y protección a quienes cruzan el Darién, ayudaría a orientar las políticas en la dirección correcta.

Los anteriores picos de migración a través del Darién no se comparan con el tráfico de personas que atraviesa el área actualmente. Hasta la fecha, más de 400.000 personas han atravesado el Darién en 2023, y aunque muchas han sido desplazadas de lugares cercanos que enfrentan graves crisis económicas y de seguridad (en particular Venezuela, Ecuador y Haití), sus países de origen abarcan todo el planeta.

La presencia de familias es cada vez más frecuente, con el 22 por ciento del flujo total conformado por niños y adolescentes. La mayoría de estos migrantes van hacia EE. UU, y muchos de ellos no tienen pasaporte; a ellos el Darién les da posibilidades que otras rutas más tradicionales no ofrecen: sus fronteras son porosas y tienen pocos controles.

Una multitud de lugareños están dispuestos a ofrecer sus servicios como guías y anfitriones. Una vez que los migrantes logran atravesar el tapón, autobuses operados por compañías privadas están disponibles para llevarlos a un menor precio hasta la frontera con Costa Rica, la siguiente etapa de su viaje.

Violencias

Pero el tránsito de cientos de miles de personas a través de una zona en gran medida sin presencia estatal y un entorno tropical inhóspito genera graves problemas tanto a nivel humano como político. Los migrantes pagan a los traficantes altas sumas por viajar por tierra o por mar. La posibilidad de desplazarse depende de cuánto dinero lleven en sus bolsillos, lo que obliga a muchas mujeres sin dinero a recurrir al trabajo sexual.

En los recorridos a través de la selva que duran varios días, los migrantes enfrentan calor, cansancio y la amenaza de enfermedades. Sobre todo, corren el riesgo de que los ataquen. Las rutas del lado colombiano son más seguras, pero sólo porque están bajo la supervisión coercitiva de los Gaitanistas. Los Gaitanistas dirigen un próspero comercio de cocaína a lo largo del Pacífico

Afianzado en el Darién por los empleos y servicios que ofrece, el grupo garantiza el cumplimiento de sus órdenes imponiendo disciplina; mientras se apodera de una parte de las ganancias del negocio de la migración, dice que no tolera la violencia en contra los migrantes.

La presencia del crimen organizado es mucho menor en el lado panameño de la frontera, pero los riesgos de violencia física son mayores. Bandas aparentemente formadas por jóvenes locales hostigan y atacan a los migrantes que caen en sus manos, y se cree que son responsables de un número indeterminado de asesinatos, así como de numerosos casos de violaciones y otros tipos de violencia sexual: cerca de 200 incidentes de violencia sexual fueron denunciados por organismos humanitarios en el Darién panameño en el primer semestre de 2023.

Incluso en los centros estatales de recepción de migrantes, funcionarios fronterizos presuntamente han abusado de mujeres vulnerables. Ni en Panamá ni en Colombia es fácil denunciar este tipo de crímenes ante las autoridades judiciales. Muchos migrantes tampoco se atreverían a hacerlo. Como resultado, funcionarios estatales corruptos y grupos violentos en el área operan casi con total impunidad: una encuesta reciente reveló que el 97 por ciento de los migrantes que se dirigen a EE. UU. consideran que el Darién es la parte más peligrosa del viaje. Las comunidades locales, por su parte, temen daños ambientales irreversibles a causa de los nuevos e ilícitos negocios extractivos que siguen la estela de los migrantes.

Respuestas a la migración masiva

Dar respuesta a la migración masiva es un asunto políticamente muy delicado en muchos países, lo que complica enormemente las respuestas para el éxodo del Darién. Los llamados a ayudar a los migrantes a eludir o transitar con mayor seguridad por el tapón en su camino hacia la frontera de EE. UU. no son bien recibidos en Wash­ington, que desea por encima de todo detener la migración irregular, una cuestión que enciende enormes pasiones, particularmente entre la base política del expresidente (y ahora candidato) Donald Trump. En cambio, el gobierno estadounidense ha pedido esfuerzos para reducir el flujo a través del istmo.

A principios de 2023, respaldó una operación a corto plazo junto con Colombia y Panamá para impulsar la presencia policial y militar en la región como una forma de disuadir a los migrantes de dirigirse al norte y debilitar la influencia de los traficantes de personas, mientras creaba nuevos procesos para que los migrantes soliciten la entrada a EE. UU. como refugiados. Sin embargo, ninguna de estas medidas redujo los flujos, con cifras récord de cruces por el Darién en septiembre de 2023.

No existe una solución única o general a los problemas que llevan a las personas a huir de sus hogares. Tampoco una forma sencilla de equilibrar las vociferantes y divergentes demandas que se le hacen a la política migratoria, ya sea para endurecer los controles fronterizos o proteger a los migrantes en cumplimiento de los tratados y compromisos existentes.

Es poco probable que el intento por disuadir la migración mediante demostraciones de fuerza tenga éxito

Aun así, es imperativo que los Estados y los organismos internacionales comiencen a diseñar un enfoque coordinado para la migración regional que tenga en cuenta la porosidad del Darién y los peligros que enfrentan los migrantes. Una mayor inversión en seguridad fronteriza será sin duda central para esta respuesta, aunque el progreso dependerá del respaldo financiero de EE. UU. y de una mejor cooperación entre Panamá y Colombia.

Sin embargo, es poco probable que el intento por disuadir la migración mediante demostraciones de fuerza tenga éxito si no va acompañado medidas para abordar las crisis económicas y de seguridad en los tres países que actualmente representan el 85 por ciento de los migrantes.

El reciente acuerdo entre el gobierno venezolano y la oposición, el cual EE. UU. ha premiado con un levantamiento temporal de las sanciones, puede ser frágil, pero con apoyo internacional sostenido podría llevar a unas elecciones competitivas y un regreso a la estabilidad. A su vez, el fortalecimiento de las vías legales para la migración a EE. UU. y la inversión en destinos alternativos en América Latina también podrían ayudar a reducir los flujos a través del Darién.

Si el número de migrantes comienza a disminuir, algunas organizaciones humanitarias argumentan que los Estados y los organismos regionales podrían empezar a contemplar la creación de una ruta migratoria controlada a través del Darién por tierra o mar. En la actualidad, este concepto es más una aspiración que una posibilidad práctica, en gran medida debido a la preocupación de los gobiernos afectados de que tal corredor sirva de imán para atraer aún más migrantes a los cuales no estarían preparados para manejar.

Por el momento estas objeciones siguen sin resolverse. Pero en su versión ideal, el corredor equilibraría estas consideraciones, permitiendo que un número restringido de migrantes cruce cada día gracias a la operación conjunta de las autoridades colombianas y panameñas y bajo una rigurosa supervisión humanitaria, incluyendo potencialmente la asistencia de las comunidades locales.

El Darién ofrece una barrera natural pero no insuperable para quienes intentan llegar a EE. UU., convirtiéndose en un cuello de botella que está en las garras del crimen organizado. Detener a migrantes individuales, por muchos que sean, no pondrá fin a la migración; pero una política orientada exclusivamente a su protección podría resultar contraproducente al aumentar aún más los flujos.

La difícil tarea de los gobiernos es conseguir una respuesta equilibrada y con visión que les permita a las personas permanecer seguras en sus países de origen, proteja a quienes se encuentran en el camino y ayude a debilitar el poder de los grupos que explotan la desesperación humana y la ausencia estatal para sus propios fines.

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Este texto es poarte del informe nº 102 del International Crisis Group en América LAtina y el Caribe. Vea el informe completo aquí

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