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Quien resulte electo en segunda vuelta en Argentina ¿sabrá gobernar?

Todo indica que las predicciones del fin del peronismo fueron prematuras, pero los desafíos del gobierno que salga de las urnas serán enormes

Quien resulte electo en segunda vuelta en Argentina ¿sabrá gobernar?
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Tras las elecciones del 22 de octubre, una primera vuelta tras las primarias PASO de agosto, se están produciendo reajustes en los actores políticos y sigue la formación de las alianzas en apresurada reconstrucción, lo que resulta en la fundición de la política argentina en un nuevo molde. A medida que el polvo empieza a asentarse, ya es posible vislumbrar algunos perfiles.

Todavía no hay nada gravado en piedra, pero el peronismo está vistiendo sus nuevos ropajes, como lo ha venido haciendo en el pasado. Se está produciendo un importante reajuste después de que el candidato oficialista, Sergio Massa, en representación de la coalición peronista gobernante, ganara por sorpresa el 23 de octubre. El peronismo se está probando y ajustando a una nueva marca, Unión por la Patria, revigorizado por el alivio que supuso la derrota en primera vuelta del ganador de las PASO de agosto, Javier Milei, un ultraderechista que se autodenomina libertario. Una esperanza renovada invade a los seguidores del peronismo, que bailan en las calles y hacen campaña puerta a puerta en busca de votos para la segunda vuelta.

El peronismo repite sus maniobras exitosas desde 1946: dividir a la oposición, ignorar a los que se puede ignorar y cooptar a los que se puede cooptar. Nada nuevo hasta aquí, pero el pragmatismo de antaño y el instinto de asegurar el poder son tan poderosos como lo fueron al asegurar el éxito electoral en 1946, 1973, 1989, 2003 y 2019. El peronismo sabe cómo asegurarse el poder.

Parafraseando a Mark Twain cuando los diarios dieron la noticia de su muerte, el anuncio de la desaparición del peronismo fue muy exagerada, poco más que una ilusión aderezada por la polarización y, por qué no decirlo, poderosamente condimentada por el odio de la derecha. Esto supone un gran problema para cualquier construcción de consenso desde 1958 y, actualmente, para el gobierno de unidad nacional que propone Massa. De todos modos, todo indica que las predicciones del fin del peronismo fueron prematuras. El peronismo sigue muy vivo.

El Partido Radical ha dejado de funcionar como partido nacional y sólo sobrevive en las provincias y en las elecciones municipales. Sobre todo ha traicionado sus credenciales democráticas en Jujuy encarcelando a una dirigente indígena, Milagro Sala, porque se atrevió a organizar mítines contra el gobierno provincial encabezado por el líder radical Morales, quien procedió a mancillar el historial radical en materia de derechos humanos organizando juicios amañados que llevaron a Sala a prisión durante 8 años.

El porqué del vuelco electoral en Argentina
Contra todo pronóstico, en la primera vuelta remontó el peronismo y el 19 de noviembre será una lucha entre el peronista Sergio Massa y el libertario Javier Milei.

La coalición Juntos por el Cambio, en la que el partido radical desempeñaba un papel muy subordinado, impulsó a Mauricio Macri a la presidencia en 2015, pero implosionó tras la primera vuelta del 23rd de octubre, con Macri apoyando abiertamente a Javier Milei y Patricia Bullrich, la candidata presidencial derrotada, poniéndose luego del lado de Milei.

Los peronistas se han alegrado en silencio de este gol de la oposición en propia meta, mientras Massa sigue subiendo en los sondeos de opinión.

¿Por qué Argentina está inmersa en otra crisis?

Todos los actores presentes actualmente en el espectro político han cometido errores y muchos de ellos se remontan fácilmente a 1958. El que quiera enumerar errores puede fijarse en el porcentaje de pobres, más del 40% de la población. Pasen a contar las reiteradas crisis, consideren el estancamiento del PBI que data de 2011, la marginación de tantos, la caída del ingreso de los asalariados desde el 54% del Ingreso Nacional a menos del 40%, la falta de credibilidad del peso argentino, la fuga de capitales al exterior que ya suma más de 500 mil millones de dólares, y el endeudamiento. Kirchner negoció una quita del 95% con los tenedores de bonos y reembolsó al FMI pidiendo a sus funcionarios que se largaran y dejaran a Argentina en paz.

La capacidad de la clase política para producir cambios en la estrategia económica y financiera que favorezcan a la clase media baja y a la clase baja ha demostrado ser casi nula

Sin embargo, las mejoras durante el kirchnerismo (2003-2015), tanto en los ingresos de los asalariados como en la igualdad y en las exportaciones, demostraron ser muy frágiles. Fueron fácilmente eliminadas por la administración Macri, deseosa de facilitar los negocios a familiares y amigos. Pero, sobre todo, el gobierno de Macri dejó bien claro que la prioridad era esconder más dinero robado al contribuyente en Panamá, Miami, las Islas Caimán o las Islas Vírgenes. Los papeles de Panamá son una buena prueba de ello.

Además, la capacidad de la clase política para producir cambios en la estrategia económica y financiera que favorezcan a la clase media baja y a la clase baja ha demostrado ser casi nula.

Por supuesto, la democracia y su práctica electoral siempre limpia en toda Argentina, no está sujeta a cuestionamiento alguno. Desde 1983, cuando el fracaso del gobierno militar y sus abusos de los derechos humanos, evidenciados por la derrota ante el Reino Unido en 1982, provocaron la reinstauración de la democracia, que desde entonces ha conducido a cambios pacíficos e incontestados de gobierno y a la alternancia. Como sostiene Héctor Luisi, experimentado observador de América Latina y antiguo Economista Financiero del BID, el récord argentino sigue siendo un ritual que pocos países pueden igualar. Cualquier comparación con los EE.UU. muestra que los Padres Fundadores crearon una constitución que es un intento desordenado, reconocido en The Federalist para evitar el gobierno de la mayoría. El resultado es un vergonzoso historial electoral mancillado por las dificultades para inscribirse en el censo electoral, el gerrymandering y un lío electoral tras otro.

En cuanto a la segunda vuelta, las elecciones del 19 de noviembre volverán a ser limpias y no es probable que se cuestione su legitimidad.

Sin embargo, como demostró el Presidente Néstor Kirchner (2003-2007), sólo una gestión exitosa considerada como tal en todos los niveles políticos, apoyada en la eficiencia financiera y especialmente en la ausencia de medidas económicas que impongan restricciones y distorsiones que pesen sobre la productividad y el pleno empleo, puede aspirar a ordenar el desorden actual, en gran parte heredado de la administración Macri de 2015-2019. Macri dejó deudas impagables con los tenedores de bonos y el FMI, que ascienden a 150 mil millones de dólares. Este conjunto de medidas, difíciles de implementar, podrían abrir el camino para salir del atolladero actual.

Con su voto táctico en las primarias de agosto, seguido por el de la primera vuelta en octubre, el electorado demostró que sabía votar. Pero los representantes que resulten electos, ¿sabrán gobernar?

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